Con la venta en 1987 de una versión de «Los girasoles» en 40 millones de dólares, Van Gogh inició el «siglo de oro» del mercado de arte (la obra más cara hasta esa fecha era un Turner de Amalita Fortabat que se había pagado u$s 7 millones). Luego, «El retrato del Dr. Gachet», se vendió en el récord de 82,5 millones.
Sin duda alguna, la vida más comentada y novelada de un artista moderno ha sido la de Vincent Van Gogh, hombre sufrido nacido en Holanda en 1853. Su padre que era un pastor cristiano, que quiso para él la actividad de mercader de arte y lo inició en la mejor galería de la época, que era la de los hermanos Goupil con sucursales en La Haya, Londres y París.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En las tres trabajó nuestro admirado Vincent, no poniendo mayor interés en destacarse, lo cual lo llevó un día a abandonar sin aviso la tarea y comenzar una errática vida con tan sólo 23 años. Recién a los 30 se dedicó de lleno a la pintura, y lo hará por tan sólo una década, ya que se suicidó disparándose un tiro en el corazón el 29 de julio de 1890.
En tan sólo una década realizó cerca de mil pinturas y muchos estupendos dibujos a la tinta y lápices. En vida sólo una de sus pinturas alcanzó comprador, y las pocas obras que salieron a la venta cada año en subastas (un promedio de 10 obras) alcanzaron siempre precios récord.
Su vida es parte de mitos y leyendas y el mismo maleficio parece contagiarse a los compradores de algunas de sus obras. Su mayor precio fue pagado hace quince años por el señor Saito, que luego quebró y que manifestó que su cadáver se incineraría con la pintura; en dicha ocasión manifestamos que esto no podía ser así, ya que el concepto de propiedad en el mundo moderno tiene limitaciones y no es más «desde el cielo al infierno» como sostenían los romanos.
Cuando usted compra una obra de arte, compra un objeto valioso pero los derechos intelectuales permanecen en el autor o en sus herederos por setenta años despues de fallecido el autor, y luego pasan al dominio público o la entidad que administra dicho bien, en nuestro caso el Fondo Nacional de las Artes. Usted no puede reproducir la obra con o sin fin comercial, no puede alterarla y mucho menos puede destruirla o quemarla como quería el japonés, que la vendió antes de morir en una suma similar a los 82,5 millones de dólares que pagó por el retrato del doctor Gachet los últimos días de locura de Van Gogh. «Los lirios» fueron comprados por el millonario australiano Alan Bond, que como no tenía ganas de poner todo el efectivo le pidió un préstamo a «Sotheby's» para pagar la obra y luego no lo pagó, así que la casa de remates le ejecutó la obra y se la vendió a la Fundación Getty de California en más de 54 millones, y allí podemos disfrutarlos.
La obra que marcó el comienzo del «siglo de oro» del mercado de arte fueron «Los girasoles» de Van Gogh. Hay siete versiones y una estaba en préstamo en la National Gallery de Londres por décadas; sus dueños le pidieron 12 millones de dólares a las autoridades y éstas sostuvieron que era mucho, así que fue a remate en 1987 y se pagó la loca suma de cuarenta millones de dólares. La obra más cara hasta la fecha era el Turner de Venecia de Amalia Lacroze de Fortabat, que se había pagado 7 millones de dólares.
La obra fue la mejor compra que se haya realizado en la historia; fue realizada por la Yosuda Cia., una empresa de seguros japonesa que le devolvió a Japón lo que le había quitado la guerra; de las 7 obras de girasoles que pintó en Arlès Van Gogh, una estaba en Japón y fue destruida durante la Segunda Guerra. Con esta acción la compañía vio crecer el volumen de sus primas en mas de cuatro veces y pagó la obra con creces.
Las 150 obras que pintó durante el año que estuvo internado en el psiquiátrico de Saint-Remy son las mas importantes de su producción, y pareciera que en dicho período tiene el deseo de vivir. Nuestro país atesora importantes obras en dos colecciones privadas, y una obra parisiense, el «Molino de la Galette», que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes. En el mercado privado es normal un precio promedio de 15 millones, y una brillante coleccionista y empresaria argentina adquirió una obra en diez millones y luego la vendió en cinco veces mas. Van Gogh vivió como pudo vivir y fue ayudado por muchos. Quizás no tuvo conciencia de que sin su propio esfuerzo nada era posible. La mayoría de sus obras se pueden ver en el museo que lleva su nombre en Amsterdam, y en París en el Museo de Orsay hay una salita con doce de sus obras que es inolvidable. Sus valores fluctúan entre lápices que se cotizan en cien mil dólares y pinturas que valen cien millones.
Dejá tu comentario