«Kadima deberá seguramente pactar con Avodá (laborismo), con Shas (religiosos «progresistas») y con el partido de los jubilados, la gran sorpresa de estas elecciones. Y quizá deba sumar a Meretz (a la izquierda de Avodá) para poder consolidar el gobierno. Todavía es temprano para saber si esa posible alianza le dará fuerza a Ehud Olmert, pero no creo que se eche atrás en el plan de desconexión que inició Arik Sharon.»
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La explicación era de Rafael Eldad, embajador de Israel, poco después de que los tres canales de aire israelíes trajeran a la pantalla de LCD las primeras «bocas de urna». Otros funcionarios de la embajada aseguraban que -igual que todas las coaliciones anteriores- Kadima deberá otorgarles carteras en el gabinete y partidas presupuestarias a sus aliados. En este sentido, recordaban, tanto el izquierdista Amir Peretz (laborista) como el Shas tenían propuestas sociales para los sectores más desprotegidos. Shas, además -como es lógico dado su electorado, judíos ortodoxos que tienen familias numerosísimas-, propone restablecer el subsidio por hijos, recortado hace algunos años.
Las imágenes de la TV israelí también mostraban la Plaza Rabin en Tel Aviv; allí, una multitud se congregaba para esperar los resultados de la elección parlamentaria, convocados por el Canal 10 de Israel. Lo llamativo es que se trataba de una muchedumbre en la que se mezclaban miembros y simpatizantes de todas las fuerzas políticas. Y como es habitual, también transmitían desde los «cuarteles» de los partidos.
En el departamento de Eldad, frente a Plaza Alemania, medio centenar de invitados -entre los que se mezclaban el ex embajador en Washington Diego Guelar, el ex diputado Agustín Zbar, los dirigentes comunitarios Manuel Junowicz (OSA), José Adasco (AMIA) y el ex secretario de Planeamiento de Carlos Menem Jorge Castro- repetían en pequeña escala la tradicional «fiesta electoral» que organiza cada cuatro años la Embajada de Estados Unidos.
Alianzas
Entre bocaditos, empanaditas y delicias dulces orientales, Moti Efraim -consejero político de la embajada-, explicaba que «el sistema israelí favorece las alianzas parlamentarias, no es de mayoría absoluta. Por eso cada uno de los partidos -salvo algunos- puede festejar algo». El argumento era repetido desde Jerusalén por dos analistas de la Universidad Hebrea. Claramente, quienes no tenían mucho para festejar eran los miembros del Likud, al que las bocas de urna le otorgaban muchas menos bancas que lo previsto.
Resultados al margen, lo más saliente para Eldad de los comicios de ayer fue «la bajísima participación de la gente, la más baja de nuestra historia». Puesto a explicar las razones, el diplomático dijo que «puede deberse al desinterés por la política que se verifica en muchos países». Otros lo atribuían al menor carisma del candidato ganador Ehud Olmert respecto de su padrino político, el agonizante Ariel Sharon.
Al revés, los buenos resultados de las formaciones religiosas se explicarían en que «ellos votan todos; en Israel se dice que esos grupos tienen una participación de 110%», bromeaba Eldad. Menos en broma y más con inocultada sorpresa, los israelíes comentaban la espectacular elección del partido de los jubilados.
Hubo tiempo para preguntarle por la sinceridad de Hamas respecto de su «voluntad» de dialogar con Estados Unidos, la ONU, la Unión Europea y Rusia. «No tengo dudas de que el Grupo de los Cuatro le exigirá a Hamas que reconozca a Israel y renuncie a la violencia antes de sentarse a conversar», aventuró Eldad.
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