24 de junio 2008 - 00:00
Schürmann: filmar sin tocar la tierra
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La familia
brasileña
Schürmann,
como casi
siempre, en
alta mar.
David
(sentado a la
derecha)
ganó varios
festivales,
incluyendo a
Buenos
Aires, con
«El mundo
en dos
vueltas».
D.S.: La verdad, no. Aquello no habrá sido nada fácil. Nosotros ni siquiera abandonamos los negocios, sino que los seguimos administrando via satélite, y teníamos un buen «time» en tierra. Yo, dos veces al año me daba una vueltita por nuestras oficinas de Brasil y Estados Unidos, lo que igual me resultaba un cambio muy difícil. De un día para otro uno interrumpe su vagabundeo por el mundo, para volver a administrar un negocio detrás de su escritorio. Lo que nos salva es que somos apasionados por lo que hacemos. Con decirle que ya estamos preparando otro film.
P.: Con éste les fue bien.
D.S.: La postproducción nos llevó unos años, pero salió como queríamos, hicimos un estreno fuerte, y fuimos el segundo documental de mayor recaudación de 2007. Ahora estamos conversando con algunos canales la posibilidad de hacer una minisierie con el material sobrante. Al final, son 150 horas de material, con centenas de historias dignas de ser contadas. Aclaremos, la emoción nos motiva, pero el secreto de un buen viaje es la preparación, que debe ser metódica, a conciencia, incluyendo en este caso los sponsors, y las cámaras 16 milímetros.
P.: ¿No son más livianas las dv-cam?
D.S.: Ahora las hay muy buenas, pero igual yo quería la mejor calidad de imagen. Además, las de cine soportan mejor las temperaturas extremas, tienen pocos elementos electrónicos, y mayor variedad de lentes. Sólo para una breve escena, que surgió en tierra, usamos una digital.
P.: ¿Algo los tomó desprevenidos? ¿La tormenta en la costa patagónica, o la tormenta en alta mar?
D.S.: Para eso estábamos preparados. Lo grave fue cuando una noche bien tranquila casi nos abordan los piratas en el Mar de la China. Por suerte mi padre advirtió la cercanía de un barco sospechoso, apagó todas nuestras luces, y nos alejamos justo cuando ellos empezaron el tiroteo.
P.: Su padre, el capitán del barco, es todo un personaje, y también su madre, doña Heloisa, que lleva el diario de navegación.
D.S.: Por eso, al armar el film la asociamos con Antonio Pigafetta, el memorista del viaje de Magallanes y Elcano. Ella ya escribió tres libros: «10 anos no mar», que fue bestseller en 1995, «Um mundo de aventuras», en 2000, y «Em busca do sonho», 2006. Los dos primeros ya se agotaron. Este año mi padre lanzará el suyo, «Navegando com sucesso, um libro sobre bussines e aventura».
P.: El otro personaje del film es su hermanita menor, impagable cuando la vemos reir junto a los delfines de las Islas del Sur, o nadar bajo el agua. Todo transmite felicidad, pero hay una historia trágica. ¿Podrá contarnos algo sobre la pequeña Kat?
D.S.: Sí, el film tiene un tono feliz, y eso refleja cómo es mi familia. Tenemos momentos tristes, como todos los seres de la tierra, pero la diferencia es que nosotros vivimos nuestros sueños, y eso es algo que no todos pueden decir. Kat, mi hermana, que murió el 29 de mayo de 2006, fue un sol en nuestras vidas. Cuando nuestros padres decidieron adoptarla ya sabían que era HIV positiva, sabían la lucha que sería, y aún así asumieron ese acto de amor. Ella tenía tres años. Su madre biológica era amiga de la familia, y ya había muerto. Su padre estaba en una situación difícil. Ella siempre supo que era adoptiva, y que algo tenía, porque siempre la llevaban al médico y tomaba remedios. Pero sólo a los diez años, cuando tuvo edad de comprender, mi madre se lo explicó. De todos modos, su condición de HIV nunca fue el foco de nuestra familia, inclusive por eso no lo mencionamos en ningún momento del film. Todos vivimos como se ve en la pantalla, felices y de forma plena. Admiro a mis padres por el coraje, y sobre todo por el amor que le dieron, y admiro a Kat, porque les dio a ellos todavía más energía para seguir adelante. Lógicamente que estos dos últimos años sin ella nos resultaron muy difíciles, pero los demás hermanos apoyamos a nuestros padres, para volver a soñar y tener fuerzas. Ella nos dejó en forma rápida. Una cosa que me consuela es que alcanzó a ver el film, ya prácticamente terminado, y se divirtió mucho viéndose cuando era más pequeña. Cuando se fue, le dediqué el film a ella: «Bons ventos, minha irmá».
Entrevista de Paraná Sendrós




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