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27 de septiembre 2007 - 00:00

En su propia tierra, surgió en el festival el tema ETA

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San Sebastián (Enviado especial) - Inesperadamente, la inteligencia chilena, la famosa DINA, apareció en San Sebastián. Por supuesto, apareció en pantalla, en dos memorias de otros tiempos: el documental vasco «El año de todos los demonios», de Angel Amigo, sobre un etarra cuya muerte nadie reivindicó en 30 años, y el thriller uruguayo «Matar a todos», de Esteban Schroeder, sobre un agente de la propia DINA que en 1995 apareció agujereado en el balneario El Pinar, de Canelones. Este hombre era Eugenio Berrios, el bioquímico que en 1978 había estado desarrollando un sistema de envenenamiento del agua corriente de Buenos Aires, para usar en caso de guerra entre Argentina y Chile.

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Personaje interesante, emocionalmente inestable, se dice que llegó a desarrollar gas sarin y otros productos tóxicos para ser luego elaborados por el ejército chileno, y vendidos a diversos países del Medio Oriente. Pero esto no lo detalla la película, que se centra en otra cosa: la misteriosa estada de Berrios en Uruguay, entre 1991 cuando sus superiores lo alejaron de jueces norteamericanos demasiado curiosos, y 1993, cuando pretendió escapar del anonimato, y fue visto por última vez.

Asunto de interés periodístico, curiosidad de historiadores o novelistas, etc., Schroeder lo despliega a lo Costa Gavras, entrelazando suspenso, fuga, captura, misterio, denuncias de encubrimiento a diversos niveles, y planteos de orden ético, esto último a través de una fiscal que intenta llevar adelante la investigación. El asunto no le sale del todo, pero entretiene y dará que hablar. Argentina y Chile son aquí países coproductores, con actores de las tres nacionalidades, entre ellos Roxana Blanco, Walter Reyno, Patricio Contreras y Darío Grandinetti.

Por su parte, «El año de todos los demonios», reaviva el caso de Eduardo Moreno Bergaretxe, alias Pertur, que a la muerte del generalísimo propuso el fin de la acción armada de la ETA, puesto que los tiempos habían cambiado. Nunca se supo si lo mató otra fracción más radical, que quería seguir poniendo bombas, o si cayó en manos de autoridades españolas, fascistas italianos, y/o miembros de inteligencia chilena que estaban haciendo alguna limpieza por Europa, como se ha especulado con pruebas recientes, aunque nunca del todo fehacientes.

«Una cosa es cierta, y me entusiasma», dijo el director Angel Amigo horas antes de la presentación: «he conseguido que tipos de lo más diversos, que antes estaban enfrentados a muerte, pudieran compartir sus testimonios. Antes, si el periodista le preguntaba a unos, los otros se negaban a hablar». Amigo, que fue productor del primer film español sobre los etarras, «La fuga de Segovia», 1981, ahora ha logrado llegar más lejos en su búsqueda de la verdad histórica.

Siguiendo con historias de gente de armas tomar, pero en broma, también aparecieron dos buenos pasatiempos: «Young Yakuza», de Jean-Pierre Limosin (para que no ande de vago por la calle, una señora japonesa envía a su hijo adolescente a la mafia de su país, así aprende algo útil), y el coreano «The Show Must Go On», de Han Jae-rim (la hija de un mafioso está en crisis de pubertad y critica al padre su trabajo). «Martin Scorsese es mi director favorito, adoro 'Buenos muchachos', pero en mi país los gangsters cuarentones son tipos de hogar, casi nadie muere en forma violenta, sino por estrés o enfermedades derivadas», bromeó el director.

A estos films se unirá este fin de semana el norteamericano «Cleaner», de Renny Harlin, con Samuel Jackson. Ambos van a presentarlo en el Velódromo. Mientras, dos actrices norteamericanas están causando cierto revuelo: la bonita Alyssa Milano, de la serie « Embrujadas», simpática y elegante, que trajo su primer trabajo serio, «The blue hour», de Eric Nazarian, donde encarna a una joven mujer en duelo por la muerte de su hijito, y Barbara Hershey, tímida y distante, que hace, por primera vez, el papel de abuela de un chico de diez años, en «The Bird Can't Fly», de la holandesa Threes Anna, filmada en Sudáfrica (y se entiende que el pájaro no vuele, porque se trata de un avestruz).

Pero el gran éxito del festival en todas las encuestas corresponde a otra mujer, la linda libanesa Nadine Labaki, autora y actriz de una comedia sobre mujeres en la peluquería, «Caramel». «La peluquería es un lugar de esperanza», contaba Labaki, «porque esperamos salir más lindas, y de confianza, porque nos contamos cosas. Ahí se juntan cristianas, musulmanas, vírgenes y no vírgenes. Yo quise mostrar eso, un Beirut colorido, hedónico, mediterráneo, mostrar una imagen distinta a la habitual de los noticieros. Pero también está esa realidad: a los diez días de terminado el rodaje, empezó de nuevo la guerra». ¿Y por qué se titula «Caramel»? «Porque en vez de cera española nos depilamos con una mezcla que incluye azúcar y jugo de limón, muy linda. Lo que sobra se puede comer».

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