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Del Operativo Aguila III valen los desatinos que aparecen en la espléndida nota vecina, sin olvidar que hasta quizás haya que devolver dinero si es cierto que los Estados Unidos hicieron un adelanto para realizar esa experiencia frustrada (se habla de un anticipo a la Fuerza Aérea). Esta menudencia no es lo grave, sí quizás el compromiso incumplido del Canciller, quien aseguró la participación del país en un ejercicio militar con otras naciones y, luego, hubo de desdecirse. (Ver nota aparte). Como si hubiera hablado sin el permiso de Kirchner o, lo más probable, por alguna razón éste modificó su inicial consentimiento y lo dejó en falsa escuadra a Bielsa. Importa poco en este mundo la palabra de los argentinos -ya que ni siquiera pagan lo que firman-, pero tal vez no hubo necesidad de agregarle más lamparones a esa costumbre con la deserción a una materia que Washington considera vital: la seguridad regional (tanto que algún atrevido imaginó ese operativo como una alternativa por si en algún momento se requiere participación en Colombia). Falla doble entonces de la Casa Rosada en una cuestión sensible, pues a la suspensión (por no darle inmunidad a las tropas visitantes) hay que agregarle el hábito de no cumplir con lo que se promete.
Por lo tanto, cierta desconfianza generan las declaraciones públicas, de funcionarios locales y norteamericanos, sobre la calidez del vínculo entre los dos países. Hay otros hechos que nublan esa relación (hoy más «oral» que «carnal», como dice un cómico) y, en la práctica, pareciera que Washington es más generoso y leal con Buenos Aires, de lo que Buenos Aires es con Washington.
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