A 20 años de lo sucedido en Cromañón, tres testimonios pudieron contar cómo está atravesada su vida luego de aquel 30 de diciembre de 2004. Si bien cada uno lo vive de una manera totalmente distinta, los tres tienen algo en común: sobrevivieron a una de las tragedias que más impacto tuvieron en la cultura argentina.
La vida después de Cromañón: a 20 años de la tragedia, tres testimonios clave
En diciembre se cumplieron 20 años de la tragedia de Cromañón. ¿Cómo pudieron salir adelante aquellos sobrevivientes? ¿Se puede dejar atrás una experiencia así?
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Hace dos décadas, ocurrió en Balvanera una tragedia que se llevó la vida de 194 personas. En el predio “República Cromañón” tuvo lugar el recital de Callejeros, una banda de rock muy popular en la época, y no tenían un protocolo de emergencia al día. Los proyectiles de una candela desataron el incendio de una media sombra ubicada en el techo (una especie de tela de plástico inflamable), a su vez apoyada sobre guata recubierta por planchas de poliuretano.
Los gases tóxicos, producto de los materiales inflamables, asfixiaron rápidamente a muchas personas y, sumado a un corte de luz, los espectadores intentaron escapar por una salida que estaba bloqueada con candados y alambres.
A pesar de que el establecimiento contaba con la habilitación para una capacidad máxima de 1031 personas en sus instalaciones, se estima que aquella noche ingresaron al menos 4500. 194 de ellas fallecieron. Si bien se reportó que 1.432 sufrieron heridas, todos los sobrevivientes fueron afectados.
La tragedia de Cromañón no solo dejó una huella en las familias de los 194 muertos y de los sobrevivientes, sino que también dejó una huella a los argentinos.
Luego de este evento, se llevaron a cabo cambios políticos y culturales.
Pero la vida de los sobrevivientes tuvo que seguir.
En diciembre se cumplieron 20 años de la tragedia de Cromañón. ¿Cómo pudieron salir adelante aquellos sobrevivientes? ¿Se puede dejar atrás una experiencia así?
¿Cómo es “la vida después de Cromañón"?
Agustina Donato, actualmente jugadora profesional de fútbol, con 35 años, cuenta que su vida sigue atravesada por esa noche. “Pude desarrollar mi vida en un montón de aspectos: tengo a mi pareja, tengo a mis amigos, tengo a mi familia. Hago una vida normal, pero llevo un peso y una responsabilidad muy grande, que asumo con lo mejor que puedo. Trato todos los días de honrar esa responsabilidad y sobre todo la memoria de las víctimas.”
Luego de la tragedia, Agustina pasó por un proceso muy largo para poder estar estable psicológicamente. Se apoyó principalmente de tres aspectos importantes: la terapia, el movimiento Cromañón y el deporte.
Antes de empezar el camino, Agustina pasó por lo que ella describe como años sin rumbo: “Si bien uno trata de seguir la vida cotidiana, yo terminé el colegio tiempo y forma, me anoté en el CBC, seguí jugando al hockey y seguí saliendo con mis amigos, pero también hay un proceso interno. Y fue cada vez peor, porque a mí me tomó mucho tiempo ser consciente, y cuando caí fue cada vez más duro”. Agustina seguía su vida en en piloto automático, pero había muchas cosas muy rotas dentro de ella. Esto se evidenciaba en su vida cotidiana: no podía sostener nada con constancia, tenía muchos altibajos emocionales. “Fueron épocas muy duras y años muy fallidos, de muchos traspiés, de buscar soluciones y no encontrarlas., hasta que encontré a mi psicólogo. El fue la llave para que yo pudiera ordenar un montón de cosas, un montón de sentimientos, y poder progresar realmente en el ámbito de mi vida. Mi psicólogo fue absolutamente clave y lo sigue siendo el día de hoy”, comentó Agustina.
Sobre el movimiento Cromañón, Agustina dijo que “si bien está todo muy fragmentado, desde siempre cada sobreviviente buscó un buen control de su espacio de lucha y pertenencia”. La causa Cromañón la ayudó a transitar su camino, para poder resignificar el dolor de otra manera, y poder colaborar desde su lugar. Pero, aunque parezca contradictorio, también la ancló: “Llegó un momento en el que estaba enroscada en el mundo Cromañón y no avanzaba, porque no lo podía soltar. Yo creo que lo solté cuando pude, y cuando ya había transitado el camino que necesitaba mi proceso. Le entregué a la lucha por Cromañón muchísimo, y con mucha intensidad, por varios años.”
