La inflación bajó desde el 9% en 2022 hasta el 3,1% interanual en febrero de 2026, manteniéndose cómodamente por debajo de la meta del Banco Central del Uruguay (BCU), fijada en 4,5%, pero ese proceso de reducción se podría estar pausando.
El IPC de febrero fue de 0,35%, por debajo de lo esperado, pero advierten que la trayectoria descendente parece estar llegando a su fin.
Cinve proyecta que la inflación se estabilizará en torno al 4%, por debajo de la meta del Banco Central del Uruguay.
La inflación bajó desde el 9% en 2022 hasta el 3,1% interanual en febrero de 2026, manteniéndose cómodamente por debajo de la meta del Banco Central del Uruguay (BCU), fijada en 4,5%, pero ese proceso de reducción se podría estar pausando.
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El último informe del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) proyecta que marzo cerrará con una variación mensual del 0,65%, el registro más alto del año, y advierte que la inflación ingresaría en una fase de crecimiento gradual que la acercaría al objetivo del BCU hacia finales de 2026.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero fue del 0,35%, levemente por debajo de la proyección de Cinve, que esperaba un 0,40%, es decir, la variación interanual quedó en 3,1%, 1,4 puntos por debajo de la meta.
Pero la proyección para marzo es otra: un 0,65% mensual, que llevaría la inflación interanual a 3,6%. Ese guarismo sigue siendo bajo en términos históricos —en marzo de 2025 la inflación interanual era del 5,7%— pero la dirección importa tanto como el número. Sobre todo porque, después de meses bajando —y en medio de la preocupación por el "sobrecumplimiento" del objetivo de inflación—, el indicador empieza a subir.
Cinve identifica dos factores que explican el cambio de tendencia. El primero es la baja de la Tasa de Política Monetaria (TPM), que el BCU ha venido ajustando a la baja en el marco del proceso de desinflación. El segundo son los "acontecimientos internacionales", una referencia directa al shock del precio del petróleo derivado del conflicto en Medio Oriente, que impactó en los precios de los transables y presionará sobre los combustibles.
El informe revela una tensión interna en la dinámica de precios que conviene leer con atención. Los bienes y servicios transables, que incluyen carnes, alimentos elaborados, productos manufacturados y combustibles, están en 1,5% interanual, muy por debajo del rango meta y actuando como ancla del IPC agregado. Son los que frenan la inflación.
Pero los bienes y servicios no transables, frutas y verduras, tabaco, servicios administrados, educación, energía eléctrica, están en 5,9% interanual, claramente por encima del objetivo del BCU. Son los que la empujan hacia arriba.
Lo que Cinve proyecta para los próximos meses es que esa brecha se va a cerrar, pero por arriba: los transables irán subiendo gradualmente, en parte por el dólar, en parte por los combustibles, mientras los no transables se mantienen elevados. El resultado es una inflación total que converge lentamente más cerca de la meta del BCU hacia finales de 2026, con proyección de 4,0% interanual para diciembre.
El estudio fue elaborado antes de que el gobierno confirmara a partir del 1° de abril. Ese ajuste, que llevará la nafta súper a 82,27 pesos y el gasoil a 50,63 pesos, no estaba incorporado en las proyecciones base del centro, lo que significa que el escenario real de abril podría ser más inflacionario que el que anticipa el modelo.
Los combustibles integran el componente residual del IPC en la metodología de Cinve, junto con frutas y verduras, energía eléctrica y servicios de empresas públicas. Este componente cerró febrero en 4,6% interanual y es el más volátil de todos. Un ajuste de 7% en nafta y gasoil le pegará directo al guarismo de abril, con efectos secundarios sobre el transporte y los costos de producción que se trasladarán gradualmente al resto de los precios.
Cinve es explícito en señalar que toda su proyección descansa en un supuesto crítico: que el tipo de cambio siga un comportamiento aleatorio, sin tendencia definida, es decir, que el dólar no se aprecie ni se deprecie de forma sostenida. Si sube más de lo previsto, como lo hizo en este mes con , la trayectoria inflacionaria sería más empinada que la proyectada.
En ese sentido, la suba del tipo de cambio observada en marzo es exactamente el tipo de shock que identifican como capaz de desviar la trayectoria estimada. Si se sostiene, los transables subirán más rápido y la inflación podría acercarse al rango meta antes de lo previsto.
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