(26/02/2001) En 1968, la idea de un futuro utópico y altamente avanzado era «2001». Curiosamente, este año Hollywood no tiene otra idea que volver a repetir películas de aquella era, haciendo que los dos grandes films de acción y aventuras fantásticas del próximo verano suenen a déjà vu: «El planeta de los simios» tendrá como principal rival a «Rollerball».
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Cada mes aparecen nuevos proyectos hollywoodenses de remakes de clásicos del cine fantástico de los '60 y los '70, sin contar las numerosas versiones para la pantalla grande de series de TV de aquellos tiempos. El fenómeno de las remakes no es nuevo, y su intensificación pudo observar año tras año. Pero en 2001, la invasión de remakes de clásicos del cine fantástico empezó a tomar niveles surrealistas.
Pronto, ir a un multiplex va a ser una especie de paseo nostálgico dedicado a los adictos de las viejas tardes televisivas de Cine de Superacción. La gama de remakes de terror y cienciaficción es tan amplia que va desde una nueva «Barbarella» con Drew Barrymore, una «Máquina del tiempo» producida por Spielberg y hasta una versión hollywoodense de «Solaris» de Andrei Tarkovsky.
Pero hay un detalle que marca el momento culminante de esta exageración: el próximo verano estadounidense, el público hará colas para ver dos megaproducciones de ciencia ficción que se estrenarán casi simultáneamente: «El planeta de los simios» versus «Rollerball». Después de la postergada «El señor de los anillos» de Peter Jackson y de la próxima entrega de otro episodio galáctico de George Lucas, «El planeta de los simios» estilo Tim Burton es la película más esperada por los fanáticos de este año. Pero de repente, los patinadores ultraviolentos de «Rollerball» versión siglo XXI están a pocos centímetros de los monos intolerantes diseñados por Rick Baker.
Tanto la versión original de «El planeta de los simios» (dirigida por Franklin Schaffner en 1968) como el primer «Rollerball» (filmado en 1975 por Norman Jewison) tienen en común su ambiguo mensaje moral y pacifista muy acorde con la época en la que fueron realizadas. «El planeta de los simios» se burlaba de los sectores más reaccionarios de la sociedad, reflejando en los torpes simios la intolerancia del poder dogmático y ultraconservador, para luego mostrar -en uno de los desenlaces sorpresivos más famosos de la historia del cine-que el odio y el temor de esos monos hacia la raza humana estaban plenamente justificados.
Por su parte, «Rollerball» describía un futuro próximo donde las tensiones sociales y políticas se resuelven en contiendas deportivas ultraviolentas dignas del Circo Romano. Lo curioso de la nueva «Rollerball» es que está producida por el director de la original, Norman Jewison, un realizador dedicado a films más realistas y adultos como «Huracán» o «Hechizo de luna». Jewison no tuvo nada que ver con la remake de su clásico policial «El affaire de Thomas Crown» y, sin embargo, se interesó en la nueva versión del film más violento de toda su carrera: desde 1980 con «Los perros de la guerra» que Jewison no encaraba ningún trabajo parecido. La combinación es extraña: Jewison produciendo un film de 80 millones de dólares -financiado por capitales europeos y japoneses junto a la MGM-, dirigido por John McTiernan, el especialista de acción de films como «Depredador» y «Duro de matar».
En lugar de contratar a un actor especializado en films de acción, Jewison y McTiernan reemplazaron a James Caan por un adolescente conocido sólo por la comedia picaresca «American Pie». Chris Klein tiene la responsabilidad de encarnar a Jonathan, el astro de Rollerball que alcanza tanta popularidad que es presionado para retirarse por los ejecutivos que tienen el poder de esa sociedad futura. La modelo Rebecca Romijn-Stamos es la geisha (ahora con un vestuario sadomasoquista que fue comentado extensivamente en las revistas femeninas estadounidenses) que debe convencerlo para que obedezca al establishment, y LL Cool J y el músico BT son algunos de los encargados de sobrevivir a ese deporte con motos y patines y fouls al por mayor.
El actor francés Jean Reno, que encarna al villano ruso que lleva los límites del Rollerball a la más extrema violencia, aseguró en un reportaje que cree que la principal diferencia entre el film original y la nueva versión es «el ritmo, la manera actual en la que se muestran los partidos». Sin embargo, la media docena de guionistas que reescribieron el guión junto a Larry Ferguson (el escritor de «Highlander» y «Alien 3») parece significar otra cosa, por ejemplo la intención de darle más acción que mensaje a esta pesadilla deportiva de un futuro próximo.