Bagdad y Washington (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, presentó ayer ante el Parlamento un «plan de reconciliación» destinado a los grupos insurgentes y que prevé una amnistía para quienes «no tengan las manos manchadas de sangre iraquí». Estados Unidos reaccionó positivamente, aunque tomó la medida con cautela.
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Con tono enérgico, Al-Maliki se dirigió en la presentación de su plan de 24 puntos principalmente a la insurgencia liderada por sunnitas, que protagonizan la mayor parte de los atentados y tienen al país sumido en la inseguridad.
La iniciativa, la primera de su tipo desde el derrocamiento hace 39 meses del régimen de Saddam Hussein, incluye la promesa de una amnistía para gran parte de los detenidos por su pertenencia a grupos terroristas, en un paso que el mandatario espera que ayude a la minoría sunnita a integrarse en el proceso político y termine con los grupos rebeldes.
Sin embargo, el primer ministro, uno de los dirigentes del partido chiita Al-Dawa, insistió en seguir con su política de lucha contra el terrorismo y contra aquellos que intentan conducir al país hacia una guerra civil.
«Habrá una amnistía para quienes no participaron en actos criminales y terroristas ni en crímenes de guerra y contra la humanidad», afirmó Al-Maliki, que añadió que «aquellos contra los que no tengamos pruebas de sus crímenes deberán ser liberados de inmediato».
Diálogo
El plan presentado también incluye la apertura de un diálogo con las fuerzas multinacionales para negociar su retirada gradual de Irak, aunque no mencionó una fecha en particular (ver aparte). Además, incluirá algunas medidas para reintegrar en la legalidad a los miembros del Partido Baaz (de Saddam Husseim), cuya prohibición dejó a miles de personas en la ilegalidad y, según los observadores, los empujó a unirse a la insurgencia.
El primer ministro, que asumió el 20 de mayo, insistió en que la continuación de la violencia diaria es un hecho que «hay que afrontar con firmeza».
«Presentamos una rama de olivo a aquellos que quieran unirse al proceso de paz, pero también presentamos una ley enérgica a aquellos que continúen oponiéndose a este proceso. No habrá reconciliación para los criminales responsables de la muerte de iraquíes hasta que no reciban su castigo», señaló.
Paralelamente, la violencia no dio tregua y acabó con la vida de al menos 21 personas en diferentes atentados. Al tiempo que fueron secuestrados 16 empleados del gobierno y las tropas japonesas en Irak comenzaban a retirarse del país.
El gobierno norteamericano recibió con agrado la noticia, pero advirtió que necesitará tiempo y ayuda. «Por supuesto que recibimos con agrado esta iniciativa del gobierno iraquí», dijo un portavoz de la Casa Blanca, Ken Lisaius, que calificó el plan como «el inicio del proceso, no el fin».
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