4 de febrero 2008 - 00:00

Grandi, creador de un estilo entre Modigliani y Raúl Soldi

Las figuras de Mario Darío Grandi recuerdan la nostalgia de Modigliani y Raúl Soldi, y aunque también pintó paisajes, lo mejor y más cotizado de su creación son sus admirables pasteles.
Las figuras de Mario Darío Grandi recuerdan la nostalgia de Modigliani y Raúl Soldi, y aunque también pintó paisajes, lo mejor y más cotizado de su creación son sus admirables pasteles.
Mario Darío Grandi es el artista que mejor ha trabajado el pastel en nuestro país, junto con el recordado Raúl Alonso. Nació el 28 de octubre de 1918 en Buenos Aires, y falleció cuando tenía tan sólo 52 años, el 20 de abril de 1971 en Paso del Rey, en el conurbano bonaerense.

En 1928 se inicia en el dibujo y pintura estudiando en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes y en el Instituto Argentino de Artes Gráficas, teniendo como profesor a Lino Enea Spilimbergo. No realizó estudios artísticos regulares, pero no le gustaba definirse como autodidacta ya que pensaba que «el arte es como una carrera de postas, y los conocimientos se van pasando de unos a otros como una antorcha encendida, cuya luz va dejando el signo de algo positivo», y reconocía su deuda con todo el arte que lo conmovió: Greco, Watteau, Matisse, y su venerado Amadeo Modigliani.

En 1941 realizó su primera exposición en el Teatro del Pueblo, y se casó con Julia Rebollo, su amorosa compañera, modelo de tantos trabajos inspirados. Durante doce años vivió en el barrio El Observatorio, de Córdoba. Campesinos melancólicos y muchachas de estilizadas formas modiglianescas pueblan su pintura de este período y recuerdan también al querido Raúl Soldi.

De regreso a Buenos Aires, obtuvo el Primer Premio en el Salón Nacional de 1954.

Expuso en galerías, salones oficiales, escuelas y sociedades de fomento. Todos los ámbitos eran propicios para acercar su obra al público, y lo hizo mediante 98 exposiciones.

Aproximadamente 40 de sus obras son ofrecidas todos los años en subastas porteñas y sus valores fluctúan entre los 15.000 y 20.000 dólares. Aunque también realizó témperas y óleos, son sus pasteles, realizados con paciencia de artesano en la década del 50, los más buscados. Trabajaba el pastel como acariciando el papel, en capas sucesivas, que superponía una y otra vez, hasta dar con el tono y la calidad buscada. Fue también un artista que tuvo gran éxito en vida y sus exposiciones, en una galería de la calle Esmeralda, eran arrebatadas por los visitantes.

Sus figuras nos recuerdan la nostalgia de Modigliani y de Raúl Soldi, son figuras alargadas, lánguidas y sugestivas. También realizó, en los últimos años de su vida, algunos paisajesdonde el cielo ocupa la mayor parte de la superficie de la obra, pero ha sido la figura su tema casi excluyente. En los últimos años de su vida se convirtió en un artista muy demandado, tuvo un éxito extraordinario y las obras que integraban sus exposiciones se vendían rápidamente.

Desde su fallecimiento en 1971, este creador extraordinario, uno de los hombres más sensibles y poéticos de nuestro arte, ha sido recordado por tres retrospectivas en los museos Sívori (1971), de Arte Moderno (1975) y Nacional de Bellas Artes (1977). En la galería Zurbarán se lo ha recordado con cinco exposiciones antológicas (1990, 1992, 2001, 2006 y 2008).

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