En Buenos Aires siempre hay algo nuevo por descubrir, pero son pocos los lugares que logran capturar tan bien el espíritu de la ciudad como este espacio gastronómico instalado en una casona centenaria de Recoleta. Ubicado en una calle tranquila y elegante, Muyè es un restaurante que combina historia, diseño y una cocina contemporánea que seduce desde el primer vistazo. La propiedad, que perteneció a un familiar del expresidente Carlos Pellegrini, conserva aberturas originales, un aljibe restaurado y la atmósfera señorial de otra época. Pero su mayor tesoro es el jardín interno, un oasis urbano rodeado de vegetación que invita a hacer una pausa y disfrutar de la ciudad desde otro ritmo.
Ese jardín cobra vida propia cada miércoles por la tarde, cuando se transforma en un after office relajado y vibrante, ideal para quienes buscan cortar la semana con buena música, cócteles de autor y una selección de platitos pensados para compartir. De 18:30 a 00 h, el espacio se llena de energía con propuestas como mini cheeseburgers en pan brioche, croquetas de champiñones con parmesano y miel de especias, empanaditas de carne braseada con baharat, gnudis de ricotta y parmesano, tataki frío de bife de chorizo o el acarajé brasileño relleno de camarones y maní. Todo acompañado por una coctelería creativa que sorprende: desde el Matcha sour con pisco y jengibre hasta el Cielo carmesí, un trago fresco con Aperol macerado en hibiscus y espumante.
Durante el día, el restaurante despliega una carta versátil con platos que recorren sabores cotidianos desde una mirada moderna. Hay desayunos con personalidad —como los huevos turcos con yogur griego o la french toast con higos y mascarpone—, almuerzos ligeros y cenas que combinan técnica y confort. Entre los principales se destacan la moqueca de camarones, los ñoquis trufados de sémola con stracciatella y la milanesa de bife de chorizo al horno con puré cremoso. Los postres, por su parte, son un capítulo aparte: tarta toffee con helado de sambayón, flan de coco keto o un cremoso de chocolate con aceite de oliva y sal marina.
La experiencia se completa con cafetería, jugos prensados en frío y una oferta de bebidas que acompaña cada momento del día. Todo en un ambiente cálido, elegante y sin pretensiones, donde la hospitalidad es tan protagonista como la cocina.
Para quienes buscan nuevas coordenadas gastronómicas en Buenos Aires, este rincón de Recoleta ofrece una combinación difícil de resistir: historia, encanto, buena mesa y un jardín secreto que invita a volver. Una parada obligada para disfrutar la ciudad desde un costado más íntimo y memorable.
Dirección: Ayacucho 1563, Recoleta.
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