Desopilante revival de los '80 de Carrá

Espectáculos

«Ella» Libro: V.Ambrosio, A.Repetto y L. Gaetani. Int.: I. Rossi, N. Cociuffo, D. Breitman y elenco. Dir. Gral.: V. Ambrosio. Dir. y Arregl.Music.: G. Goldman. Coreog.: E. de Chapeaurouge. Esc.: A. Repetto. Vest.: W. Jara. Ilum.: S. Pujía. (Teatro Lola Membrives.)

Las canciones de Raffaella Carrá son la base de este desopilante revival de los años '80 en el que las probadas cantantes, actrices y bailarinas Ivana Rossi y Natalia Cociuffo intentan reemplazar a la estrella italiana acompañadas por un atropellado asistente de dirección (Dan Breitman) que acepta travestirse para no quedar fuera del show.

El repertorio elegido es muy completo -incluyetemas que no han tenido demasiada difusión y hasta salió favorecido con los arreglos musicales de Gaby Goldman. Valga esta aclaración para aquellos que consideran a la Carrá algo así como la quinta esencia de lo «vulgar».

Por más ícono popular que haya sido, su poética del amor libre era de vuelo bajo. Quién no recuerda aquellas historias, de un erotismo más bien campechano, en las que aconsejaba: «Si él te lleva a un sitio oscuro, que no te asuste la oscuridad, pues casi nunca se está seguro si es por amor o por algo más». Felizmente, la directora Valeria Ambrosio («Mina. che cosa sei») manejó el cancionero de la italiana con absoluta libertad creando situaciones dramáticas que trascienden el contenido de las letras.

Aquí no hay parodia y tampoco se trata de un verdadero tributo. Por más que se incluyan varios rasgos del estilo Carrá (su corte de pelo, algunos pasos coreográficos, un cuerpo de baile de doce «boys»), en realidad lo que se evoca es el espíritu fiestero de sus shows que hicieron furor en todo el mundo a fines de los '70. Hasta el propio Maradona reconoció que la cantante italiana fue tan famosa en Buenos Aires como lo fue él en Nápoles.

«Ella» es un espectáculo a pura adrenalina y tan dinámico que contagia su energía al público, sobre todo en la segunda parte. Las vigorosas coreografías de Elizabeth de Chapeaurouge (aún más atrevidas que las de «Jazz, swing, tap») sirven de eje a la acción y estimulan el histrionismo de los bailarines. Hay escenas sensuales y payasescas, momentos de delirio y ensueño y algunos sketchs muy hilarantes como el de la pelea entre dos bandas lideradas por Rossi y Cociuffo (en el mix «Pedro/Lucas-»). También resultan muy graciosos los cuadros en que Breitman se transforma en una Raffaella cursi y romanticona.

Todo es muy colorido, como corresponde, y tiene algo de la estética bolichera de «Fiebre de sábado a la noche», entre otros muchos recursos. El diseño de iluminación de Sandro Pujía es pródigo en climas y efectos visuales. A esto se suma el uso de proyecciones y trucos de imágenes que realzan el tono kitch del repertorio elegido. Lo interesante es que todo este material fue enfocado desde un punto de vista muy actual, que si bien da cabida al recuerdo y a la nostalgia, también incorpora procedimientos de Internet y varios videoclips.

Solo resta señalar que la participación especial de Hernán Piquín es un bienvenido bonus track.

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