24 de junio 2008 - 00:00

Schürmann: filmar sin tocar la tierra

La familiabrasileñaSchürmann,como casisiempre, enalta mar.David(sentado a laderecha)ganó variosfestivales,incluyendo aBuenosAires, con«El mundoen dosvueltas».
La familia brasileña Schürmann, como casi siempre, en alta mar. David (sentado a la derecha) ganó varios festivales, incluyendo a Buenos Aires, con «El mundo en dos vueltas».
Los tiempos en tierra no son los mismos que en alta mar. Días atrás, el público del Festival Brasil-Buenos Aires otorgó su premio a un estupendo documental, «O mundo en duas voltas», aunque en ese momento el director del film, David Schürmann, estaba navegando, lo cual, en su caso, resulta muy natural. «O mundo en duas voltas» («El mundo en dos vueltas») es, precisamente, el diario de viaje de los Schürmann siguiendo en su velero, a lo largo de tres años, la ruta de los primeros exploradores marítimos. Ahora, fugazmente anclado en Buenos Aires, dialogamos con él.

Periodista: ¿Usted vivió parte de su infancia en el mar?

David Schurmann: Sí, salimos, toda la familia, apenas cumplí los diez, para un viaje de dos años que se fue alargando. Hicimos la costa atlántica y caribeña hasta Estados Unidos, y la Polinesia. Las promesas de mi padre superaron cualquier expectativa. Crecer en el mar es fantástico, lindo, y muy divertido. Y además de vivir aventuras y conocer mundo, ya a temprana edad uno aprende a ser responsable. Me sentía casi como el personaje de Julio Verne «Un capitán de 15 años».

P.: Pero a los 16 se bajó en Nueva Zelanda a estudiar cine.

D.S.: Primero fue todo novedad, después empecé a sentir algo a lo que no estaba acostumbrado: la rutina. Por suerte los humanos tenemos gran capacidad de adaptación, en especial quienes pasamos la infancia de país en país. A los 19 años, siendo todavía estudiante, me ofrecieron el puesto de director del programa «Infocus» de TV3. Casi me caigo. El programa fue bien, ganó premios, y hoy soy director y productor del área de Cine, y Ceo de la Schurmann, la empresa holding del Grupo Schurmann, de la que mi padre es chairman.

P.: Para este viaje, que rehace el de Magallanes, ¿pensaron en algún momento hacerlo como él, sin motores, ni radio, ni cartas náuticas?

D.S.: La verdad, no. Aquello no habrá sido nada fácil. Nosotros ni siquiera abandonamos los negocios, sino que los seguimos administrando via satélite, y teníamos un buen «time» en tierra. Yo, dos veces al año me daba una vueltita por nuestras oficinas de Brasil y Estados Unidos, lo que igual me resultaba un cambio muy difícil. De un día para otro uno interrumpe su vagabundeo por el mundo, para volver a administrar un negocio detrás de su escritorio. Lo que nos salva es que somos apasionados por lo que hacemos. Con decirle que ya estamos preparando otro film.

P.: Con éste les fue bien.

D.S.:
La postproducción nos llevó unos años, pero salió como queríamos, hicimos un estreno fuerte, y fuimos el segundo documental de mayor recaudación de 2007. Ahora estamos conversando con algunos canales la posibilidad de hacer una minisierie con el material sobrante. Al final, son 150 horas de material, con centenas de historias dignas de ser contadas. Aclaremos, la emoción nos motiva, pero el secreto de un buen viaje es la preparación, que debe ser metódica, a conciencia, incluyendo en este caso los sponsors, y las cámaras 16 milímetros.

P.: ¿No son más livianas las dv-cam?

D.S.:
Ahora las hay muy buenas, pero igual yo quería la mejor calidad de imagen. Además, las de cine soportan mejor las temperaturas extremas, tienen pocos elementos electrónicos, y mayor variedad de lentes. Sólo para una breve escena, que surgió en tierra, usamos una digital.

P.: ¿Algo los tomó desprevenidos? ¿La tormenta en la costa patagónica, o la tormenta en alta mar?

D.S.: Para eso estábamos preparados. Lo grave fue cuando una noche bien tranquila casi nos abordan los piratas en el Mar de la China. Por suerte mi padre advirtió la cercanía de un barco sospechoso, apagó todas nuestras luces, y nos alejamos justo cuando ellos empezaron el tiroteo.

P.: Su padre, el capitán del barco, es todo un personaje, y también su madre, doña Heloisa, que lleva el diario de navegación.

D.S.: Por eso, al armar el film la asociamos con Antonio Pigafetta, el memorista del viaje de Magallanes y Elcano. Ella ya escribió tres libros: «10 anos no mar», que fue bestseller en 1995, «Um mundo de aventuras», en 2000, y «Em busca do sonho», 2006. Los dos primeros ya se agotaron. Este año mi padre lanzará el suyo, «Navegando com sucesso, um libro sobre bussines e aventura».

P.: El otro personaje del film es su hermanita menor, impagable cuando la vemos reir junto a los delfines de las Islas del Sur, o nadar bajo el agua. Todo transmite felicidad, pero hay una historia trágica. ¿Podrá contarnos algo sobre la pequeña Kat?

D.S.: Sí, el film tiene un tono feliz, y eso refleja cómo es mi familia. Tenemos momentos tristes, como todos los seres de la tierra, pero la diferencia es que nosotros vivimos nuestros sueños, y eso es algo que no todos pueden decir. Kat, mi hermana, que murió el 29 de mayo de 2006, fue un sol en nuestras vidas. Cuando nuestros padres decidieron adoptarla ya sabían que era HIV positiva, sabían la lucha que sería, y aún así asumieron ese acto de amor. Ella tenía tres años. Su madre biológica era amiga de la familia, y ya había muerto. Su padre estaba en una situación difícil. Ella siempre supo que era adoptiva, y que algo tenía, porque siempre la llevaban al médico y tomaba remedios. Pero sólo a los diez años, cuando tuvo edad de comprender, mi madre se lo explicó. De todos modos, su condición de HIV nunca fue el foco de nuestra familia, inclusive por eso no lo mencionamos en ningún momento del film. Todos vivimos como se ve en la pantalla, felices y de forma plena. Admiro a mis padres por el coraje, y sobre todo por el amor que le dieron, y admiro a Kat, porque les dio a ellos todavía más energía para seguir adelante. Lógicamente que estos dos últimos años sin ella nos resultaron muy difíciles, pero los demás hermanos apoyamos a nuestros padres, para volver a soñar y tener fuerzas. Ella nos dejó en forma rápida. Una cosa que me consuela es que alcanzó a ver el film, ya prácticamente terminado, y se divirtió mucho viéndose cuando era más pequeña. Cuando se fue, le dediqué el film a ella: «Bons ventos, minha irmá».

Entrevista de Paraná Sendrós

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