Mientras el sector forestal nacional se transforma en una plaza cada vez más sofisticada para producir madera de ingeniería como tableros contralaminados, vigas laminadas, sistemas Mass Timber que en otras partes del mundo ya se usan para levantar rascacielos, los propios uruguayos casi no construyen con ese material, es decir, la mitad de los clientes de las empresas del país son extranjeros.
¿Cuánto afectan las trabas burocráticas al uso de la madera en la construcción de viviendas sociales?
Dos tercios de las empresas forestales que buscaron habilitación estatal llevan más de un año en trámites, alertó un informe de Uruguay XXI.
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El sector forestal cuenta con capacidad e inversiones de peso, pero las soluciones para el faltante de 65.000 viviendas avanzan a paso lento.
El dato surge de una encuesta divulgada por Uruguay XXI y realizada por el Centro Tecnológico Forestal Maderero (CTFM) realizada a las 14 compañías del rubro que operan en el país, siete de las cuales respondieron el relevamiento. El 85% construye viviendas para particulares o empresas de alto perfil con una superficie media que supera los 100 m3 y una concentración fuerte en la franja costera-este y solo una de las siete compañías hace viviendas de interés social. Todas coinciden en que la materia prima nacional es de calidad superior a la madera maciza importada, a precios acordes, sin problemas de abastecimiento, pero el obstáculo no es la producción, sino la cultura constructiva local.
Según el informe, hubo décadas de preferencia por métodos "más pesados" que retrasaron la investigación y el desarrollo de la madera como material estructural en Uruguay, mientras que países como Canadá, Austria o los nórdicos ya normalizaron edificios de varios pisos enteramente construidos en madera.
El Estado busca revertir la situación, pero los trámites son engorrosos
El Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial (MVOT) intentó destrabar la situación desde 2022, con una hoja de ruta armada junto al BID para incluir madera nacional en la vivienda social. De ahí salieron proyectos concretos como 60 viviendas en Tranqueras (Rivera), una policlínica en el barrio Cauceglia de Montevideo construida en CLT y Glulam, y un piloto de nueve viviendas en convenio con la Intendencia de Rivera y Mevir.
Pero el mismo informe expone la traba burocrática, ya que dos tercios de las empresas que intentaron habilitarse como constructoras para el Estado llevan más de un año en el trámite sin poder cerrarlo. Es un contraste llamativo con un país que, en paralelo, tiene un déficit habitacional de 65.000 viviendas y otras 170.000 con problemas cualitativos, exactamente el tipo de faltante que la construcción industrializada en madera podría acortar en hasta cinco veces más rápido que los métodos tradicionales, según el sector.
El nuevo Plan Quinquenal de Vivienda 2025-2029 no menciona la madera como objetivo estratégico explícito, aunque el informe aclara que la promueve "de forma transversal" en los ejes de emergencia habitacional y sostenibilidad ambiental.
Rivera y Tacuarembó como laboratorio industrial
Mientras tanto, el corredor Rivera-Tacuarembó se convirtió, casi sin ruido, en la primera planta de madera maciza del país, instalada por Arboreal en 2022 con capacidad para 50.000 m3 anuales de CLT y GLT, certificada en 2023 por el Instituto de Ensayo de Materiales de la Universidad de Stuttgart, el mismo estándar que exige el mercado europeo. En mayo de este año la empresa sumó otro capítulo y consiguió financiamiento por 40 millones de dólares, la mitad aportada por la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial, para una línea de madera modificada térmicamente y biocombustibles.
Por otro lado, BrasPine anunció una inversión de 250 millones de dólares para instalar en Rivera su primera planta fuera de Brasil, la tercera de la compañía a nivel global. En 2024 la japonesa Oji Holdings, uno de los gigantes mundiales de pulpa y papel, desembolsó 288 millones de dólares para comprar plantaciones de pino y eucalipto en Tacuarembó y Rivera, activos que hasta entonces gestionaba un fondo estadounidense.
Todo ese músculo industrial apunta, cada vez más, al pino, el material con el que se hacen los tableros contralaminados y la madera estructural y no es casual, ya que es la misma especie que, según el informe, tiene una disponibilidad anual de más de 3 millones de m3, muy por encima de la capacidad industrial instalada actualmente en el país. En el norte uruguayo se está montando, ladrillo por ladrillo de madera, la infraestructura para construir edificios enteros con tecnología de punta, pero esos edificios, por ahora, se levantan en otro lado.
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