El intendente de Montevideo, Mario Bergara, profundizó su deterioro en la opinión pública, ya que en una reciente encuesta 46% de los consultados desaprobó su gestión y solo el 23% la aprobó, mientras que un 30% no se pronunció en ningún sentido y un 1% no respondió o no supo qué contestar.
La desaprobación de Mario Bergara llega al 46% y arrastra el mal momento del Frente Amplio en los sondeos
La paradoja es que la baja popularidad de Bergara coincide con su mayor éxito político en la Junta Departamental para financiar obras viales y de saneamiento.
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El intendente de Montevideo perdió apoyo incluso entre los votantes frenteamplistas, donde la aprobación no logra superar la barrera del 50%.
La consultora Factum presentó este miércoles, en VTV Noticias, los resultados de su relevamiento sobre la gestión del jefe comunal correspondiente al segundo bimestre de 2026. El director de Factum, Eduardo Bottinelli, fue directo: "Es un saldo claramente negativo, por cada persona que aprueba hay dos que desaprueban". El sociólogo agregó que la gestión del intendente "no ha despertado grandes entusiasmos" ni siquiera entre sus propios votantes.
Entre quienes votaron al Frente Amplio (FA) en octubre de 2024, la aprobación de Bergara es de 43%, los juicios neutros llegan a 37% y la desaprobación se ubica en 19% (con 1% sin opinión). Ni siquiera dentro de su propio electorado el intendente logra superar la mitad de aprobación. Entre los votantes de la Coalición Republicana en la primera vuelta de 2024, el rechazo es casi unánime: 80% desaprueba su gestión, 18% tiene una valoración neutra y apenas 2% la aprueba.
Una caída sostenida desde julio de 2025
Bergara asumió la Intendencia en julio de 2025 con una luna de miel alta: la primera encuesta del Monitor de Opinión Pública que la propia comuna le encarga a Equipos Consultores le dio 49% de aprobación, 21 puntos por encima de lo que cosechaba su antecesor, Mauricio Zunino, al dejar el cargo. Desde entonces el respaldo cayó 40% en octubre, 31% al cierre de 2025 y 28% en el primer bimestre de este año, siempre según Equipos. La consultora Cifra, por su parte, ubicó la desaprobación de Bergara en 52% en su medición de febrero, contra 29% de aprobación.
Frente a esos números, Bergara ha insistido en que la caída responde a un "factor político", es decir, las tensiones internas del FA en torno a debates como la situación en Gaza, el Escudo de las Américas o las empresas públicas, antes que a problemas de gestión. La lectura no es unánime ni siquiera dentro de su propio espacio: el presidente del FA, Fernando Pereira, dijo no entender "por qué gestiones que están siendo exitosas" no logran traducirse en respaldo ciudadano, en referencia tanto a Bergara como al propio presidente de la República, Yamandú Orsi.
El deterioro no es exclusivo de la Intendencia. Por ejemplo, Orsi acumula caídas sucesivas en las mediciones de 2026: Factum le dio 37% de aprobación y 41% de desaprobación en el primer bimestre, y para el segundo la aprobación bajó a 29% mientras la desaprobación subió a 46%, con pérdida de respaldo incluso entre sus propios votantes (de 72% a 59% de aprobación). La consultora Opción, en tanto, midió en abril una desaprobación de 48% para la gestión de gobierno en su conjunto y de 43% para Orsi de forma individual, y calificó la serie histórica como el nivel de apoyo más bajo que registró un gobierno del FA.
La paradoja de los fideicomisos
La paradoja es que el deterioro en las encuestas no le impidió a Bergara sumar, hace casi dos semanas, un triunfo político relevante en términos de gestión: el jueves 4 de junio, ediles de la oposición, imprescindibles porque el FA no tiene mayoría especial propia en la Junta Departamental, habilitaron cuatro de los cinco fideicomisos extrapresupuestales que había impulsado el intendente, por un total de unos 260 millones de dólares, para financiar los planes de saneamiento, limpieza, calles y veredas.
El quinto proyecto, de revitalización de Ciudad Vieja por 40,7 millones de dólares, fue retirado por falta de apoyo suficiente. La Intendencia retiene así capacidad de gestión y de negociación política pese al desgaste de su imagen pública, una distancia entre gestión y percepción que el propio Bottinelli resumió en su lectura del dato de Factum.