El fútbol es la gran pasión de Agustina, además de ser un deporte, le representó una herramienta para poder dejar atrás la tragedia y poder vivirla de otra manera.
“Esa noche siempre está, pero ya no atraviesa mi cotidianidad, mi estado de ánimo, mi día a día. Sigue siendo un proceso largo, se van a cumplir 20 años y uno aprende a vivir con eso. El fútbol me ayudó a poder enfocar mi vida en otra cosa”, comentó al respecto.
Pero por otro lado, la curiosa historia de Martín Cornide, quien actualmente es productor de espectáculos, cuenta una perspectiva contraria:
“Lamento muchísimo decir esto por respeto a los padres y las madres de los chicos que fallecieron, y por respeto a todos los que la pasaron mal, o se le fueron seres queridos. Pero en mi caso fue totalmente positivo. Es más, fue lo mejor que me pasó, porque me ayudó a encontrarle sentido a la vida y creo que el mayor problema al ser humano es no saber cuál es el sentido de la vida”.
Trabajar como productor de espectáculos es algo que le surgió desde la necesidad de asumir una responsabilidad después de lo que vivió. Y, sin buscarlo, terminó siendo productor de nuevas formaciones de Callejeros.
“Me apoyé en la idea de que tenía que mejorar las cosas, de hacer las cosas bien y seguras para el público”, comentó cuando se le preguntó sobre su decisión sobre meterse en este mundo, y agregó: “En el momento de casi morir entendí que parte del sentido de la vida es simplemente vivir y hacer servicio con lo que se pueda, con lo mínimo que esté a nuestro alcance mejorando el metro cuadrado en el que estamos parados ahora.
El día que su padre lo encontró en el hospital, le dijo textualmente que se quedó para seguir yendo a recitales: “y lo loco es que la vida me hizo ponerme una productora de espectáculos y show masivos. En mi caso era con ese único sentido. Incluso es muy loco que hasta tomé un rol similar al que tuvo Chabán sin darme cuenta”.
Diego Cocuzza tiene 39 años y es presidente de “No nos cuenten Cromañon”, una organización sin fines de lucro que, según sus palabras, “surge de una necesidad de demostrar otra postura, diferente a la que se estaba mostrando a los medios de comunicación, sobre todo respecto a los responsables de los hechos”.
Cocuzza, junto a un grupo de amigos y personas involucradas en la situación, decidieron empezar con esta organización. Al principio se encargaban de hacer charlas en colegios, actividad que mantienen hace 15 años, “para mantener la memoria activa, para que los pibes que todavía no habían nacido cuando pasó Cromañón entiendan lo que pasó, y tratar que no vuelva a ocurrir algo similar”. Luego se dieron cuenta que también había otras necesidades que se necesitaban cubrir, y el Estado estaba en falta.
Según datos otorgados por Cocuzza, los programas de asistencia en salud mental que existieron fueron deficientes. Alrededor de 17 sobrevivientes se quitaron la vida después de Cromañón, “y eso demuestra que no hubo una contención psicológica adecuada por parte del Estado”, argumentó y agregó que “por eso decidimos llevar a cabo un programa de asistencia en salud mental propio, con una red de profesionales que atiende a sobrevivientes y familiares.”
También organizan cada año el acto de aniversario de Cromañón en el Obelisco, al que asisten miles de personas, entre ellos cientos de sobrevivientes. “Es un espacio que encontramos para pasar ese día de otra manera. Antes pasaba que los 30 de diciembre había un solo lugar, y era un escenario donde se decían cosas con las que no estábamos de acuerdo. Con la organización de este acto encontraron un lugar para pasar el día mejor, incluso para permitirse disfrutar la música, que es algo que no los dejaban. Cocuzza comentó que los querían hacer creer que tenían la culpa de estar vivos.
También la organización sacó un libro a fines de 2023, “Voces, Tiempo, Verdad”, y actualmente se encuentran de gira por todo el país.
