Sguiglia y García se entrevistarán con el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada a las 10.30, también con el vicepresidente Carlos Mesa y se trasladarán a Cochabamba para reunirse con el dirigente cocalero Evo Morales. En principio, concurren en calidad de «observadores», pero en el gobierno existía anoche la expectativa de que se les requiera una mediación en el conflicto.
Sguiglia y García tal vez terminen haciéndose amigos. La misión que les encomendaron ayer continúa otra tarea en la que estuvieron asociados en los últimos días: la redacción del documento denominado Consenso de Buenos Aires. Ese texto se elaboró sobre la base de un borrador escrito por los dos funcionarios y sobre el que después pasaron las plumas de Jorge Taiana, secretario de Relaciones Exteriores, Amorim, Bielsa y Kirchner.
La susceptibilidad de Brasil frente al pago de la deuda es comprensible: el gobierno está involucrado en una política económica que evite la cesación de pagos. En cambio, en el caso argentino, ese episodio ya se produjo y ahora el cometido oficial es negociar la quita sobre los bonos en «default».
El resto del texto es tan moderado como ese párrafo. Hasta se despejan algunas incógnitas, como el compromiso de Brasil con el ALCA y con la Ronda de Doha de la OMC. Como se informó en este diario, Itamaraty atraviesa una crisis por la actitud intransigente de los negociadores comerciales brasileños, que tuvieron un papel decisivo en que se frustrara la reunión de Cancún de la OMC. Tanto Amorim como García hicieron en los últimos días gestiones para sofocar el espíritu rupturista del secretario general de la Cancillería brasileña, Samuel Piñeiro Guimaraes. El texto que firmaron Kirchner y Lula fue la última expresión de esa política que vuelve las negociaciones comerciales al carril de la negociación con los Estados Unidos y los demás países industrializados.
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