El lunes 29 de setiembre el "Buenos Aires Herald" publicó un lúcido editorial acerca del cada vez más amenazante accionar piquetero. En el mismo se denuncia la nueva modalidad de impedir el cobro del servicio en empresas de subterráneos (y antes en autopistas y trenes) y se reivindica la necesidad de que el gobierno aclare pronto su política hacia estos grupos.
Tal vez nadie evidencie más las confusas actitudes del gobierno hacia los piqueteros que el propio presidente Néstor Kirchner. Siempre en busca de formas de diferenciarse de su predecesor y otrora mentor, el presidente provisional Eduardo Duhalde, Kirchner descubrió en una temprana etapa a los piqueteros, que habían florecido como hongos en tiempos de Duhalde. En varias ocasiones, Kirchner ha dejado entrever que querría interrumpir las dádivas de Duhalde, con el fin de emprender obras públicas, al darse cuenta de que su sueño de un «país serio» es incompatible con la negación de cualquier ética de trabajo por parte de los piqueteros. Pero a la vez, Kirchner ha sido por lo menos tan indulgente con los piqueteros como Duhalde mismo, reuniéndose frecuentemente con sus diversos dirigentes. Kirchner necesita esclarecer urgentemente su actitud hacia los piqueteros, porque ni su inexorable acumulación de una base personal de poder político, ni sus promesas de un superávit fiscal de 3% al Fondo Monetario Internacional (FMI) significarán nada si se deja tomar de rehén por unos grupos variopintos cuya idea del progreso es llevar a todo el país a un parate.
Dejá tu comentario