18 de marzo 2026 - 08:53

Ajustes en el tablero económico

Los analistas reducen las estimaciones de crecimiento y las noticias económicas reafirman las nuevas proyecciones.

El gobierno realiza ajustes para tratar de encauzar una realidad económica que se aleja de las proyecciones. 

El gobierno realiza ajustes para tratar de encauzar una realidad económica que se aleja de las proyecciones. 

Foto: Freepik

Los analistas consultados por el Banco Central (BCU) confirmaron algo que se vislumbraba hace ya varias semanas, pero se expresa ahora con claridad en las nuevas proyecciones de crecimiento para la economía este año: Uruguay crecerá bastante menos de lo esperado.

Para este año, la mediana de las respuestas señala un crecimiento del 1,6% (1,85% para 2027). La proyección para 2026 es casi medio punto inferior a lo que se proyectaba el mes anterior y está seis décimas por debajo de la proyección de crecimiento para este año establecida en el Presupuesto, aprobado el año pasado (2,2%). Esto agregado a un crecimiento que ya de por sí será menor al estimado para el ya transcurrido 2025 (las cifras se conocerán el 24 de marzo).

Las nuevas proyecciones no solo incorporan los últimos datos de los indicadores anticipados -en particular el IMAE del BCU, que viene casi sin crecimiento hace varios meses- sino también el duro impacto que está teniendo la sequía, fundamentalmente en la agricultura. Hay que recordar que la producción de granos tuvo una cosecha récord en el año 2025 y ya de por sí era difícil sostener esos números. Con la sequía, la producción quedará muy lejos de aquellos grandes volúmenes del año pasado. Además, la falta de agua también afecta a otros rubros y -si se sigue agudizando- no hay que descartar consecuencias directas sobre la oferta de agua potable en algunas poblaciones.

Pero la agricultura no es el único sector con dificultades. La temporada turística no fue mala, pero todo indica que quedó por debajo de las expectativas -tal vez algo optimistas- que se planteaban al inicio de la misma. La llegada de turistas cayó 4,6% respecto al año anterior (datos hasta la primera quincena de febrero), con los argentinos mostrando una caída del 14%. Muchos operadores percibieron un menor gasto per cápita por parte de los turistas. Un factor que seguramente incidió es la competencia de la oferta regional de turismo, particularmente en Brasil, que siguió siendo muy atractiva tanto para argentinos como para los propios uruguayos.

Otro sector que está en un proceso de cambios es el de Tecnologías de la Información (TI), en la medida que el costo-país para la provisión de servicios globales ha subido y el sector quedó expuesto a una mayor competencia externa. Esto se ha reflejado no solo en las decisiones de varias empresas de recortar personal en Uruguay o directamente trasladarse a otros lugares (casos que han tenido repercusión pública), sino que también incide en los negocios corrientes de las decenas de firmas del sector, que enfrentan desafíos de competitividad.

A todo este escenario de dificultades se agrega ahora el impacto de la guerra en el mercado del petróleo y otros productos, que difícilmente puede exagerarse. Es un asunto que afecta negativamente a casi todas las economías del mundo, pero Uruguay es particularmente vulnerable. Por un lado, porque no es un país petrolero y todo indica que el conflicto se estaría extendiendo en el tiempo y en su complejidad. Por otra parte, porque -precisamente- encuentra el país en un momento de poco crecimiento y alto déficit fiscal, lo que reduce las posibilidades de instrumentar medidas paliativas o amortiguadoras que impliquen costos presupuestales, o el alcance de las que eventualmente se tomen.

Más deuda en pesos

Ante este panorama ciertamente difícil, el equipo económico acciona dos andariveles relevantes de actuación, para mejorar la economía. Por un lado, se reafirma en el proceso para bajar y mantener baja la inflación, a lo que se asocia el objetivo de que la deuda estatal esté nominada cada vez en mayor proporción en moneda uruguaya. En efecto, Uruguay está en un camino positivo de mantener la inflación en niveles históricamente bajos, tarea a la cual el Banco Central se ha abocado de manera decidida. Con inflación menor y perspectivas de que se mantenga baja, mejora la capacidad de colocar más deuda en pesos, pues los inversores estarán más preservados del riesgo de que la inflación licúe los retornos en pesos. En concreto, el objetivo -ya en proceso- es expandir la colocación de títulos directamente nominados en pesos, no indexados, lo que evita el riesgo cambiario.

En este plano, es clave que no se desaten mecanismos indexatorios que hagan que una suba de precios circunstancial se traslade luego por indexación e inercia a otros precios de la economía. El impacto de la guerra en el precio del petróleo es un ejemplo actual y directo, y habrá que ver cómo Uruguay gestiona el mayor costo del crudo.

En este capítulo, el país tiene cierto margen porque la inflación está por debajo del objetivo del Banco Central. El último dato es 3,1% anual, y la meta del BCU es 4,5%. Los analistas consultados en las Encuestas de Expectativas del BCU plantean que la inflación será el 4,4% este año y la cotización del dólar evolucionará alineada a la inflación.

Proyecto para la competitividad

El otro andarivel de trabajo del equipo económico para mejorar las condiciones de la economía es la agenda de competitividad, que tendrá como punto clave el proyecto de ley de mejora de competitividad e innovación, del cual el ministro Gabriel Oddone presentó algunos contenidos en las últimas horas.

Apuntará particularmente a “desburocratizar” los procesos para presentar inversiones, realizar trámites y comerciar, para facilitar el trabajo de las empresas y mejorar las condiciones de inversión y producción. Oddone ha dicho que será un proyecto “polémico” porque afectará diversos intereses, pero que es necesario para la economía.

El ministro y el equipo económico están comprometidos con este objetivo. El límite lo pone la situación fiscal. A modo de ejemplo, facilitaría mucho el comercio y la competitividad reducir o eliminar la tasa consular, pero es impensable esto con la actual situación fiscal, con un déficit muy alto (no sostenible) y creciente.

Resolver el tema fiscal también es imprescindible, pero no de cualquier manera: el gobierno confía en que los nuevos impuestos (el Global a las multinacionales, la extensión del IRPF a ganancias del exterior y el impuesto a las compras online en el exterior) mejoren las cuentas. Por definición, una mayor carga fiscal afecta la actividad económica, más allá de las justificaciones de cada impuesto. Para mejorar la competitividad y dar lugar a un mayor crecimiento, necesariamente hay que revisar el gasto estatal, en su dimensión total y en su composición.

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