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4 de febrero 2008 - 00:00

"Voy a hacer humor procaz, como homenaje a la revista"

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Desde que en los 80 apareció desnuda y encadenada a un caballo en Cemento (de su ex marido Omar Chabán, un tema del que no habla), Katja Alemann dice que le sigue «poniendo el cuerpo a todo».
"A mí me divierte seducir y hacer la vieja guachi guau", declara riendo Katja Alemann en charla con este diario. La actriz luce una madurez espléndida (nació en 1957) y asume como un juego esa imagen de mujer audaz y experta en erotismo que ha ido forjando en más de veinte años de carrera y sobre lo que ya escribió varios cuentos y artículos.

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Desde aquella memorable performance en en templo under ochentista, Cemento (de su ex marido Omar Chabán, un tema del que ella no habla), que protagonizó desnuda y encadenada sobre un caballo hasta su última aparición en el programa de Susana Giménez con «El circo de las estrellas», Alemann siempre se caracterizó por «poner el cuerpo» en todas sus experiencias artísticas. Este año, y como para desmentir a los que dicen que su anatomía ya no da para tapa de «Playboy», participó del calendario «Aves del paraíso» de la fotógrafa Gaby Herbstein. «Yo soy muy física», admite, «Le pongo el cuerpo a todo y siempre estoy entrenando. Pero antes de participar en 'El circo de las estrellas' nunca había hecho acrobacia. Y fue en ese programa donde descubrí que lo que más me interesa en este momento es 'performear', por eso armé este espectáculo».

El 7 de febrero, Alemann estrenará en el Maipo Club (Esmeralda 443 - 2º piso) « Kabaret líquido», con textos y canciones propias y dirección de Sergio D'Angelo.

Periodista: ¿Qué significa para usted «performear»?

Katja Alemann: Es una fusión de lenguajes: música, canto, danza, actuación, dramaturgia, acrobacia. Además toco varios instrumentos: guitarra, piano y saxo. Todo esto para narrar la historia de Auguria, una mujer que al ser abandonada por su amante atraviesa todos los estados: dolor, odio, fantaseo erótico, hasta llegar a la reflexión humorística. En un segundo módulo hago al «Pálido Ignacio», un personaje de la época del Café Einstein que remixé y aggiorné un poco. Es un presentador de cabaret que se encuentra con su parte femenina. Acá voy a jugar mucho con el humor procaz, ya que éste también es un homenaje a la revista porteña, un género que gusta mucho.

P.: ¿El título del espectáculo alude al famoso ensayo sociológico de Zygmunt Bauman, «El amor líquido»?.

K.A.: Así es. Tiene que ver con la descartabilidad de las relaciones y con esta tendencia a vivirlo todo como algo efímero que se consume y se descarta. Yo creo que Bauman sigue un poco la línea de Erich Fromm, que con «El arte de amar», fue el primero en brindar una suerte de diagnóstico inteligente y actual, sobre las relaciones humanas de hoy y él lo formuló en el 50.

P.: ¿Por qué vuelve al cabaret?

K.A.: Hace rato que tenía ganas de recuperar lo musical. El cabaret es un género que siempre me gustó y me quedó cómodo. Lo hice más que nada durante la década del ochenta. En esa época trabajaba mucho en bares. Eramos toda una banda dedicada al varieté y al music hall. Supongo que en algo de esto tiene que ver mi ascendencia. Yo siempre canté en alemán y estoy muy familiarizada con el repertorio Kurt Weill.

P.: Usted desarrolló una apreciable carrera actoral en cine, teatro y televisión ¿por qué sigue tan asociada al erotismo?

K.A.: Porque tengo una imagen acorde. y porque me gusta ser la vieja guachi guau (ríe). Acá también voy a jugar con el erotismo y la seducción, me divierto mucho con eso.

P.: ¿Es cierto o es un mito que usted entró a caballo y completamente desnuda en la inauguración de Cemento?

K.A.: No fue en la inauguración, fue más tarde, un 9 de Julio. Yo tenía un taparrabos, el cuerpo todo pintado y el pelo me cubría un poco. Además iba toda encadenada porque hacía de República Argentina. Esa fue mi primera performance. La gente no podía creer que apareciese desnuda. Imagínese, era el año 1985.

P.: También fue un escándalo la noche que apareció en ropa interior y con ligas para presentar a la Mona Jiménez ante un público de rockeros.

K.A.: Sí, yo llevaba un adorno multicolor en el pelo y lo sacudía a cada rato. Es lo único que recuerdo.

P.: Según Jiménez, además de salir en paños menores usted estaba toda empapada y los muchachos le gritaban de todo.

K.A.: Ah, yo siempre fui muy arriesgada (ríe). Pero, hablando en serio, creo que soy una persona esencialmente aventurera. Tuve una vida abundante y la agradezco. Yo me canso de hacer una misma cosa, entonces cada vez que llego a un techo empiezo algo nuevo. Y así me fui a vivir a Costa Rica del 97 al 2001. Allí me dediqué a escribir e hice un proceso de vaciamiento y transformación. Hoy por hoy lo que más me atrae y divierte es el teatro. Me gusta estar arriba del escenario y sentirme libre.

P.: Observo que del techo de esta sala cuelgan varias telas y un trapecio.

K.A.: Sí, hemos incluido algunas coreografías aéreas con un criterio plástico. No pudimos hacer mucho porque el techo es muy bajo. ¿Le digo la verdad? Creo que incluí algo de acrobacia para hacerme la linda.

Entrevista de Patricia Espinosa

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