Para una pequeña empresa, comenzar a exportar no necesariamente significa conseguir una presencia estable en el exterior, sino que el principal desafío pasa por sostener las ventas, ampliar mercados y construir las capacidades necesarias para competir de manera permanente.
El informe Mipymes exportadoras 2026, elaborado por Uruguay XXI, muestra que uno de los primeros límites está dentro de las propias empresas. Las mipymes cuentan con estructuras más pequeñas y, por lo tanto, tienen menos posibilidades de disponer de equipos especializados para ocuparse exclusivamente del comercio exterior. Una encuesta regional citada muestra que solo el 42% de las empresas exportadoras consultadas contaba con un área específica de comercio exterior. Dentro de ese universo, la proporción descendía al 30% entre las microempresas, mientras alcanzaba el 69% en las grandes.
Esa diferencia importa porque exportar exige bastante más que colocar un producto fuera del país. Las empresas deben responder a requisitos comerciales, de calidad, sanitarios y ambientales, además de adaptarse a las condiciones de cada mercado. Para una firma pequeña, concentrar esas tareas en una estructura reducida puede dificultar el proceso de internacionalización.
Una escala que limita la capacidad de expansión
La escala también aparece como una barrera. Uruguay XXI señala que las empresas grandes cuentan con redes comerciales más robustas y mayores economías de escala, factores que contribuyen a sostener su actividad internacional incluso cuando aparecen shocks externos. Las mipymes, en cambio, presentan trayectorias mucho más irregulares.
El problema se vuelve especialmente visible entre las microempresas. Durante el período 2004-2025 exportaron durante cinco años en promedio y solo el 10% logró mantener ventas externas durante diez años consecutivos. Además, el 69% registró cinco años o menos de actividad exportadora durante ese período. La dificultad, entonces, no está solamente en entrar a un mercado internacional, sino en permanecer. El propio informe identifica la intermitencia como uno de los principales obstáculos a superar. Entre las empresas del núcleo exportador de 2025, 27% no había registrado exportaciones el año anterior. En las microempresas, esa proporción llegó al 53%.
A esto se suma una mayor exposición a las perturbaciones externas. Según la encuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) incorporada al estudio, el 45% de las microempresas registró caídas en sus exportaciones frente a 25% de las grandes. La diferencia refleja una capacidad desigual para absorber cambios en la demanda, problemas en los mercados de destino o modificaciones en las condiciones internacionales.
Pocos mercados y mayor vulnerabilidad
Otra de las barreras está relacionada con la diversificación geográfica. Las mipymes uruguayas atendieron en promedio 2,6 destinos, frente a 12,3 en el caso de las grandes empresas. Más de la mitad de las mipymes, además, concentró sus exportaciones en un solo mercado. Entre las microempresas, la proporción llegó al 69%.
Una estructura de este tipo deja a las empresas más expuestas ante cualquier cambio en el país comprador. Perder un cliente relevante, enfrentar una modificación regulatoria o sufrir una caída de la demanda puede tener un impacto mucho mayor sobre una empresa que todavía no logró distribuir sus ventas entre varios destinos.
El propio informe relaciona la mayor presencia regional de las mipymes con factores como menores costos logísticos, vínculos comerciales históricos y mejores condiciones de acceso arancelario. Las grandes empresas, por su escala y capacidad competitiva, logran avanzar con mayor facilidad hacia mercados extrarregionales.
La concentración geográfica, por lo tanto, no es solamente una cuestión de dónde venden las empresas. También refleja las dificultades que encuentran para asumir los costos y exigencias que implica abrir nuevos mercados.
El salto entre comenzar a exportar y consolidarse
El informe muestra así una diferencia importante entre tener capacidad para exportar y contar con una estructura capaz de hacerlo de forma sostenida. Las mipymes pueden abrirse camino en mercados internacionales, pero muchas no logran transformar ese primer paso en una trayectoria estable. Uruguay XXI señala que las empresas grandes tienen una mayor especialización, redes comerciales más fuertes y estructuras productivas que aprovechan economías de escala y les permiten resistir mejor los shocks externos. Las mipymes, en cambio, presentan trayectorias más fragmentadas y discontinuas.
En las microempresas, 69% exportó durante cinco años o menos en el período analizado; entre las pequeñas, esa proporción fue de 46%. En las medianas, en cambio, cayó al 25%, mostrando que el tamaño constituye un factor relevante para la capacidad de permanencia.