Las presiones políticas y mediáticas para que EE.UU. acelere su salida de Irak no afectan el convencimiento de George W. Bush. Esta es la lectura que debe hacerse de la visita relámpago que el presidente norteamericano realizó el lunes por la noche a Bagdad, preparada en el mayor secreto durante un mes y que sorprendió incluso a sus más cercanos colaboradores. En lo formal, se trató de un aval al nuevo gobierno de ese país. Pero, más profundamente, significó la ratificación de que la presencia militar dista de tener los días contados. El mal humor de la opinión pública estadounidense contra la ocupación no parece definitivo y responde, antes que nada, a los vaivenes naturales que acompañan el desarrollo del conflicto. Así se explica que la popularidad del mandatario haya repuntado con fuerza en los últimos días, tras el abatimiento del líder terrorista Al-Zarqawi.
George Bush y el premier Nuri al-Maliki, durante su encuentro de ayer en Bagdad. El presidente estadounidense dio un contundente apoyo al nuevo gobierno iraquí.
Bagdad (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - George W. Bush viajó sorpresivamente ayer a Bagdad para respaldar al nuevo gobierno iraquí, algo que los analistas interpretaron como una ratificación de que las tropas norteamericanas permanecerán en Irak.
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«Me gustaría que usted admitiera que el futuro de su país queda en sus manos», dijo Bush al primer ministro Nuri al-Maliki durante su inesperado viaje a Irak, donde los dos dirigentes mantuvieron una videoconferencia con altos funcionarios estadounidenses que se encontraban en la residencia Camp David, Maryland. Esta es la primera vez que Bush se reúne con Al-Maliki, y es su segunda visita a Irak tras la invasión de Estados Unidos en marzo en 2003.
Bush le aseguró al premier que la ayuda de Estados Unidos continuará, indicaron tras la videoconferencia los funcionarios, entre los que se encontraban la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Augurio
«Si reciben la ayuda apropiada, estoy convencido de que lograrán el éxito», les auguró Bush a los iraquíes. «No sólo he venido para conocerlo, sino también para decirle que, cuando Estados Unidos dice algo, lo cumple», señaló el mandatario, que la noche del lunes dejó la residencia en absoluto secreto para este viaje a Irak (ver aparte).
«Las decisiones que usted y su gabinete tomen serán determinantes para que el país se gobierne, se mantenga y se defienda por sí mismo», dijo Bush, que se declaró «impresionado por el gabinete» que Al-Mailiki formó.
«Estamos determinados a vencer al terrorismo», declaró, por su parte, el mandatario iraquí. « Venceremos al terrorismo con el apoyo y la colaboración de EE.UU. El éxito es imperativo para nosotros para salir de la crisis y vencer al terrorismo y a los que obstaculizan el proceso político», agregó.
Bush utilizó también el viaje para agradecer a sus soldados el trabajo que realizan en el país árabe. «Les agradezco sus sacrificios, les agradezco por los servicios que ustedes aportan, les agradezco por hacer la historia», dijo Bush.
Comentando los despliegues de larga duración de las tropas en Irak, el presidente afirmó: « Comprendo que esos despliegues sean duros, lo son para ustedes y sus familias».
«Lo primero que quiero decirles es que el pueblo norteamericano reconoce lo que ustedes hacen y les traigo sus saludos y agradecimiento por los sacrificios que hacen, al igual que sus familias.»
«El pueblo de este país sufría bajo el control de un tirano brutal. Y gracias a las fuerzas de Estados Unidos y de la coalición la gente está liberada de las garras de Saddam Hussein», agregó.
Bush, que abandonó Irak a final de la tarde, también expresó su confianza en el general George Casey, comandante de la fuerza multinacional en Irak, y en el embajador de Estados Unidos en Bagdad, Zalmay Khalilzad.
Este desplazamiento de Bush se produjo menos de una semana después de la muerte del líder de Al-Qaeda en Irak, Abu Mussab al-Zarqawi, que falleció en un bombardeo norteamericano el miércoles pasado.
Precisamente ayer, el sucesor de Al-Zarqawi prometió castigar a los sunitas que participen en el proceso político en el país, en su primer comunicado, difundido en Internet. Abu Hamza al-Muhajer amenazó a «aquellos sunitas que han defraudado a nuestra 'umma' (nación islámica) y abrazaron a los cruzados y colaboraron con los envidiosos 'rafidha' (chiitas)».
Paralelamente, la violencia volvió, una vez más, a sacudir el país y a cobrarse decenas de vidas. Treinta y seis personas murieron y decenas resultaron heridas en varios actos de violencia, según fuentes de seguridad.
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