Día a día crece la impresión de que el gobierno está alimentando en el movimiento piquetero un monstruo que puede salirse de su control, con consecuencias muy peligrosas para la democracia y la tranquilidad social.
«Nos hemos convertido en caudillos populares», dijo, otorgándose insólitamente un status que pueda justificar su acceso a los despachos oficiales para obtener «explicaciones» sobre el presupuesto del país.
Por si semejante amenaza no fuera suficiente, se despachó con una crítica cruda hacia el gobierno. Hay «un cambio de estilo y de relación» desde la asunción de
Dijo una verdad, pero al hacerlo puso en un brete al gobierno que lo protege, lo cual hace aun más indefendible la relación que desde el Estado se mantiene con estos grupos, incluso desde el cálculo de ventaja política. Demasiado dispendio a través de entrega de planes y demasiado riesgo al crear burocracias administradoras de dádivas, sobre todo con el agravante de que hacen política con métodos incompatibles con la democracia.
Por último, ayer protagonizó junto con los militantes de su Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados un incomprensible piquete en la Panamericana contra los peajes, donde impidió que los empleados de la empresa concesionaria cobraran a los automovilistas. Lo hizo con total impunidad.
«Ahora no planteamos cortes de rutas sino movilizaciones populares», dijo explicando su nueva modalidad de protesta, que consiste en perjudicar a empresas privadas. Inclusive, en el colmo de la burla, coronó su «conversión» a una nueva forma de manifestación reclamando la aplicación del artículo 194 del Código Penal, «que pena con uno a 3 años de cárcel a los que obstruyen la libre circulación en las rutas». ¿Hasta cuándo habrá tanta tolerancia con estos personajes? Miedo a su «popularidad» no debe ser; D'Elía, otro jefe piquetero, maneja cada mes 70.000 planes Jefas y Jefes de Familia y como candidato a gobernador sólo obtuvo 43.000 votos (0,76%). Sin comentarios.
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