Brickford: "A 'Traffic' nadie quería financiarla porque nos decían: 'Son tres historias juntas ¿a quién identifica el público como héroe?'. En 'Che' es más fácil, tenemos un sólo héroe".
Alta, dulce, divertida y directa, la productora Laura Brickford es la sombra luminosa (amiga desde los años pobres y también socia comercial) que acompaña a Benicio del Toro en la promoción de «Che. El argentino», primera parte del ambicioso díptico de Steven Soderbergh.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Periodista: Antes de entrar en materia, cuéntenos cómo entró en el cine.
Laura Bickford: Primero hice videos musicales en Londres , y de a poco me fui metiendo, hasta que produje «Citizen X», sobre un asesino serial ruso, para HBO. Ahí ya me mudé a Los Angeles, y, afortunadamente, pronto di con Steven Soderbergh y su proyecto «Traffic». Me dijeron «¿Te gusta? Ya muchos probaron y no pudieron encararlo, así que te lo damos gratis». ¡No pagué la opción, es decir, el pago adelantado para el desarrollo!
P.: ¿Cómo es eso?
L.B.: Para trabajar un proyecto, primero hay que poner plata. El problema de los productores independientes como yo, es encontrar los financistas, sobre todo para el desarrollo de la idea, cuando aún no hay nada concreto.
Tradicionalmente vas a los estudios grandes, «vean, ésta es la idea», y te la financian, pero se convierten en los dueños. Y te pueden decir, «¿Sabes qué? Me quedo con esto pero no lo hago», o también, «Hacemos el 'Che', pero con Jim Carrey». Así que en ambos casos nosotros mismos pagamos el desarrollo, y seguimos siendo los dueños.
L.B.: Decían «no se puede hacer tres historias juntas, ¿a quién identifica el público como héroe?». Ahora eso es normal. Y en «Che» es más fácil, tenemos un solo héroe.
P.: Pero hubo muchos otros, que lucharon contra Batista, pero por fuera del castrismo ¿Los entrevistaron?
L.B.: Sí, a Menoyo, por ejemplo, que vive en Puerto Rico, y muchos otros, que nos contaron su versión, porque ese asunto es muy complicadito, y no queríamos mostrar un mito de una sola cara, sino personajes humanos. Pero fue hermoso entrevistar a tantos viejos, que son historia viva, y se apasionan cuando te cuentan aquella época.
También vimos a los tres lugartenientesque acompañaron a Guevara desde Sierra Maestra hasta La Higuera. Pequeña confesión, muy ilustrativa: uno de ellos me contó que recién a los 19 años de edad, cuando llegaron triunfantes a La Habana, vio por primera vez en su vida un inodoro. Para conocer un inodoro antes debieron conocer el uso de la ametralladora. ¡Tantas anécdotas hubiéramos querido poner!
P.: Pusieron algo raro, el encuentro neoyorquino del Che con un senador norteamericano.
L.B.: Eugene McCarthy, opositor de Lyndon Johnson en las internas demócratas. La anfitriona del encuentro fue Lisa Howard, que había sido el enlace secreto entre Castro y Kennedy para negociar el levantamiento del embargo. Cuando matan a Kennedy, ella intenta llegar al círculo de Johnson, no puede, entonces contacta a McCarthy, pero éste luego informa a la CIA, que le recomienda «no se vuelva a comunicar con ella». Esto se supo recién hace poco, cuando se desclasificaron documentos secretos de los sesenta. También nos enteramos de un atentado fallido contra el Che en el río Hudson, y algo pusimos. Pero esa mujer da para una película.
P.: Bueno, cuénteme cómo filmaron ésta.
L.B.: De atrás para adelante. Porque son dos películas, una ambientada en 1957-8 y 1964, que ahora estrenamos, y otra ambientada en 1967. Ahí el Che debía verse flaco y de pelo largo, y como es más fácil engordar que adelgazar, tomamos a Benicio flaco y lo hemos ido engordando y rejuveneciendo. Así que primero filmamos La Paz y el camino a la selva boliviana, de ahí nos fuimos a las sierras españolas vecinas a Toledo, donde escenificamos Bolivia, y terminamos en Puerto Rico (el grueso de lo que verán ahora) y un pueblo de México, Campeche, donde escenificamosla batalla en Santa Clara, que es una ciudad de resabios coloniales como cualquier otra, pero con un hotel tipo años cincuenta frente a la plaza, lo que nos obligó a crear toda la fachada de un hotel en Campeche.
P.: ¿Y eso no se podía hacer en Puerto Rico?
L.B.: Es que debíamos descarrilar un tren, y en la isla no hay siquiera vías férreas. En cambio hay mucha gente caribeña, y afrocaribeña parecida a la cubana, muy difícil de hallar en México. Y en España, el director boliviano Rodrigo Bellot (el de la deliciosa comedia «¿Quién mató a la llamita blanca?») realizó un enorme casting de inmigrantes bolivianos para los papeles de extra, y, para los papeles de mayor compromiso, nos hizo «importar» unos treinta actores de su país. ¿Vio cuánto trabajo? Pese a todo, nos resultó más efectivo que filmar en Sudamérica.
P.: A propósito, ¿porqué no filmaron lo otro directamente en Cuba?
L.B.: Recuerde que Steven y yo somos ciudadanos norteamericanos, y por lo tanto tenemos prohibido trabajar allí o relacionarnos comercialmente con Cuba. Por otro lado, de haber hecho algo allí el gobierno castrista hubiera querido «asesorarnos», así que fue mejor como lo hicimos. Yo tengo mi opinión al respecto, si quiere hablamos un rato de política.
P.: Mejor cuénteme de Robert Altman.
L.B.: ¡Ah, qué hermosa persona! Yo era apenas una estudiante, cuando entré como asistente de producción de « Beyond Therapy» [«Terapia de grupo»], y él nos trataba a todos los técnicos y ayudantes igual que si fuéramos los artistas del elenco, nos enseñaba cómo iba el trabajo, hacía chistes, y hasta organizaba reuniones para ir a comer a su casa los fines de semana. Mucho después, siendo socia de una empresa de asesoramiento para financistas, tuve el gusto de recomendar especialmente su proyecto « Noches mágicas de radio». Resultó una hermosa película. Desgraciadamente, también fue la última que hizo. Todavía siento el dolor que nos causó la noticia de su muerte.
Dejá tu comentario