30 de julio 2001 - 00:00

¿No podemos ser amigos?

¿No podemos ser amigos?
Terry Macarthy

Y luego está el acecho y ataque. El tiburón está en el sitio adecuado para cazar, el momento para alimentarse es propicio y la presa tiene el tamaño adecuado. Al atardecer del día 6 de julio, Jessie Arbogast, un niño de 8 años, se estaba bañando en las aguas poco profundas de Pensacola (Florida) que hacen de territorio de caza del tiburón toro. Al chapotear en el agua, Jessie debió parecerle al depredador n pez grande herido, un blanco perfecto. El ataque, y la subsiguiente lucha para sobrevivir del niño, han reavivado la instintiva fascinación que nos inspira uno de los depredadores más eficientes que tiene la naturaleza.

Desde el incidente de Florida se han reportado en todo EE.UU. varios ataques de tiburones, o al menos de personas que creen haber sido atacadas por ellos. El 15 de julio un surfista fue mordido, aparentemente por un tiburón, a pocos kilómetros del lugar donde Jessie sufrió el ataque. Al día siguiente se supo que otro surfista tuvo un incidente similar en la costa de San Diego (California). En la costa atlántica, n salvavidas de Long Island (N eva York) sufrió una mordedura en n pie. Finalmente, el miércoles pasado un tiburón tigre de 3,5 metros fue tras unos buceadores que cazaban con arpones en Oahu (Hawai).

Los periodistas se plantaron en las playas con sus cámaras y equipos de televisión para reportar la noticia del verano. De paso entrevistaron a expertos, quienes declararon na y otra vez que durante 2000 en todo el mundo sólo murieron 10 personas como resultado de ataques de tiburón. Pero también dieron algunos consejos. Por ejemplo, debe evitarse nadar al amanecer o al atardecer; es preferible no nadar en aguas turbias y en zonas donde el fondo cae abruptamente; tampoco es aconsejable llevar joyas encima. Tampoco podía faltar la pregunta de siempre: si los trajes de baño amarillos atraen a los tiburones. Desagraciadamente, nadie lo sabe con seguridad; después de todo los tiburones no conceden entrevistas.

Los ataques de tiburón han aumentado en los últimos años. El año pasado se registraron 79 incidentes frente a los 58 de 1999 y 54 de 1998; dos terceras partes de ellos ocurrieron en aguas de EE.UU. Aún así, los ataques siguen siendo relativamente raros. Este aumento reciente podría ser resultado de que haya más surfistas y boogieboarders, así como más nadadores en mar abierto. Más gente equivale a más movimiento en el mar, lo que puede atraer y confundir a más tiburones. Pero el aumento también podría ser casual y en el futuro podría ser considerado como una simple aberración estadística. La verdad es que los humanos somos mucho más peligrosos para los tiburones, quienes tras sus encuentros con los bípedos superiores frecuentemente acaban como sopa o como medicamento. Según la Fundación Surfrider, en California se registra un ataque por cada millón de días de surf. Esto significa que es 30 veces más probable que nos parta un rayo. Según investigadores australianos, los árboles de Navidad con bombillas y cables defectuosos se cobran más víctimas que los tiburones. Pero los rayos y árboles de Navidad son riesgos que ocurren en tierra. Los tiburones acechan en el vasto y misterioso océano, un elemento que sigue evocando temores primordiales. Veloces como relámpagos pero mucho más sanguinarios, los tiburones son la encarnación de estos temores.

Sin embargo, la Ciencia tiene ahora un mayor conocimiento del comportamiento de los tiburones. Investigadores de Florida, California y Hawai están utilizando nuevas tecnologías para rastrear sus movimientos mediante satélites, investigar sus patrones de conducta y saber en qué circunstancias atacan sin provocación. Los que más se han estudiado son los tiburones blancos, los tigre y los toro, las tres especies implicadas en la mayoría de los ataques. Ahora se sabe que los tiburones blancos mantienen su sangre más caliente que las aguas circundantes, que el tiburón tigre nunca ataca dos veces en el mismo lugar, y que el tiburón toro tiene más testosterona que cualquier otra criatura viviente. Cada una de estas especies tiene su propia dieta y sigue patrones de conducta y formas de ataque diferentes.

