Argentina vuelve a poner presiones sobre el Mercosur en un momento tenso en las relaciones diplomáticas entre los principales socios del bloque regional, y advirtió que avanzará unilateralmente en la apertura comercial si los acuerdos negociados a nivel sudamericano no adquieren la velocidad necesaria, ¿puede el planteo favorecer la propia postura de Uruguay al respecto?
Argentina vuelve a presionar al Mercosur, ¿cómo impacta a Uruguay?
El canciller Pablo Quirno advirtió que avanzarán unilateralmente si el bloque no acompaña la apertura comercial, algo que podría favorecer los planteos locales.
-
Santiago Peña calificó de "irreconciliables" las diferencias entre Javier Milei y Lula da Silva, pero descartó efectos en el Mercosur
-
Se agudizan las tensiones entre Brasil y Argentina, y crece la preocupación por el Mercosur en el gobierno
Argentina vuelve a presionar al Mercosur y puede impactar en Uruguay.
Durante su exposición en el Council de las Américas (COA) en Buenos Aires, el canciller argentino Pablo Quirno se refirió a la política exterior del gobierno encabezado por Javier Milei, y cuestionó la velocidad con la que el Mercosur encara su estrategia de apertura comercial, la cual limita los objetivos de la administración libertaria. Según sostuvo el jerarca, los argentinos no tienen "tiempo que perder": “Necesitamos más socios, queremos hacerlo con el Mercosur. Ahora, si el bloque no acompaña la velocidad que necesitamos, avanzaremos bilateralmente”, advirtió.
¿Un nuevo impulso para el reclamo uruguayo en el Mercosur?
El planteo resuena de este lado del Río de la Plata, porque es un histórico reclamo de Uruguay para con sus socios regionales; quizás hasta más urgente para el país debido a su menor tamaño y economía más dependiente de su matriz agroexportadora. Durante la presidencia de Luis Lacalle Pou, fue un pedido habitual en las cumbres —de hecho, el dirigente del Partido Nacional (PN) le "heredó" esa bandera a Milei cuando fue el traspaso de la presidencia pro tempore en diciembre de 2024—; e incluso fue mencionado, aunque con menor intensidad, en la actual administración de Yamandú Orsi.
En ese sentido, la nueva presión de Argentina —que, a su vez, no pone nada nuevo sobre la mesa— puede ser un impulso para el bloque en un momento clave de apertura, con la entrada en vigencia del acuerdo con la Unión Europea (UE) como el paso más relevante en la historia del organismo multilateral; pero con otros logros como los tratados con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y con Singapur, y negociaciones importantes como con Japón, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Canadá en carpeta.
En el peor de los casos, si el gobierno de Milei efectivamente avanza de forma unilateral en el plano comercial, también puede significar una ventana de oportunidad para el país ante un antecedente concreto, lo que podría darle un mayor margen para continuar negociando su ingreso al Acuerdo Transpacífico (Cptpp) y a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP); y, por qué no, podría impulsar un eventual relanzamiento del Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, actual más interesada en conversar a nivel regional.
En contrapartida, habrá que tener en cuenta qué imagen dará el Mercosur hacia el mundo en este escenario de diferencias cada vez más notables entre los principales socios, en una coyuntura que ya presenta dudas por la reducción de las relaciones diplomáticas entre Argentina y Brasil. Y tampoco hay que olvidar que es Uruguay mismo el que tendrá el desafío de gestionar estas posturas —y el conflicto que deviene de las mismas— desde su rol en la presidencia pro tempore del bloque, y en medio de una negociación clave como lo es el reparto de cuotas del acuerdo con la UE.

