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Es habitual que, de pronto, el visitante -al replicar por la situación de su país- explique lo difícil del caso (las herencias recibidas), lo que motivará que el propio Bush diga que en su casa las cosas tampoco funcionan del mejor modo (por déficit o problemas de seguridad en el mundo). La reunión no durará más de una hora, casi con seguridad -a menos que otros compromisos flexibles permitan una extensión-, en la que las dos partes sólo podrán centrar el encuentro para un solo tema o dos, ya que la mecánica impide otras desviaciones. Como participan traductores, el nudo de la entrevista ocupará como máximo de 10 a 15 minutos. Esto es lo habitual en reuniones de estas características, con agenda abierta.
Luego, las dos partes explicarán que de un lado recibieron solidaridad en materia de seguridad y, del otro, que habrá apoyo de EE.UU. para negociar con el FMI (igual que en Europa y se confía en que no se hable, paralelamente, de la necesidad de un programa sustentable para facilitar ese apoyo). Así es el ingreso al club de los presidentes democráticos, al menos así transcurrieron las entrevistas de todos los mandatarios que el año pasado desfilaron por Washington, salvo las expresas omisiones al general Chávez (Venezuela), González Macchi (Paraguay) y Eduardo Duhalde. O sea que Kirchner es equiparado a otros jefes de Estado y distinguido de otros.
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