Los científicos creen que en un futuro se podrá desmitificar a los tiburones y acabar con su imagen de devoradores que acechan en las playas, como en Tiburón , la novela de Peter Benchley y que en su adaptación cinematográfica pasó a ser un clásico de Steven Spielberg. Benchley actualmente se considera defensor a tiempo completo de la fauna marina , y la se-mana pasada declaró a TIME que ahora no podría escribir Tiburón . Agrega que tras 25 años de haberlos estudiado la imagen monstruosa que tienen no es real. Antes se pensaba que los tiburones blancos iban a cazar humanos. Pero ahora sabemos que, salvo en muy raras circunstancias, estos ataques son casi en su totalidad por error . El Dr. Robert Lea, biólogo marino del estado de California, va aún más lejos: Antes los llamaba ataques, pero ahora los considero incidentes. No se trata de tiburones que cazan humanos, sino simplemente de personas que se encuentran en el mar cerca de un tiburón en el momento equivocado .

El tiburón es uno de los diseños más perfeccionados de la naturaleza, desarrollado durante 400 millones de años. Son audaces, sutiles y letales. Los estudios demuestran que algunos pueden detectar cambios en las corrientes eléctricas de apenas

5.000 millonésimas de voltio, una sensibilidad que utilizan para cazar presas ocultas en la arena y para navegar guiándose por el campo magnético de la Tierra. Son como esos aviones [de vigilancia] AWACS, con toda su tecnología y sensores , explica Sean Van Sommeran, director ejecutivo de la Fundación para la Investigación del Tiburón Pelágico de Santa Cruz, en California. Las pruebas existentes hasta ahora sugieren que en los raros casos en que atacan humanos, es porque los confundieron con focas u otras presas. Casi siempre escupen la carne humana tras la primera dentellada. El problema es que se trata del mor-disco de unas quijadas que pueden llegar a medir hasta 1 metro de ancho, armadas además con cientos de cuchillos afilados.

EL GRAN TIBURON BLANCO


Scott Yerby nunca vio al tiburón que le atacó mientras hacía surf en Clam Beach, cerca de Eureka, en el norte de California. Esta cosa se me echó encima. Tenía la fuerza suficiente para levantarme del agua , narra Yerby, quien sufrió el ataque en agosto de 1997 cuando tenía 29 años. Me mordió una pierna, podía ver mi fémur. El agua se puso roja de la sangre. Supe que era algo grave . Golpeó al tiburón en la nariz (se recomienda como defensa de último recurso, junto con rasgarles las branquias).Volvió a su tabla de surf como pudo y con su compañero que aparentemente se libró del ataque consiguió llegar a la playa. Para uando la ambulancia lo llevó al hospital, los médicos dictaminaron que había perdido casi la mitad de su sangre y que estaba a punto de morir. Mientras se recuperaba de sus heridas en el hospital, muchas de sus visitas le preguntaron si tenía pensado salir a cazar al tiburón que lo había atacado. No vi razón para hacerlo. Después de todo, el tiburón estaba en su elemento , dice Yerby.

El tiburón blanco está perfectamente adaptado a su elemento. Puede llegar a medir más de 6 metros de largo y pesar 1.800 kilos. Reciclando el calor de sus músculos natatorios mantiene una temperatura corporal más alta que la de las aguas circundantes. De este modo pueden cazar en aguas muy frías lo que, según Van Sommeran, parece hacerlos más vigorosos . Se alimentan vorazmente de focas cuando patrullan el Triángulo Rojo , una franja costera en California de 160 kilómetros que se extiende entre Bodega Bay y Santa Cruz. Tienen hígados enormes lo que les permite almacenar grandes cantidades de energía, y pueden pasar meses sin comer.
Nadie ha visto tiburones blancos apareándose, pero algunos biólogos piensan que luego de engordar en las costas se dirigen a las profundidades marinas para procrear.

