Todos los partidos quieren ser oficialismo —para eso hacen campaña y se esfuerzan durante las gestiones—, pero cuando llega el momento de una elección como en el caso de las elecciones departamentales, ser oposición parece cómodo y atractivo: es más fácil criticar que proponer; en contrapartida, proponer sin criticar a menudo lleva a escenarios contradictorios o, por lo menos, vagos.
Campaña tibia en Montevideo: el Frente Amplio tuvo el desafío de proponer sin criticar demasiado
Para los analistas, la Coalición Republicana no se consolidó como alternativa ante el voto estructural partidario pese a la desaprobación de la gestión.
-
Con el área metropolitana asegurada, el Frente Amplio busca el voto en el interior de la mano de Yamandú Orsi
-
Sin lugar para sorpresas: el Frente Amplio ganaría en Montevideo con más del 50% de los votos
El Frente Amplio afrontó la campaña Montevideo con la tensión oficialista de proponer sin criticar demasiado.
El Frente Amplio (FA) vivió en carne propia la dificultad del oficialismo durante la campaña para la Intendencia de Montevideo (IMM): sus tres candidatos debieron resolver el casi dilema que supuso presentarse como la opción superadora, con propuestas nuevas y mejores, sin ser extremadamente críticos de la gestión actual, que no solo es del mismo signo político sino de la cual, ante los ojos de la ciudadanía, son inevitablemente continuidad.
Las particularidades existieron, por supuesto: dentro del oficialismo, están quienes tuvieron todavía más difícil la situación de desmarcarse de una gestión con un alto nivel de desaprobación o insatisfacción como le sucedió a Verónica Piñeiro, la candidata del Partido Comunista (PCU) y exdirectora departamental en el gobierno de Carolina Cosse —heredado por Mauricio Zunino—; mientras que desde la oposición tuvieron obstáculos ya para establecer candidaturas fuertes que pudieran enfrentar 35 años de administración frenteamplista, más allá de la de Martín Lema por el Partido Nacional (PN).
Las desventajas del oficialismo
“Siempre es difícil ser el candidato oficialista porque es más fácil proponer y tirar ideas de cambio que defender lo anterior a la vez que proponer mejoras”, resumió la directora de la consultora Cifra, Mariana Pomiés, en diálogo con Ámbito. Para la analista, es “mucho más desafiante” y le ocurre siempre a los oficialistas “y ahora a los candidatos del Frente Amplio, con la dificultad además de que tienen una evaluación de gestión negativa en algunos aspectos”.
“No pueden hablar de continuidad, tienen que hablar de mejoras pero sin criticar a los antecesores porque mucha gente se ha mantenido y probablemente se mantenga en los equipos de gobierno”, explicó. Este es el motivo de que, durante la campaña, no se hayan visto propuestas muy rupturistas o innovadoras: “es difícil de justificar sino el por qué no se implementaron antes si ya son gobierno”.
La que mayor complejidad tuvo que enfrentar fue Piñeiro, y ello se vio en la campaña con la menor cantidad de autocrítica entre los tres candidatos frenteamplistas —aunque hubo cuestionamientos, principalmente en torno a la basura, insistió en varias ocasiones en no reducir la gestión departamental al alumbrado y barrido—; mientras que Mario Bergara y Salvador Schelotto tuvieron algo más de margen para, sin dejar de reconocer las transformaciones logradas, hablar de una “renovación”, con “discurso de cambio”, según señaló a este medio el analista político Mario Casa.
Sin embargo, sobre este escenario quizás desfavorable, el FA tuvo como ventaja que la coalición tampoco puso sobre la mesa un paradigma de grandes cambios: si desde la izquierda intentaron “transmitir una idea de avance o modernización de algunas cosas” ante la imposibilidad de plantear propuestas más innovadoras, la oposición también se limitó a “racionalizar o mejorar cuestiones ya instaladas”.
Casa coincidió con Pomiés en este punto: “Le facilitó mucho la tarea a los candidatos del Frente Amplio que tuvieron que discutir poco”. “No se vieron acorralados u obligados de manera punzante por los candidatos de la coalición en cuanto a tener que discutir en clave de proyectos y propuestas”, desarrolló. Para el analista, por fuera de señalar problemas con la basura y la movilidad —”eso está recontra archi sabido y nombrado”—, no hubo una idea fuerza en términos de solución.
¿Vuelve a ganar el FA? Por qué la ciudadanía lo elige pese al descontento
Pese a las dificultades inherentes que encaró el Frente Amplio durante la campaña, y sumado a un 55% de desaprobación de la actual gestión de la IMM, lo cierto es que todo parece indicar que no habrá cambio de signo político en el gobierno de Montevideo.
“Hay distintos elementos que pueden explicar eso: en primer lugar, para cambiar uno tiene que creer que el otro lo va a hacer mejor, y eso no parece darse entre los votantes del Frente Amplio. Podrán estar enojados, pero no visualizan que la otra alternativa vaya a significar un cambio importante, y también hay confianza en la gestión que, más allá de que no satisfaga en un 100%”, consideró la directora de Cifra.
Ciertamente hay lealtades partidarias que siempre juegan al momento de votar, y en Montevideo es la jurisdicción en la que se concentra la mayor cantidad de frenteamplistas: “El Frente Amplio aparece disociado de la evaluación de la gestión, es un voto muy identitario, muy estructural”, explicó Pomiés. En ese sentido, el oficialismo, pese a todo, parte con ventaja.
“El frenteamplista vota al Frente Amplio tanto en octubre como en noviembre y en mayo. Si vemos que en esta elección el FA cae en su porcentaje de voto en comparación con las generales y el balotaje de manera sustantiva, vamos a poder decir que hay un porcentaje de votantes que sí separan la elección nacional de la departamental, como sucede en el interior”, consideró Casa.
Habrá que esperar por los resultados pero, por el momento, ese no sería el escenario esperable, sobre todo porque “en Montevideo se da un voto más partidario”: “Se vota al Frente en todas las elecciones, sea quien sea el candidato, sea cual sea la evaluación de la gestión”, apuntó el analista político para quien, a esta ventaja de un alto piso de votantes, se suma “la presentación electoral de la propia oposición”.
“La oposición se presenta desde hace tres elecciones como coalición para las departamentales, lo que la vuelve un poquito más competitiva, pero en este caso hizo una presentación de candidaturas muy floja, más allá de Martín Lema. Digamos que eso le facilitó mucho el trabajo al Frente Amplio que es gobierno hace 35 años, el retador es el que lo tiene que desbancar”, explicó Casa, y agregó: “Para desbancarlo, lo tiene que moler a trompadas, figurativamente, y eso no sucedió, no fue una buena campaña. Entonces al Frente Amplio le alcanza con su voto estructural para mantener el gobierno”.





Dejá tu comentario