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17 de julio 2003 - 00:00

Retrato en sepia en Tanti: montoneros brindan por K

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La sede para la reunión fue la bancaria de Tanti, que regentea Luis «Vitín» Baronetto, acaso el dirigente ubicado más a la izquierda de la asociación de Juan Zanola. La casa se llenó de nostalgia. Desde Buenos Aires había llegado Juan Carlos Dante Gullo, quien frecuenta la Casa Rosada casi con la misma asiduidad con que lo hizo algún día, en tiempos de Carlos Menem. También viajó Carlos Kunkel, un ex jotapé que supo pasear a Kirchner por Florencio Varela y Avellaneda cuando nadie apostaba una moneda al actual Presidente. Fue quien tomó la iniciativa para el cónclave.

Abrazos interminables con Héctor Morcillo y Diego Muñiz Barreto.

Para completar el retrato en sepia entraron en la casa, tomados del brazo, Norberto «Cuqui» Ciaravino, jefe de gabinete de Carlos Tomada en el Ministerio de Trabajo, y su principal asesor, Lucio Garzón Maceda, principal inspirador de Carlos West Ocampo en materia de Derecho Laboral.


El 25 de mayo, con Kirchner en la Casa Rosada, sonó la hora nuevamente para esta veintena de ex militantes de izquierda que, como diría Luis Uriondo, «cambiaron la culata por el Movicom». Alrededor del asado, festejaron la alineación internacional con Lula Da Silva, Hugo Chávez y Fidel Castro y se entusiasmaron con un eje sudamericano del petróleo, tema sensible a un Presidente «ypefiano» como Kirchner (alguien comentó la iniciativa brasileña de asociar Petrobrás con Pedevesa: de allí a una petrolera estatal argentina bastó con dos vinos).

Temerosos de sus propias debilidades para dotar a un gobierno de alguna estabilidad, fantasearon con varias estrategias «para que Néstor no se nos vaya a la derecha». «Para evitar el desviacionismo, tenemos que constituir otro paradigma de gobernabilidad», se entusiasmó Gullo, como si un nuevo modo de decir fuera un nuevo modo de saber. Reivindicación principal, la desregulación del otorga-miento de personerías sindicales, que irrita al ilustrado Garzón Maceda. Al final, cánticos, consignas y despedida.

Con el amanecer del día siguiente, Tanti volvió a la normalidad y Baronetto no tuvo más remedio que echar 55 empleados de la colonia de vacaciones.

Es evidente -ya le pasó con Menem- el paradigma de Gullo está destinado a llegar tarde.

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