El grupo de investigación de Van Sommeran está a punto de descubrir dónde van los tiburones blancos en invierno, cuando salen de las costas de California. En 1999 los biólogos comenzaron a adosar una especie de etiquetas electrónicas a los cuerpos de los escualos. Estas chapas de identificación miden continuamente su posición, profundidad, velocidad y dirección, y almacenan esos datos en archivos digitales. Pasados seis meses, la microcomputa-dora insertada en la etiqueta transmite una corriente eléctrica a través de una mecha de magnesio que se disuelve en el agua al quemarse y permite que la etiqueta emerja a la superficie. Desde ahí transmite una señal que es recogida por un satélite. Una vez localizada la etiqueta, el satélite baja toda la información almacenada de los movimientos del tiburón. Las distancias recorreidas son enormes. En Australia, un tiburón recorrió casi 3.000 kilómetros de la costa del país en apenas tres meses.

Los tiburones blancos son los que causan más víctimas mortales. Según el Archivo Internacional de Ataques de Tiburones del Museo de Historia Natural de Florida, desde 1876 se han onfirmado 254 ataques no provocados contra humanos, de los cuales 67 fueron fatales. A-modo de comparación, en el mismo período se registraron 83 ataques de tiburones tigre, de los que 29 fueron fatales, y 69 ataques de tiburones toro, con 17 muertos. Los ataques de tiburones blancos contra los humanos son generalmente de una sola dentellada. Aunque los investigadores no están seguros, al parecer los órganos sensoriales del tiburón distinguen de inmediato entre la carne humana y la de la foca, que prefieren por ser más rica en grasas.

Los investigadores que observan tiburones blancos junto a las Islas Farallon, al oeste de San Francisco, ya reen saber por qué los tiburones a veces confunden a los humanos con focas. Pyle ha notado que la mayoría de los tiburones blancos que atacan a humanos casi siempre miden entre 2,5 y 3,5 metros, y por consiguiente se trata de tiburones jóvenes y bisoños que están pasando de una dieta de pescado a una de focas, más grandes y nutritivas. Como están aprend endo nuevas técnicas de cacería, a veces confunden a los surfistas con las focas , explica Pyle. En cuanto el tiburón crece, aprende a diferenciarlos mejor.

A diferencia de los tiburones tigre y toro, los blancos cazan casi siempre de día. Su método preferido es lanzarse verticalmente desde unos 9 metros de profundidad, expulsando a sus presas del agua con el impacto. Unos nvestigadores de Sudáfrica recientemente tomaron espectaculares películas de tiburones blancos saltando casi cinco metros en el aire con una foca entre los dientes.

TIBURON TIGRE


Jesse Spencer, de 18 años, estaba haciendo surf en Hawai en octubre de 1999. De pronto, un tiburón tigre de 3 metros salió del agua y lo hizo caer de la tabla de surf. La nariz del tiburón golpeó la cabeza de Spencer y sus mandíbulas se cerraron sobre un brazo. Casi podía ver a todo el tiburón. M codo estaba en su garganta . El escualo le desgarró músculos, tendones y venas. Luego dió un mordisco a la tabla de surf y desapareció. Spencer logró llegar a tierra, y su brazo se está recuperando, aunque todavía no puede sujetar cosas con la mano. Su error fue haber hecho surf al atardecer.

El tiburón tigre generalmente caza de noche, y devora indiscriminadamente. Según Rocky Strong, un biólogo de tiburones asociado con el Instituto Jean-Michel Cousteau, está dispuesto a probar cualquier cosa . Pueden ser peces, tortugas o mamíferos marinos, pero también perros, botas, latas de cerveza o conservas. Sus dientes aserrados tienen muescas para prender y cortar ligamentos o caparazones.

Ultimamente se ha observado un aumento de los ataques de tiburones tigre contra humanos en Hawai. Según John Naughton, del Programa de Conservación del Habitat de Hawai, esto podría ser debido al aumento en la población de la tortuga verde desde que esta especie quedó protegida en los años 70. Las tortugas se acercan a las playas, donde los tigre las acechan y cazan, pero así también quedan cerca de bañistas y surfistas . Los tiburones tigre no tienen la velocidad o la efectividad de los ataques sorpresa de los blancos y muchas víctimas humanas los han visto acercarse antes de atacar. Sin embargo, son persistentes. Si te muerde un tiburón tigre es muy probable que termine devorándote, porque vuelven al ataque , explica John McCosker, un científico de la Academia de Ciencias de California.

