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11 de mayo 2026 - 20:34

El BCU admitió que la economía creció la mitad de lo esperado en 2025 y recortó las proyecciones para este año

La fuerte caída de la inversión en infraestructura y los problemas en la zafra agrícola dejaron un escenario de debilidad que obligó a corregir a la baja las metas.

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El Banco Central del Uruguay admitió que la economía creció 1,8 puntos porcentuales menos de lo que indicaban sus modelos hace dos años.

Foto: Presidencia

El Banco Central del Uruguay (BCU) publicó su Informe de Política Monetaria (IPOM) del primer trimestre de 2026 con un diagnóstico que se aleja de lo proyectado apenas tres meses atrás, ya que el conflicto en Medio Oriente, iniciado a fines de febrero, reconfiguró el escenario externo de manera relevante como para que el Comité de Política Monetaria (Copom) decidiera mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 5,75% y revisar a la baja las proyecciones de crecimiento para el año.

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La economía cerró 2025 con un crecimiento del 1,8%, por debajo de lo que el propio Copom anticipaba en su informe de diciembre, mientras que el cuarto trimestre del año mostró un avance de apenas 0,1% en términos desestacionalizados, confirmando que la segunda mitad del año fue sustancialmente más débil que la primera.

Los factores que explican ese enlentecimiento son en su mayoría transitorios: la rotura de la boya petrolera de Ancap, la sequía que afectó la zafra de cultivos de verano 2025-26 y paradas en plantas de celulosa. Pero el efecto de arrastre negativo que dejan sobre 2026 es real y el BCU lo incorporó en sus nuevas proyecciones, que se corrigen a la baja para este año, aunque el informe no consigna una cifra puntual nueva, sino un abanico de probabilidades.

El crecimiento en 2025 fue sostenido por el consumo privado, que avanzó 2,1% en el promedio del año, impulsado por compras de bienes importados, mayor dinamismo en servicios financieros y más gasto en turismo en el exterior, y por la industria manufacturera, que se benefició de la reapertura de la refinería tras el cierre del primer cuatrimestre de 2024. En contraste, la inversión fue el punto débil, ya que cayó 0,9% en el cuarto trimestre y acumuló apenas un 0,3% de crecimiento en el año, afectada por la menor ejecución de obras de infraestructura en vialidad, energía y telecomunicaciones.

El mercado laboral acompañó la dinámica: la tasa de empleo cerró en 60% de la población en edad de trabajar, con una creación neta de puestos concentrada en el primer semestre y una pérdida en el segundo. El desempleo bajó a 7% al cierre del año, y los primeros datos de 2026 muestran señales leves de mejora.

El COPOM frenó los recortes y congeló la tasa en 5,75%

La historia de la TPM en lo que va del año es la de un banco central que aceleró y luego frenó, a comienzos de 2026, con el dólar débil a nivel global y la inflación acercándose al piso del rango de tolerancia, el Copom consideró necesario profundizar el sesgo expansivo y recortó 100 puntos básicos en enero hasta 6,5% y otros 75 puntos básicos en marzo hasta 5,75%. El objetivo era evitar que la inflación cayera por debajo del rango del 3% al 6% y mantener el impulso al crédito y la actividad.

El inicio de las hostilidades a fines de febrero en Medio Oriente generó presiones inflacionarias al alza a través del precio del petróleo y endureció las condiciones financieras globales. En ese nuevo escenario, el Copom del 21 de abril decidió mantener la tasa sin cambios, considerando que las presiones externas y la incertidumbre global recomendaban pausa.

El informe deja en claro que la política monetaria sigue en fase expansiva y que la transmisión de los recortes anteriores continúa funcionando: el crédito en moneda nacional creció 10,2% real en el primer trimestre, el crédito hipotecario avanzó en el primer bimestre y las tasas bancarias activas y pasivas bajaron siguiendo la trayectoria de la TPM. La tasa pasiva promedio al sector no financiero se situó en 5,1% en marzo y la tasa activa a empresas en pesos en 10%.

El tipo de cambio: la apreciación que obligó a actuar y la depreciación que siguió

Uno de los capítulos más detallados del IPOM es el dedicado al tipo de cambio, que tuvo un comportamiento inusual en el trimestre. En la primera parte del año, con un dólar débil a nivel global, el peso se apreció más que otras monedas de la región, amplificado por factores locales: ventas estacionales de divisas de familias y empresas excepcionalmente altas, y una mayor demanda de activos financieros en pesos. Esto fue lo que llevó al Copom a anticipar y profundizar el recorte de tasas de fines de enero.

Pero luego vino el efecto opuesto, las decisiones de política monetaria, combinadas con anuncios orientados a la gestión financiera del sector público y la coordinación con empresas públicas que implicaron mayor demanda de divisas, contribuyeron a una depreciación del peso "superior a la observada en otras economías de la región", según el propio informe. El mercado cambiario operó en marzo volúmenes más altos de lo habitual.

El IPOM explica que los Fondos de Ahorro Previsional (FAP) compró dólares para adquirir bonos globales del gobierno y que el sistema bancario aumentó su posición en moneda extranjera, lo que fue abastecido por las ventas del sector privado. El ratio de pesificación de los depósitos se mantuvo en torno al 33%.

El BCU reconoció que sobreestimó la inflación hace dos años

Uno de los recuadros más llamativos del IPOM es la "rendición de cuentas" de las proyecciones realizadas en marzo de 2024 con un horizonte de dos años. El resultado: el BCU proyectó en 2024 una inflación de 5,6% para marzo de 2026, y el dato efectivo fue 2,9%, una sobreestimación de 2,6 puntos porcentuales.

¿Por qué falló la proyección? El informe lo atribuye principalmente a tres factores: una política monetaria más contractiva de la prevista, el propio BCU fue más duro de lo que sus modelos anticipaban, un mayor impacto desinflacionario del contexto internacional a través de la caída de los precios de importación, y una apreciación del peso durante 2025 más marcada de lo esperado.

El BCU señala que el error refleja en parte una decisión de política: durante 2025 se fue consolidando el objetivo de inflación puntual en 4,5% en lugar del rango más difuso de 3%-6%, lo que implicó una política más restrictiva. Ese impulso contractivo "da cuenta de más de la mitad de la sobrestimación de la inflación", dice el informe, y lo interpreta como evidencia de la eficacia de la política monetaria.

En cuanto al PIB, la proyección de 2024 estimaba un crecimiento de 3,6% para 2025; el dato real fue 1,8%, un error de 1,8 puntos porcentuales. El BCU lo atribuye a un entorno internacional menos expansivo de lo previsto, una demanda interna más débil, especialmente la inversión, y un impulso monetario más contractivo.

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