Lima (enviado especial) - «Con Ollanta Humala tenemos un diálogo respetuoso, pero también tenemos muy claro que ante la más mínima desviación o marcha en sentido contrario a lo que postulamos, vamos a ser muy enérgicos», dijo ayer a este enviado Gonzalo García Núñez, candidato a vicepresidente primero del nacionalista, director de su programa electoral y figura clave de un eventual gobierno suyo.
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García Núñez, director del Banco Central y hombre de larga trayectoria en la izquierda local, sorprendió al final de la charla con esta definición, que siguió a un evidente esfuerzo por asimilar su propuesta económica más a un socialismo como el chileno o el brasileño que al modelo de Hugo Chávez.
De este modo, sugirió que Humala tiene dos entornos bien diferentes, que no descartan entrar en algún momento en franca colisión. Uno de ellos es el político, cruzado por permanentes polémicas y por un discurso nacionalista duro y atemorizante; el otro, económico, que navega entre las aguas turbulentas de la campaña y que, aun cuando tiene definiciones que ponen en alerta a las empresas extranjeras radicadas en Perú, busca conjugar sus planes desarrollistas con señales de calma, previsibilidad y apego a las reglas del mercado.
García Núñez concedió esta entrevista a Ambito Financiero junto con Félix Jiménez -jefe del programa económico del candidato, director general de Crédito Público y profesor de Macroeconomía en la Universidad Católica-, quien es señalado como número puesto para hacerse cargo de Economía en un gobierno humalista. A continuación, lo más destacado del diálogo con ambos.
Periodista: ¿Cuáles son las bases del programa económico de Humala? ¿Por qué genera tanta inquietud?
Gonzalo García Núñez: Apuntamos a un cambio del patrón de crecimiento, a pasar de un modelo primario exportador a una estrategia de desarrollo productivo en un contexto de estabilidad macroeconómica. El eje es la promoción de la inversión privada nacional y una asociación con el capital público para promover el desarrollo de la infraestructura y expandir el mercado doméstico. La mirada es desde adentro, pero orientada hacia afuera.
P.: ¿Qué lugar deja eso a las empresas extranjeras, entre ellas las provenientes de otros países de la región?
G.G.N.: Promovemos la presencia de operadores internacionales que contribuyan a ese esfuerzo de inversión en igualdad de condiciones. Esperamos que aporten capacidad tecnológica, que ayuden a defender el medio ambiente y a ampliar el empleo, aplicando con rigor técnico las reglas contractuales.
P.: Una de las propuestas más controvertidas ha sido la nacionalización de los sectores que denominan como estratégicos. ¿En qué consiste eso exactamente, en una estatización lisa y llana?
G.G.N.: Tenemos una mirada muy moderna, que toma las experiencias de países como Estados Unidos, España y Francia, y define como estratégico a aquello que es escaso y caro. Para un país que es importador neto de petróleo, y en un contexto de crecimiento vertiginoso de los precios, el costo de la energía es decisivo, estratégico para el país. La nacionalización implica que un macroentrante en todas las actividades llegue a un costo eficaz a las empresas y las familias. ¿Cómo vamos a llegar a ese objetivo? A través de un diseño en el que participe una pluralidad de empresas, privadas, tanto nacionales como extranjeras, y públicas, ya sea estatales puras como con accionariado con participación del público.
P.: Ustedes plantean una disconformidad con la marcha de la explotación en el yacimiento de gas de Camisea, donde operan empresas argentinas como Techint y Pluspetrol.
G.G.N.: Usted está hablando de la empresa Transportadora de Gas del Perú (ndr: del que participan las firmas argentinas). Todo Perú le reclama que sea eficiente, que si ha pactado un contrato, lo cumpla con rigor técnico. Desafortunadamente, allí ha habido cinco eventos graves en un poliducto y hay una auditoría en marcha porque se ha producido una contienda por el diámetro del poliducto, que todos suponíamos debía ser suficiente para sacar toda la producción, con Hunt Oil, cuyo pozo está más abajo. Si el número de eventos superara la norma contractual, sería causal automática de resolución y corresponderá al Estado actual en consecuencia. Pero no lo conocemos, así que no podemos opinar a priori sobre el tema. En todo caso, no nos importa tanto la empresa, sino la actividad. Por ejemplo, que el gas se transforme en energía, en productos industriales, en sillas plásticas para las 60 mil escuelas pobres del Perú.
Libre comercio
P.: ¿Apoyan o no el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos?
Félix Jiménez: Nosotros buscamos expandir el mercado doméstico, la inversión en manufacturas, que la agricultura se expanda, que crezcan su productividad y su competitividad. Los TLC son útiles si contribuyen a esos objetivos. Si los limitan o no suman, no. En el caso del TLC con Estados Unidos, estamos entregando el mercado doméstico a una producción subsidiada, que es más eficiente que la peruana en lo tecnológico, por lo que los productores domésticos serían arruinados. Tenga en cuenta que sólo 3,5% de ellos está asociado a la agroexportación.
P.: Pero sabe que la posibilidad de que Estados Unidos elimine esos subsidios, al menos en su totalidad, es utópica a corto plazo. Entonces, la renegociación que plantean no sería viable.
F.J.: La experiencia histórica muestra que se pueden generar posibilidades para renegociar. Si se abre esa posibilidad, no hay por qué rechazarla. Pero déjeme comentarle algo más, porque esto tiene otros bemoles. Si usted revisa el capítulo de inversiones, va a encontrar cosas que impedirían el desarrollo de nuestro concepto de actividades estratégicas. Por ejemplo, está la idea de la «expropiación indirecta», que habilita a las empresas a demandar al Estado ante cualquier medida que éstas consideren que perjudican sus ganancias futuras. Disposiciones impositivas, medioambientales. Es sorprendente que se haya negociado algo así.
P.: ¿Ustedes suelen ser presentados como « chavistas peruanos»? ¿Aceptan ese calificativo?
G.G.N.: No lo aceptamos en modo alguno. Lo que hay es una campaña financiada por intereses estadounidenses que busca imponer el miedo como sustituto de la carencia de ideas de muchos políticos peruanos.
P.: ¿Se sienten más cerca de Lula que de Chávez, entonces?
G.G.N.: En toda Latinoamérica los pueblos buscan nuevos caminos ante el fracaso del neoliberalismo. Cada uno mata sus pulgas a su modo. El presidente Lula tiene un diseño estratégico, democrático, apoyado por fuerzas locales, que le da una autonomía importante y un liderazgo en materia de comercio internacional, por ejemplo. El presidente Kirchner, por su parte, es un ejemplo de negociación vigorosa con la comunidad financiera internacional. Evo Morales tiene el apoyo de 80 o 90% de la población...
F.J.: Nosotros planteamos un modelo de desarrollo que debe darse en el marco de una economía abierta y de mercado. No hay ningún salto hacia atrás, hacia políticas que ya fracasaron en América latina. En lo macroeconómico creemos en políticas monetarias y fiscales modernas. En lo monetario apuntamos a establecer metas de inflación, como en Brasil y en Chile. Que haya una intervención para que el tipo de cambio sea estable y no perdamos competitividad.
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