Tras una racha de ataques a principios de los años 90, los habitantes de Hawai iniciaron una campaña para matar a estos depredadores. Pero desde entonces los científicos han averiguado que los tiburones tigre no son territoriales por lo que la posibilidad de atraparlos en el lugar del ataque es mínima. La doctora Kim Holland, del Instituto de Biología Marina de la Universidad de Hawai, ha implantado en los vientres de tiburones tigre etiquetas dotadas de pequeños transmisores acústicos para rastrear sus movimientos. Estas etiquetas envían datos a receptores submarinos instalados en bahías poco profundas, los cuales son rescatados cada tres semanas. Sabemos que no delimitan territorios y que más bien van de una isla a otra , afirma Holland.

TIBURON TORO

Cuando un tiburón toro de unos 3 metros de largo atacó a Dawn Schauman en octubre de 1993, éste sintió como si me arrollara un camión. Luego sentí un apretón como si me estuvieran aplastando y un terrible ardor en el brazo y pierna izquierdos . El tiburón la hizo girar, dejándola desorientada mientras se desangraba en el agua. Luego el tiburón desapareció y Dawn, embarazada de 6 meses y medio, pudo llegar a la playa sólo a fuerza de voluntad. Más tarde, su bebé nació prematuramente pero sano y salvo. Dawn pasó meses despertándose a las 3 de la mañana, reviviendo imágenes del ataque.

El tiburón toro pocas veces mide más de 3 metros y su peso ronda los 230 kilos, pero lo que le falta en tamaño le sobra en agresividad. Los expertos lo consideran el más belicoso de los tiburones. Según Robert Hueter, director del Centro de Investigaciones de Escualos del Laboratorio Marino Mote en Sarasota (Florida), los tiburones toro tienen más testosterona que cualquier otro ser viviente, incluyendo los leones y los elefantes. Sus colmillos inferiores están diseñados para sujetar la presa mientras los dientes superiores, triangulares y aserrados, arrancan la carne. El tiburón toro embosca a la presa y le inflige una herida mortal , explica Hueter. Es temerario y ataca presas de su mismo tamaño.

Lo que caracteriza al tiburón toro es que puede vivir en agua salada o dulce. Ha atacado gente en el lago Nicaragua y se le ha visto más arriba de Saint Louis (Missouri) en el río Mississippi. Los tiburones que nacen en el delta del Mississippi viven unos seis meses en las aguas salobres para luego migrar por las costas de Florida y pasar el invierno en los cayos.
Es el único tiburón que merodea en aguas de tan poca profundidad que los humanos pueden vadearlas. Además, podría ser territorial. El bió-logo australiano de tiburones Ian Gordon ha vadeado en playas de Florida para provocarlos deliberadamente y observar sus reacciones. Sus nvestigaciones sugieren que la geografía submarina y su nstinto territorial podrían provocar su ataque. Incluso s uno no nota su presencia, el tiburón reacciona como si se le estuviera acorralando .

Los ataques de tiburones contra humanos son casi siempre debidos a la invasión accidental de su territorio, no como resultado de la búsqueda directa del animal. Los especialistas en tiburones saben lo peligrosos que pueden ser y por ello han expresado su oposición a las visitas guiadas que están proliferando en Florida y las Bahamas, donde los turistas dan de comer a los escualos. Estos ya comenzaron a asociar el sonido de las lanchas con comida. Según George Burgess, director del Archivo Internacional de Ataques de Tiburones, ya se han registrado ataques de tiburones impacientes por comer. En dos ciudades de Florida ya es ilegal alimentar a tiburones; asimismo, hay en marcha una campaña para extender esta prohibición a todo el estado. Si se entrena a animales, se cambia su conducta básica y su respeto hacia los seres humanos ", explica Burgess.

Sería irónico que los temibles cazadores del mar fueran atraídos artificial-mente hacia los humanos y que mordieran las manos que los alimentan. Al fin y al cabo, hasta la naturaleza tiene sus límites.

-Informes de Alice Jackson Baughn/Ocean Springs, Paul Cuadros/ Gainesville, Lisa Clausen/Melbourne, Jeanne DeQuine/ Bahamas y Jeannie McCabe/Honolulu