2 de marzo 2026 - 07:41

Del acuerdo Mercosur-UE al desafío asiático, una política exterior entre la continuidad y la oportunidad

En lo que va de la gestión de Yamandú Orsi, se consolidó el pacto con Europa y se reforzaron los vínculos con China, aunque en 2026 asoman nuevos retos.

La firma con la Unión Europea y con el EFTA abre una nueva etapa para el Mercosur y, en particular, para Uruguay.

La firma con la Unión Europea y con el EFTA abre una nueva etapa para el Mercosur y, en particular, para Uruguay.

El primer año de gobierno de Yamandú Orsi en materia internacional estuvo atravesado por la consolidación de acuerdos comerciales largamente negociados en el Mercosur, en especial con Europa, y por una estrategia que combinó continuidad y pragmatismo en un mundo marcado por tensiones geopolíticas, que van desde disputas arancelarias a amenazas bélicas, que continuarán planteándose como desafíos en el corto y mediano plazo.

Un eje central de la política externa del último año fue el Mercosur y durante este período se concretó la firma del acuerdo entre el bloque y la Unión Europea (UE), cuyo cierre técnico se había alcanzado en la transición de gobierno, así como el tratado con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Ambos entendimientos fueron presentados por el Ejecutivo como pactos estratégicos para ampliar mercados y atraer inversiones. A horas de su mensaje ante la Asamblea General, resta ver qué definiciones dará Orsi en un concepto clave para el gobierno, como la inserción internacional.

Para Ignacio Bartesaghi, consultor especializado en comercio internacional, se trata efectivamente de “un hito súper relevante” que podría abrir una nueva etapa para el Mercosur. En diálogo con Ámbito, sostuvo que la eventual entrada en vigor —aunque sea provisional— otorgará al bloque un acceso preferencial de enorme importancia y lo posicionará “en otra liga” en el escenario global. Sin embargo, advirtió que no son logros atribuibles exclusivamente a la actual administración, sino el resultado de negociaciones acumuladas durante distintos gobiernos y favorecidas por decisiones europeas en el actual contexto internacional.

Según el analista, estos acuerdos pueden generar cambios sustanciales en el funcionamiento interno del Mercosur, dado que algunas concesiones otorgadas a Europa implican ajustes normativos dentro del bloque. Aun así, consideró que, frente al escaso dinamismo externo que mostró el Mercosur en los últimos años, la concreción de estos tratados marca un punto de inflexión y puede estimular nuevas negociaciones. A esto se suma la rápida aprobación lograda en el Parlamento, que centra la expectativa en la aplicación provisional del acuerdo, ya anticipada por la propia UE.

Yamandú Orsi, Xi Jinping
La cumbre entre Yamandú Orsi y Xi Jinping reflejó la intención de Uruguay de acercarse a Asia.

La cumbre entre Yamandú Orsi y Xi Jinping reflejó la intención de Uruguay de acercarse a Asia.

La expansión en los mercados asiáticos

Por otra parte, el país depositó el instrumento de ratificación del acuerdo Mercosur–Singapur, para reforzar su inserción en el sudeste asiático, aunque el objetivo de avanzar hacia el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (Cptpp) no registró grandes avances, en parte por las restricciones normativas del Mercosur y la falta de consensos internos en el bloque.

En este sentido, Bartesaghi consideró que el acceso a esos mercados "será difícil bajo las actuales reglas del Mercosur", por lo que planteó que el camino más viable es avanzar con mayor flexibilidad y explorar vías bilaterales, incluso si ello genera tensiones dentro del bloque. Pensando en la evolución de esta relación, sentenció que, a diferencia de otros países del bloque como Argentina, que está focalizada sobre todo en el vínculo con Estados Unidos, "Uruguay sí tiene una necesidad de abrirse al mercado asiático y va a ser muy difícil hacerlo con el Mercosur".

Si bien con el viaje de Orsi, China se consolidó como socio central de Uruguay, el gobierno optó por priorizar “microacuerdos” sectoriales —especialmente en el agro y la cooperación tecnológica— antes que insistir con un tratado de libre comercio bilateral. "Allí es donde los acuerdos bilaterales tienen una importancia trascendental para el futuro económico del país", asegura el analista.

Más allá de los grandes acuerdos, durante este año se hicieron entendimientos bilaterales. Con Brasil se avanzó en infraestructura y coordinación regional; con Argentina se mantuvo el diálogo en torno al Mercosur y proyectos energéticos; con India se abrió la perspectiva de una futura embajada en Montevideo; con Arabia Saudita se firmó un acuerdo de promoción de inversiones; con Canadá se inició la modernización del acuerdo de inversiones vigente desde 1999. También algunos entendimientos durante las misiones oficiales a Vietnam, Singapur, Indonesia y Australia, y gestiones para ampliar mercados agropecuarios, como la apertura del mercado ucraniano para carne bovina y ovina.

La presidencia de la Celac y el vínculo con Estados Unidos

Uruguay asumirá en marzo la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Si bien el gobierno destaca el valor político de tal liderazgo, Bartesaghi relativiza que genere impactos económicos. A su juicio, la Celac atraviesa una etapa de debilidad institucional y falta de consensos entre países con orientaciones ideológicas divergentes, lo que limita la posibilidad de avanzar en integración concreta.

En ese marco, advierte que se deberá manejar con cautela su posicionamiento, evitar declaraciones que puedan generar fricciones con Estados Unidos y adaptarse a una región que muestra "un corrimiento político hacia la derecha, con Brasil y Uruguay en una posición diferente" respecto de varios vecinos.

Yamandú Orsi, Celac.jpg
La presidencia de la Celac será un desafío este semestre en materia de política exterior.

La presidencia de la Celac será un desafío este semestre en materia de política exterior.

Con EEUU, el vínculo estuvo atravesado por la decisión de la administración de Donald Trump de imponer un arancel base del 10% a sus socios comerciales, incluido Uruguay. El gobierno activó gestiones diplomáticas para mitigar el impacto sobre las exportaciones, en particular la carne bovina. A su vez, la pausa en el procesamiento de visas de inmigrante para ciudadanos uruguayos generó preocupación y motivó contactos bilaterales de alto nivel.

La gestión en política exterior no estuvo exenta de controversias. La designación de algunos embajadores —como el caso de la representación en Rusia— generó cuestionamientos en la oposición por los criterios aplicados. Asimismo, el respaldo de Uruguay a la candidatura de Albert Ramdin para la OEA implicó un giro respecto al apoyo previamente comprometido a Paraguay.

El punto más sensible fue la postura frente a Venezuela. Las declaraciones iniciales de Lubetkin, la posterior liberación del ciudadano uruguayo detenido en Caracas y la posición del gobierno ante la intervención estadounidense y la situación de Nicolás Maduro derivaron en una interpelación parlamentaria y en tensiones políticas internas. También generó debate la decisión de no firmar, junto a Brasil, un documento regional crítico del gobierno venezolano en una cumbre del Mercosur.

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