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Aznar ya conocía la opinión sobre el encuentro con los empresarios del CEOE y el dictamen de «regular pero optimistas» de los jefes de las compañías con intereses en la Argentina por la mezcla de agresividad e invitación a seguir conviviendo. Por eso Aznar omitió gestos rudos, sabiendo además que ya Rodrigo Rato, en otra de las batallas de ayer en el frente de Madrid, ya le había dado un champú a Lavagna sobre el tema tarifas.
Kirchner tampoco fue agrio con el rap sobre la Argentina de ayer y hoy porque conocía la militancia conservadores del anfitrión, su alineamiento estricto con una ortodoxia en casa y el eje del bien en lo internacional. ¿Para qué gastarse y no ensayar alguna manera encontrar la amistad en algún nivel? Por ejemplo en el del juego de palabras con el redicho Aznar y el fraseador Kirchner.
De La Moncloa a La Zarzuela, donde esperan los reyes y el príncipe de Asturias para el almuerzo. Abrazos, referencias a que el martes pasó por todos los palacios Lula con su batucada.
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