La importancia de la relación de Uruguay con China no es una novedad ni un elemento menor: desde hace décadas, los sucesivos gobiernos buscan profundizar el vínculo que, hoy, se constituye como una Asociación Estratégica Integral (AEI), ¿qué implica esto, y qué oportunidades y desafíos se abren por delante?
China, un socio clave al que Uruguay todavía puede ofrecer mucho más
La Asociación Estratégica Integral con el gigante asiático abrió un abanico de oportunidades para el desarrollo uruguayo que todavía tiene un amplio margen de aprovechamiento.
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China asoma como un socio clave al que Uruguay todavía puede ofrecer mucho más.
La consolidación de la Asociación Estratégica Integral con China es el avance más reciente en la relación con el gigante asiático, y fue un importante logro, sobre todo tras el estancamiento de las negociaciones por un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambos países. Para un territorio pequeño como el uruguayo, supuso la consolidación de una negociación en “pie de igualdad”.
Sobre esta cuestión hizo especial hincapié el recientemente nombrado embajador en India y exembajador ante la República Popular China y Mongolia entre 2015 y 2025 , Fernando Lugris, durante la conferencia “Asociación Estratégica Integral Uruguay - China: un importante camino transcurrido”; organizada por la Universidad Católica del Uruguay (UCU), y a la que asistió Ámbito.
La importancia de China como socio
Para Lugris, que realizó un recorrido histórico sobre la relación entre ambos países a partir de un vínculo muy interesante con el número 8 —que representa la fortuna en la cultura china—, hay una diferencia no solo semántica sino también conceptual entre referirse a China como “aliado” o “socio”. Según el diplomático de carrera, la AEI establece claramente el relacionamiento en el último término y, por lo tanto, “en pie de igualdad”: “Realza nuestra soberanía, nos hace sentir lo que somos, un gran país, un gran articulador”, apuntó, en contrapartida con la habitual autopercepción de “paisito”.
Asimismo, señaló que la horizontalidad refleja también el reconocimiento al rol internacional que tiene Uruguay, hoy en la presidencia pro tempore del Mercosur, coordinador de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y del G77. En ese sentido, consideró que “China nos ayuda a darnos cuenta y a no perder de vista esa característica que las demás superpotencias deberían también notar”.
Pero otro aspecto clave de este tipo de relación es que ser socios permite también el disenso: "pueden discutir, pueden hablar, pueden hacerse notar sus diferencias"; lo que, al final del día, supone también una mayor capacidad de consensuar, la cual se ha observado con el paso de los años.
Una relación “estratégica integral”
Ahora bien, la relación con China no solo es una asociación, sino que esta es también estratégica e integral. Esto quiere decir que no solo abarca cuestiones políticas y de comercio, sino que, por un lado, traza una visión de futuro compartida y no se limita a intercambios coyunturales; y, por el otro, incluye áreas mucho más amplias como la cooperación, la ciencia, la tecnología, el deporte, la cultura y las artes.
Un ejemplo de ello, y en lo que Lugris puso énfasis, es el “people to people exchanges” —especialmente impulsado por el presidente chino Xi Jinping—, que implica en el intercambio de ciudadanos entre ambos países, generalmente vinculados a proyectos de investigación, formación y desarrollo conjuntos. De todos modos, también señaló que Uruguay todavía tiene un amplio margen de crecimiento en este sentido, principalmente en términos de atraer ciudadanos chinos al país. Esto último, debido a que el obstáculo cultural se convierte un obstáculo para la atracción de inversiones.
Los puntos críticos de Uruguay para beneficiarse aun más de la relación con China
Finalmente, Lugris dio cuenta de los desafíos o pendientes que todavía tiene el país por delante respecto de esta Asociación Estratégica Integral, los cuales recaen, mayormente, del lado de la responsabilidad uruguaya. Si bien reconoció que la confianza política acumulada a partir de la continuidad en los diferentes gobiernos locales —respecto de entender el vínculo con China como política de Estado — es el fundamento de fondo para esta relación con el gigante asiático, insistió en la necesidad de que esta confianza se extienda de igual manera en otros ámbitos.
Uno de ellos es el de inversiones, considerando que Brasil es el primer receptor de inversiones chinas en el mundo, pero que las mismas no cruzan la frontera. En esa línea, el exembajador sostuvo que el discurso de la seguridad jurídica, por real que sea, ya no alcanza, y que es necesario presentar proyectos concretos con estudios de factibilidad. El desafío es trabajar activamente la proyección de negocios hacia esos mercados lejanos, tanto desde el sector público como desde el sector privado.
Las oportunidades —y desafíos— también se abren en cuanto al comercio de servicios, mucho menos desarrollado de lo que le hubiera gustado, según comentó Lugris. Los puntos críticos en este sentido, señaló, son la poca diversificación adicional de la oferta exportable, la incorporación insuficiente de valor agregado a las exportaciones, y un bajo aprovechamiento del potencial de las industrias creativas y los servicios globales, donde China y Uruguay tienen fortalezas complementarias.

