13 de junio 2023 - 12:48

La inflación y la construcción de los precios, bajo la lupa

Radiografía de por qué la "inflación efectiva" para muchas familias es mayor de la que marca el IPC general.

Según el el Índice de Precios del Consumidor (IPC), la inflación en Uruguay cayó al 4,79% interanual.

Según el el Índice de Precios del Consumidor (IPC), la inflación en Uruguay cayó al 4,79% interanual.

La inflación minorista en Uruguay, medida a través del IPC, volvió a su trayectoria de descenso en el último dato del mes de mayo, ubicándose en el 7,1% anual. Es el mínimo desde mayo de 2021. Sin embargo, el 23% de la composición del IPC corresponde a alimentos y éstos han subido claramente por encima del índice general: el dato anual a mayo marca una suba de 13,3% (gráfica).

En los últimos 2 años, los alimentos subieron 25%, mientras el índice general avanzó 16,4%. La inflación de alimentos es especialmente sensible por dos razones. Por un lado, son los precios que más frecuentemente enfrentan los consumidores en el almacén, la feria o el supermercado. Otros componentes (alquiler, tarifas, servicios) se pagan -en su mayoría- mensualmente, pero la carne, los fideos, y las frutas y verduras se compran todas las semanas o todos los días. Cuando los consumidores hablan de “los precios”, aluden principalmente a éstos, por lo que tienen una alta incidencia en la percepción de inflación, seguramente por encima de su ponderación real en el IPC.

Además, y asociado a lo anterior, obviamente para las familias de menores ingresos la ponderación de los alimentos en su canasta de consumo es mayor: primero está la comida y -por tanto- es razonable pensar que la “inflación efectiva” para muchas familias de ingresos medio-bajos y bajos (especialmente las numerosas) es mayor de la que marca el IPC general.

IPC general y de alimentos.jpg

¿Por qué han subido tanto los alimentos?

Para explicarlo hay que diferenciar por categoría, pues no es lo mismo el peceto que la papa. La carne vacuna es el principal producto de exportación y -al mismo tiempo- el componente central de la dieta uruguaya. Por esto, se está dando una “tensión” en su precio: arbitra con los mercados externos que tuvieron precios récord en 2022, y eso se traslada al mercado local. A nivel global la carne vacuna no es un alimento barato, pero en Uruguay es el más popular (responde casi por 5% del IPC).

En el caso de frutas y verduras la sequía redujo la oferta local y los precios saltaron a máximos históricos. Pero, además, buena parte de las frutas y verduras no se importan libremente (hay que tener autorización del MGAP), lo que implica que la caída en la oferta local se traslada a precios “ipso facto”; si el ingreso de importados fuera más fluido, la suba sería más moderada. El caso de la carne aviar es similar: la importación está restringida.

Por otra parte, cuanto más elaborado es un alimento, menos incide el precio de la materia prima comercializada a nivel internacional (exportada o importada), y más el costo local. En los panificados, por ejemplo, el costo de la harina es menos del 20% del precio final. El resto son tarifas, servicios, salarios, etc.. Incluso para frutas y verduras el precio al productor es una parte menor del precio al consumidor. Muchos ven esto como un síntoma de abuso de intermediarios. En ciertos casos, es posible.

Pero hay que tener en cuenta que para llevar la producción de la chacra a la cocina hay mucho trabajo: flete mayorista, acopio y almacenamiento (en ciertos productos en cámaras de frío), flete minorista, controles de calidad, márgenes de comercialización de feriantes, almaceneros, supermercados (no trabajan gratis) etc. Incluso hay un porcentaje no menor de pérdidas en los productos frescos, que es inevitable. Todo esto son costos internos que poco tienen que ver con el precio internacional o al productor. Y los costos internos están más asociados a los costos salariales y servicios locales.

Esta estructura comercial y de costos, explica en buena medida la dinámica de indexación y por qué la inflación sube más fácil de lo que baja. Dicho de manera simple, en una secuencia de pasos:

  • - suben los alimentos por sequía o precios internacionales
  • - parte de la suba se traslada al IPC
  • - para no perder poder adquisitivo, los salarios buscan equiparar el IPC
  • - por lo anterior, suben los costos locales
  • - parte de esa suba se traslada al precio final de alimentos
  • - vuelva al punto inicial

Es por esta secuencia que los aumentos transitorios de precios (como en el caso analizado de ciertos alimentos) se vuelven -en parte- permanentes. La inflación es un fenómeno monetario pero su medición a través de índices (no hay otra manera) genera este tipo de dinámica que hay que considerar. Por esto, es muy relevante la política salarial y -en especial- la forma en que se ajustan los salarios.

En consecuencia, para bajar de manera más consistente la inflación y particularmente las expectativas (las de los empresarios siguen en 8%) se necesita no solo una política monetaria contractiva, sino mayor apertura comercial, exportando e importando (en especial en rubros de granja) y una política salarial alineada a los objetivos de inflación futura, más que a la inflación pasada.

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