Lima (enviado especial) - Realmente llama la atención la vehemencia con que el grueso de la prensa peruana está jugando en la recta final de la campaña electoral. Y el juego, claro está, apunta a reducir las posibilidades de Ollanta Humala, percibido por los sectores moderados como una amenaza mortal para la democracia y el libre mercado. Las encuestas, que lo muestran liderando, y el temor a un «efecto Evo Morales» -esto es, la aparición el domingo de un supuesto voto oculto que, eventualmente, lo acerque a un triunfo sin ballottage- sólo han hecho crecer el nerviosismo.
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Todo Perú habló ayer de las declaraciones de Humala conocidas en la Argentina, según las cuales, si gana la socialcristiana Lourdes Flores, «pasaría lo que pasó con los presidentes de otros países latinoamericanos que fueron sacados por el pueblo. Creo que sería muy difícil que llegue a cumplir un año de gobierno».
La reacción de la aludida fue la esperable, ya que calificó los dichos del militar retirado como «inaceptables» y como «una amenaza». A ella se sumó Alan García, quien por un momento dejó de confrontar con la candidata del centroderecha, con quien pelea la posibilidad de entrar en un ballottage, y «atendió» al nacionalista, conminándolo a «tener el coraje de dar el golpe (de Estado) de frente».
Pero lo llamativo provino de la prensa escrita. «El Comercio», el diario más tradicional e influyente del país, hizo del tema el principal título de su portada: « Humala lanza una velada amenaza antidemocrática», lanzó sin ambigüedades.
Calificativos
Después de hablar de «intimidación golpista», «El Comercio» calificó en su editorial las declaraciones como «peligrosas e inaceptables incitaciones a la violencia».
«Hay aquí un tufillo golpista inaceptable (...) Lamentablemente éste no es el único despropósito violentista del humalismo (...) ¿Quiere decir que sólo acepta las formas democráticas si los resultados le son favorables?» Definitivamente, si Humala quiso hacer futurología, la jugada le costó cara.
Como si su editorial fuera poco, «El Comercio» publicó también una viñeta en la que el nacionalista exclama «¡Madre Mía!» ante la imagen de la muerte, que se le aparece guadaña en mano. «Madre Mía» es el nombre de la base en la que en 1992 el candidato, entonces comandante del Ejército, habría perpetrado violaciones a los derechos humanos (tormentos y desapariciones) de supuestos terroristas.
El otro diario tradicional de Perú, « Expreso», tituló a modo de catástrofe en su tapa: «Humala no acepta posible derrota en elecciones y amenaza con revuelta».
Su editorial no apuntó directamente a la gaffe del candidato sino a su misma postulación. «Es un hecho que su candidatura se ha fabricado tan sólo a escasos meses de las elecciones. De otro lado, las constantes incoherencias que estamos viendo alrededor de su entorno -por ejemplo, cuando su candidato a vicepresidente Carlos Torres convoca al propietario de un canal de TV para extorsionarlo (...) o cuando su principal asesor, Salomón Lerner Ghitis, se reúne siniestramente con el embajador de un país al que Ollanta encona a diario en las plazas públicas (NdR: Chile)- son claras señales de putrefacción al interior del humalismo, que aflorarían con mucho mayor peligro si llegara a tener al país en sus manos.» Este editorial va acompañado con una viñeta en la que una mujer que lleva un cartel que llama a votar por Flores se topa en una esquina con tres patoteros humalistas temibles armados con palos y cuchillos.
La cobertura de «Expreso» sobre el tema se extiende 7 páginas, algo entendible ya que es uno de los medios más jugados contra el nacionalista. Todavía es aquí motivo de comentario una tapa publicada a principios de año, que verdaderamente provocó estupefacción, en la que se lee «Lobby judío con Ollanta» y se ve al candidato con una estrella de David de fondo. El artículo, en rigor, sólo hablaba de individuos de religión judía que se habían acercado a su campaña.
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