11 de julio 2003 - 00:00

¿Cristina será sherpa en la cumbre?

Londres (enviado especial) - Nadie esperaba que un tal Néstor Kirchner estuviera aquí hace tres meses, cuando se terminó el proceso de armar la agenda del encuentro de la llamada tercera vía. El último interesado en esa ruta de la imaginación había sido Fernando de la Rúa, pero nadie sabía dónde había acabado y se lo siguen preguntando hoy. Cuando después del 27 de abril ganó «el-no-Menem», ¿cómo no invitar al nuevo, fuera quién fuera? Como además estaban anotados ya Ricardo Lagos y Lula Da Silva, hasta quedaba desprolijo no enviarle un pase.

Además Kirchner no es un hombre viajado: los arqueólogos de este viaje recuerdan que acá estuvo de embajador Mario Cámpora -dedicó mucho tiempo de ese empleo a dictar una biografía de su tío-, quien después honró los fogones del grupo Calafate cuando en 1999 se hizo la única reunión en aquel santuario kirchnerista. No es antecedente porque Mario Cámpora se alejó del kirchnerismo y pasó a formar parte de las reuniones que organizaba Eduardo Menem como secretario de relaciones exteriores del PJ en la calle Matheu. Si hubiera tenido la paciencia de un Juan Pablo Lohlé, hoy estaría haciendo las valijas para ser embajador del santacruceño. Quien en realidad indicó que se lo invitase a Kirchner fue Anthony Giddens, profesor y teórico de la tercera vía, que suele ir a Buenos Aires y tiene algunos amigos que le indicaron que convenía escucharlo a este antimenemista, es decir adversario de un hombre que llevó al PJ, el mismo partido de Kirchner, a anotarse en las internacionales de la democracia cristiana y conservadora. Es decir un enemigo de la «progressive governance», un alumno del consenso de Washington, un campeón del verdadero enemigo de esta tercera vía, que es el individualismo.

En efecto, cuando uno ha leído los papeles previos de esta cumbre -muchísimos y sobre todos los temas-, la conclusión es que esta nueva versión del laborismo toma todos los issues del capitalismo más ortodoxo, lo saluda como autor de la bonanza que los llevó a estos laboristas al poder, pero que se pone el ropaje de la filosofía fabiana y repudia al individualismo.

El objetivo del movimiento es en realidad conservar el poder que la liga ya tiene en los países de donde vienen los miembros fundadores practicando el modelo de acumulación más ortodoxo, pero poniendo la misión de -en palabras de Peter Mandelson-, de «proteger a la gente de las inseguridades de ayer y de hoy».

Eso le permite hasta apoderarse del léxico de las escuelas de negocios y pide que la tercera vía trabaje en favor de «business friendly policies» (politicas pro negocios () y festeja el talento con el cual el Partido Laborista inglés repudió el compromiso del artículo 4 de su carta, que pedía la «nacionalización de los medios de producción, distribución e inter-cambio», o cómo el partido Social Demócrata alemán repudió el marxismo en el congreso de Bad Godesburgo en 1959. «En un mundo interdependiente -declama Mandelson-, ningún país puede hacer una agenda para él solo». Más aún: el grupo tiene como primera misión justificar las intervenciones en terceros países como ocurrió en Irak. Mejor que la lectura de estos documentos no se haga en voz alta en el avión presidencial porque alguno de los acompañantes del Presidente podría pedir el uso inmediato del paracaídas.

¿Con qué gesto lo esperan? Más curiosidad que prevención. La rabia ya la proyectaron sobre su antecesor Duhalde, a quien debieron traer a Europa para que viera cuan globalizado estaba el mundo. Lo que no le van a dejar pasar es ninguna justificación para no respetar contratos, pagar deuda o negociar el default. Si quiere estar en el club tiene que pasar el examen médico y jugar al tenis de blanco, es decir, cumplir con los estándares internacionales que los mismos anfitriones de hoy han puesto en vigencia, justificando para ello la guerra y la ocupación de países «malignos». Aunque saben que es puro grupo, tienen los mandatarios que se verán esta se-mana con Kirchner informes de sus embajadores de que éste es un hombre metedor, un gallo de pelea, que le gusta la gresca y que le tengan miedo. Que intenta superar el pecado de cuna -después de todo no ganó las elecciones-, alzando la voz. Y eso ha gustado, como le trasmitieron en la semana previa al canciller Bielsa algunos embajadores de países europeos.

• Pedido

Tanto que el enviado del gobierno alemán -no está anotado pero puede aparecer Gerhard Schröder de sorpresa, corrido de sus vacaciones italianas por el declinante Berlusconi-, ha pedido reunirse a solas con Kirchner. ¡Siemens!, gritan los apresurados. Sólo lo van a invitar a viajar a Alemania cuando él decida. Un gesto, tal vez un placer.

Es cierto también que en algunos pasajes algo herméticos del programa aparece los presidentes indicados con un asistente junto a «sherpa» o «sherpas». No es cierto que se trate de una sherpa, Cristina de Kirchner, a quien el Presidente ya coronó como capitana de su gobierno -la trae a esta reunión de ideólogos para discutir de política y donde le van a tomar examen. Pero esa palabra traduce con alguna sorna la palabra «baqueano», que introdujo el organizador de esta visita, el futuro embajador en este país, Federico Mirré. «Baqueano» es quien acompaña al jefe de misión y le va indicando qué tiene que hacer y cuándo, porque un presidente no tiene necesariamente por qué conocer de antemano el protocolo de las cortesías y modos de las reuniones internacionales.

El «baqueano» de Kirchner es en realidad el actual embajador, Vicente Berasategui, a quien se le reconoce experiencia como hombre de organismos multilaterales, y sabe qué tiene que hacer cada uno para no salirse del libreto y terminar declarando la guerra por apenas un brindis mal direccionado.

Berasategui es el real «baqueano» del Presidente y sólo en las reuniones adonde Kirchner está autorizado a llevar a un acompañante la llevará a su esposa, así como Lagos trae a su hijo economista y Lula a su Jorge Castro, el teórico Marco Aurelio García.

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