Los jóvenes cantantes Marina Silva, Florencia Machado, Duilio Smiriglia y Fabián Veloz posan junto al pianista Marcelo Ayub, Alejandro Cordero, Teresa Bulgheroni y la directora del Instituto del Colón Ana Massone, después del recital.
Nueva York - Por segundo año consecutivo, el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Fundación Teatro Colón, con el patrocinio de Teresa Aguirre Lanari de Bulgheroni y Alejandro Cordero, presentaron a cuatro talentosos cantantes del Instituto, en la magnífica sede de la Americas Society en Park Avenue. Se trata de una iniciativa que ofrece a jóvenes cantantes líricos del Colón la oportunidad de foguearse en el exterior. Y de hacerse conocer. Este es un aspecto clave de estos conciertos, por lo que los organizadores se empeñan en tener en el auditorio a algunos notables del mundo lírico de Nueva York. En este caso, estuvieron uno de los profesores de canto del célebre conservatorio Juilliard de esta ciudad, y un observador del Metropolitan Opera. La selección de arias y escenas líricas de este recital abarcó a Mozart, Rossini, Donizetti, Bizet, Massenet, Verdi y Puccini, unidas por el hilo conductor: «Amores y Desamores en el Mundo de la Ópera». La presentación inicial correspondió a Susan Segal, Presidente de la Americas Society y a Sebastián Zubieta, quien tiene a su cargo la organización de la serie de conciertos de la institución. Siguieron palabras de Ana Massone, directora del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, quien en impecable inglés transmitió un deseo de progreso para sus egresados. La mezzo soprano Florencia Machado fue la primera en subir al escenario para ofrecer una pulida interpretación de «Cruda sorte», de «L'Italiana in Algieri» de Rossini, acompañada por el piano de Marcelo Ayub, como el resto de los cantantes. Luego fue el turno del tenor Dulio Smiriglia, y el barítono Fabián Veloz, quienes cantaron la más hermosa de las arias («Au fond du temple saint») de «Los Pescadores de Perlas», de Bizet, con buena dicción francesa, amplio caudal sonoro, y notable precisión de tonos, particularmente en los muy expuestos pasajes en octavas al unísosno. La soprano Marina Silva deleitó luego con «Si, mi chiamano Mimi», de «La Bohème» de Puccini, mostrándose muy segura en los registros agudos de esta aria y capaz, asismismo, de modular dulces pianissimi. Alternaron a continuación Smiriglia en «Spirito Gentil» de «La Favorita» de Donizzetti -con una proyección algo insegura en las ornamentaciones de bel canto de esta aria-, y Florencia Machado, quien tampoco pareció encontrarse en su mejor elemento en «Parto, parto» de «La Clemenza de Tito» de Mozart. Con «Madamigella Valery» (el aria de «La Traviata», en la que el aristocrático padre del enamorado de la célebre tísica del demi-monde de París, la incita a renunciar a su joven amado), Fabián Veloz fue musicalmente convincente en su súplica, y Marina Silva impresionó por su presencia escénica y consustanciación con el personaje de la desafortunada Violeta.
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Volvió Duilio Smiriglia para otro clásico del repertorio operístico : «Una furtiva lagrima», de «Elisir d'amore» de Donizzetti. Smiriglia afrontó los desafíos de esta página con voz aterciopelada, buen dominio del matiz, y solvencia técnica. Florencia Machado cantó luego, con mucho acierto, la «Seguidilla» de «Carmen» de Bizet, y se la notó mucho más cómoda, expresiva y segura musicalmente, y con gestos seductores a tono con el carácter de la protagonista. Siguiendo en el repertorio francés, Fabián Veloz ofreció «Vision fugitive», de «Hérodiade» de Massenet, una ópera que rara vez sube a escena. Dos arias italianas, «Tu che di gel sei cinta», de «Turandot» (Puccini), y «Eri tu..», de «Un Ballo in Maschera» (Verdi), respectivamente a cargo de Marina Silva y Fabián Veloz, precedieron el último número del recital. En él, los cuatro jóvenes cantantes dieron, juntos, una elocuente demostración de ensemble en «Un di, se ben rammentomi...» de «Rigoletto» de Verdi. En algunos compases, la soprano Marina Silva resultó un tanto opacada sonoramente por el resto del cuarteto, y así también, mientras sus colegas cantaban con soltura escénica, a Fabián Veloz se lo notó un poco tímido y gestualmente reticente. Pero esto no deslucio esta excelente ejecución, y el nutrido aplauso del público motivó un bis: «Libiamo», de la «Traviata», de Verdi, que impresionó por su vitalidad y virtuosismo. Admiró el homogéneo nivel de todos los jóvenes artistas, oriundos de Ayacucho, Rosario y Mendoza, y ninguno de la Ciudad de Buenos Aires. Los «bravi» que le siguieron al bis fueron dichos de pie (en Estados Unidos, una muestra de particular apreciación). Allí se sumaron, para recibir aplausos, el excelente pianista Marcelo Ayub, Ana Massone, Alejandro Cordero, y la elegante Teresa Bulgheroni. Como en noviembre de 2007, un grupo de invitados fue convidado a una animada recepción después del concierto, en los salones del tercer piso. Concurrieron notables del mundo social y artistico de Nueva York como el ex Secretario General de Naciones Unidas, Javier Pérez del Cuéllar y señora, Patricia Cisneros, el Duque de Lugo, Mercedes Bass, Diego Herbstein y su esposa Roberta Herbstein, Marie-José Pagliai, Alberto y Anabelle Mariaca, y Yolanda Santos. De Buenos Aires, estaban Patrick O'Farrel, Marta Cordero de O'Farrell, Angélica Crotto de Menditegui, Gonzalo Bruno Quijano, Enrique Larreta y Guadalupe Noble.
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