13 de enero 2006 - 00:00
''Los 'desnudos' que yo hacía, hoy dan gracia''
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La pieza que Analía Gadé y Nati
Mistral estrenan hoy en el Multiteatro
será repuesta en octubre en Madrid.
Periodista: Se suele decir que la amistad entre mujeres es imposible porque siempre prevalecen los celos y la rivalidad.
Analía Gadé: No lo creo.Yo siempre he tenido amistades muy duraderas. Fijese, en mi relación con Susana Campos nos conocimos siendo unas crías -yo tenía 17 y ella 14- y siempre nos mantuvimos unidas a pesar de la distancia. Y ella era toda una belleza. Tenía un físico y una cara impresionantes. Era la perfección y eso nunca obstaculizó nuestra amistad.
P.: A las amigas de esta pieza no les fue tan bien como ustedes...
A.G.: Bueno, ellas son muy diferentes en temperamento, hay ciertos recelos y malentendidos... por eso me gusta la pieza, le dedica una especial atención al tema de la amistad. Creo que va a gustar mucho aquí y en España.
P.: En España usted sigue siendo una celebridad.
P.: ¿El público español la sigue considerando una actriz argentina?
A.G.: Ellos nunca me han hecho sentir extranjera y y yo les retribuyo pronunciando la zeta y nada más... porque la «y» y la «ll» las sigo pronunciando a la manera argentina. Es que a ellos siempre les gustó mi forma de hablar, les resultaba seductora. En cambio ese mismo acento en un hombre, les parecía de marica. Ahora todo es distinto, el cine argentino abrió una brecha y además hay muchos argentinos viviendo en España. A Darín lo recibieron con los brazos abiertos. Están locos por él.
P.: Usted también fue una pionera del destape español.
A.G.: ¡Uy!, los desnudos que hice en aquella época, hoy causan gracia. Es muy poco lo que se ve. Eran coproducciones europeas, las hice durante el gobierno de Franco, y había que pensar muy bien cómo eludir a la censura. En el teatro también tuve escenas picantes y me han pasado cosas muy curiosas.
P.: ¿Por ejemplo?
A.G.: En «La carraca» (matraca para nosotros) interpretaba a una puta que se llevaba a su departamento a un jovencito que había ligado en la calle. Yo no podía salir en ropa interior, así que llevaba una combinación hasta las rodillas, pero siempre buscábamos trucos. Así que le puse a la enagua un encaje transparente, muy ancho, que me llegaba a mitad de muslo. Dos días antes del estreno hacemos el ensayo para los funcionarios de la censura. Uno que miraba la obra y otro que seguía el libreto y anotaba. Me estoy desatando el liguero y escucho un toc, toc desde la platea. «¿Qué pasa?», pregunto y uno de ellos me dice: «No puede usted quitarse las medias de cara al público». «Ah, muy bien, perdone usted». Y ahí se me ocurrió la solución, me puse bien de espaldas y al agacharme se me subió la combinación hasta arriba dejando ver mucho más que antes, pero los censores dieron el conforme. Así eran aquellos tiempos, nos la pasábamos inventando trucos para poner la censura a nuestro favor.
Entrevista de Patricia Espinosa




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