Sobre su proceso para superar aquella noche, Cocuzza indicó que, además del soporte psicológico, la contención de su familia y amigos fue y es fundamental. Si bien es Ad Honorem, el trata a la organización como un trabajo: constantemente está haciendo entrevistas, reuniones, charlas, proyectos. Pero, ¿cómo le afecta internamente tener tan presente la causa?
“A mi me reconforta todo mi trabajo en No Nos Cuenten Cromañón. Me hace bien hacerlo, pero a la vez es un esfuerzo y compromiso muy grande. Lo tomo como que es el precio que estoy pagando por estar vivo.”
Si bien Agustina Donato aportó al movimiento de una manera muy intensa por muchos años y luego pudo alejarse, ella nunca se desconoció de la causa. Actualmente sigue haciendo entrevistas: “Jamás, le voy a decir que no una nota, una entrevista, un comentario, aún si no tienen ninguna relevancia periodística o alguien me pregunta algo en cualquier ámbito.”
Ella concordó con el pensamiento de Diego: “Creo que todos lo vivimos de la misma manera. Obviamente que hay distintos perfiles de sobrevivientes, hay muchos que decidieron sumarse a la lucha y muchos que lo viven de otra manera y es absolutamente válido, pero por mi parte asumí ese compromiso. Me sirvió mi lucha personal, pero sin duda es una deuda que estamos pagando todo el tiempo y yo lo vivo así. Aunque me pregunten miles de veces hasta cómo salí, o lo que sea que quieran saber, siempre te lo voy a contestar. Lo hago para mantener viva la memoria de los chicos de Cromañón. Como tragedia social es una prioridad para mí, es un mandato, y lo va a hacer siempre, toda la vida.”
Actualmente ambos pudieron rearmar sus vidas, aunque siguen cargando con la noche de la tragedia, todos los días.
Diego Cocuzza comentó que la noche del 30 de diciembre de 2004 le marcó la vida: “No fue solo la mía, sino la de muchos que estuvimos ahí, y de toda la sociedad en general. Más allá de mi sensación particular con esa noche creo que es algo que todos tenemos que tomar de esa manera, como algo que nos marcó como sociedad y que tenemos que entender para que no vuelva a ocurrir nunca más.”
Sobre su vida después de la tragedia, Agustina Donato dijo lo siguiente: “Mi vida creo que es la que pude hacer, y creo que pude bastante.” Hoy en día es futbolista profesional y abogada penalista, recibida hace casi 10 años.
Pudo desarrollar su vida en un montón de aspectos, principalmente en formar grandes lazos con su familia, amigos y su pareja. “Hago una vida normal, pero llevo un peso y una responsabilidad muy muy grande, que la asumo con lo mejor que puedo, y trato todos los días de honrar esa responsabilidad y sobre todo la memoria de las víctimas. Mi vida, está atravesada por eso, por una segunda oportunidad que yo tuve, y que 194 personas como yo, de mi edad, con otros sueños, con otros proyectos no”, agregó.
Agustina lleva presente todo el tiempo que tiene que aprovechar la oportunidad de estar viva, aunque antes ha pasado por etapas donde no podía con esa carga: “no me permitía ni estar muy triste ni estar muy feliz porque en las dos situaciones me sentía en falta. Cuando estaba triste, sentía que no estaba aprovechando esta segunda oportunidad, que no estaba siendo digna de los que no la tuvieron. Cuando estaba muy feliz tampoco me lo permitía porque me sentía culpable. Pude dejar atrás con mucho trabajo esos sentimientos, pero nunca dejé de vivir por ellos en cada gran logro, en cada gran fracaso, siempre están.”
Entendió que se aprende a vivir con eso, pero internamente siempre está y “hay algo que se rompió y que nunca se va a recuperar”. Lo comparo con romper un espejo, que nunca se va a poder armar de la misma forma. “Yo habiendo tenido 15 años cuando pasó esto, forjó mi personalidad y forjó mi vida. Ya no me acuerdo cómo era Agustina antes de Cromañón”, argumentó.
Agustina concluyó con que a veces le es más liviano y a veces le pesa mucho: “Mi vida se trata un poco de honrar la memoria de 194 personas que no están y no sé si eso es una vida normal, pero es la que me tocó y trata de hacer lo mejor que puedo con lo que la vida hizo conmigo”.
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