El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) divulgó hace pocas horas el resultado fiscal anual al mes de junio, con un déficit del estado uruguayo que se ubica en 4% del PIB. La cifra es cuatro décimas inferior al dato del mes anterior. Dado que hubo cambios en la base de cálculo, debidas a la correcta incorporación de los nuevos datos del PIB (su cálculo en términos nominales), estrictamente la mejora es de tres décimas respecto al mes anterior. En cualquier caso, es una mejora importante y el propio comunicado del MEF explica las razones.
Y la explicación es importante porque la recaudación de impuestos -que es la principal caja de ingreso del Estado- en el primer semestre se mantuvo básicamente estable respecto al año anterior, según informó recientemente la DGI. ¿Cómo mejoró el déficit entonces?
Por un lado, hubo un mayor aporte de parte de las empresas estatales, no solo en el propio resultado corriente de dichas empresas (que fue deficitario en 2 décimas del PIB, cuando el mes anterior acumulaba 4 décimas), sino que hubo mayores aportes netos de ganancias, de las que -obviamente- tienen capacidad de hacerlo.
Por otro lado, en el renglón de gastos del Estado hubo una reducción porque salieron de la cuenta anual gastos excepcionales en los que se había incurrido antes de junio-2023, en obras asociadas al Ferrocarril Central.
Buenas noticias en el frente fiscal, pero sin holgura
No cabe duda de que son buenas noticias desde el frente fiscal, si bien la situación está lejos de ser cómoda. El hecho de que la recaudación no avance es síntoma de que la economía está con restricciones, alguna de ellas explicables por los problemas que hubo a lo largo del año pasado (desde la sequía hasta la crisis argentina), pero otras por cuestiones propias de competitividad: los costos locales han subido, mientras los precios internacionales en mucho rubros bajan y los mercados se muestran menos dinámicos. Hay excepciones, pero confirman la regla.
Es esperable, sin embargo, que en los próximos meses la recaudación tenga cierta mejora si es que esas cuestiones empiezan a superarse, al menos parcialmente. El IMAE (Indicador Mensual de Actividad Económica) subió 4,6% interanual en mayo, un desempeño contundente que abona la mencionada proyección.
Empresas del Estado e inversiones
En cuanto al aporte de las empresas del Estado es un asunto siempre vidrioso. No en vano están introducidas en el cálculo global que divulga el Ministerio de Economía y está bien: ya hace algunas décadas los organismos financieros internacionales -en particular el Fondo Monetario Internacional (FMI), insistía en consolidar todo esto en el caso del Uruguay, en la medida que históricamente las empresas del Estado han sido parte casi directa de su estructura de gastos e ingresos (distinto al caso de otros países, como Brasil, donde hay empresas estatales pero de capital abierto, que cotizan en bolsa y dan dividendos).
Aun así, hay que destacar que ha habido importantes avances en el sentido de transparentar su desempeño; uno de los ejemplos lo tenemos en el caso de los combustibles, donde las tarifas se están definiendo en base a la paridad de importación. En cualquier caso, Ancap no hace transferencias sustanciales al tesoro; son en realidad UTE y Antel las que hacen los aportes más relevantes, a lo que se suma -con especial contundencia en los últimos años- el Banco República, dadas la fuerte ganancias que se están dando en el sector financiero en general y en dicha empresa en particular.
Por otro lado, en cuanto a las inversiones, es claro que cuando hay gastos excepcionales, como el mencionado vinculado al Ferrocarril Central, elevan el déficit, pero de manera transitoria; el descenso en los gastos también se explica por esa situación (dicho sea de paso, hoy están transitando por la nueva vía un ferrocarril de UPM por día, con jornadas en que no pasa ninguno; hay mucha cautela por temas de seguridad y se espera incrementar el uso paulatinamente).
De todas formas, en lo que refiere a inversiones sabemos que el Estado uruguayo es cualitativamente deficitario: deja muy poco margen para grandes inversiones directas, presupuestales; los grandes proyectos -un ejemplo el Ferrocarril Central, concretado por el gobierno anterior, otro las inversiones viales de este gobierno- se hacen comprometiendo fondos futuros, con contratos PPP o Cremaf, que se pagan a plazo. Esto, obviamente, restringe el margen de maniobra fiscal para los próximos años.
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La preocupación por el gasto estatal
Por todo lo cual, si bien la reducción del déficit es bienvenida, lejos está de reducirse la preocupación: el gasto estatal se ha expandido, en buena medida porque sus dos principales componentes -salarios y jubilaciones- aumentan con el salario real (por las pautas definidas en el MTSS); en el primer caso directamente, en el segundo caso por la indexación constitucional que Uruguay tiene entre jubilaciones y salarios.
Así las cosas, para el gobierno que resulte electo y comience a gestionar el Estado a partir del año que viene, el margen de maniobra fiscal sigue siendo muy estrecho, casi sin margen para ampliaciones de gastos. Como lo han dicho economistas vinculados al oficialismo, a la oposición de izquierda o independientes: las necesidades que vayan emergiendo deberán ser respondidas con resignaciones de gasto (recortes) de otros lados, asunto ciertamente conflictivo. El análisis lo exponen y aportan los economistas; las decisiones fiscales son estrictamente políticas.
En la gráfica adjunta se vislumbra con bastante claridad que la dinámica criolla del déficit permanece, aún con aplicación de la regla fiscal: ajuste en el inicio, desajuste (aumento del déficit), en el final. Al Estado lo quieren hacer adelgazar, pero no se deja.
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