En pleno corazón del barrio porteño de Recoleta, dentro del hotel boutique Mío Buenos Aires, Rufino invita a vivir una experiencia gastronómica que combina el alma de la parrilla argentina con la estética y el cuidado del casual fine dining. Su propuesta revaloriza los sabores típicos del país con una mirada contemporánea: carnes de pastura y vegetales de estación tratados con la misma dedicación, técnicas de vanguardia y una búsqueda constante por resaltar la nobleza de cada producto. El resultado es una cocina de fuegos precisa y sensible que celebra el origen de los ingredientes y ofrece una versión elevada del ritual del asado.
Rufino - Bife de chorizo con manteca de hierbas 2
El ambiente acompaña desde el primer momento. Tras descender unas escaleras, se abre un salón elegante donde la madera, el hierro y la luz tenue crean un clima sofisticado y acogedor. Mesas para dos, cuatro o más personas conviven con boxes íntimos y una barra de cócteles que anticipa la experiencia. Su ambientación de estilo campestre argentino le da el toque adecuado para que este spot sea una opción ideal para citas, salidas con amigos y encuentros empresariales.
La excelencia de su cocina tiene cimientos sólidos: las carnes de pastura provienen del frigorífico Entre Todos, con más de cuatro décadas de trayectoria ganadera, mientras que los vegetales son seleccionados por Ocho Seis Central, un proyecto de los cocineros Facundo Kreinman y Pablo Savio que conecta productores locales y populares del Mercado Central con restaurantes, anticipando la disponibilidad de ingredientes de estación para asegurar frescura y calidad en cada plato.
La noche en Rufino comienza con entradas que revalorizan a los infaltables del asado argentino: croquetas de morcilla con emulsión de manzana, mollejas con papas rotas y puré de coliflor, o el clásico matrimonio de chorizo y morcilla con peperonata. Las opciones vegetarianas no se quedan atrás, con platos como gírgolas trufadas con kale y puré de porotos pallares o el carpaccio de tomates cherry con aceite de albahaca y perlas de aceto balsámico. En los principales, cortes emblemáticos como el costillar del centro de 1 kg cocido seis horas a baja temperatura, el T-Bone de 1 kg o el osobuco braseado de 1,5 kg conviven con otros como el roll de cordero patagónico, el bife de vacío y la bondiola braseada con notas cítricas y dulces. Para quienes prefieren propuestas veggie, hay alternativas como el zapallo entero relleno con quinoa, kale y mix de quesos, o los raviolones de calabaza y mascarpone con manteca de salvia. El cierre llega con postres que reinterpretan clásicos argentinos, como la deconstrucción del vigilante o frutillas almibaradas con especias y crumble de almendras.
Rufino - vinos Catena Zapata
La experiencia se realza con una cava de 45 etiquetas seleccionadas, organizadas por intensidad para recorrer las distintas regiones vitivinícolas argentinas, y una barra que ofrece cócteles de autor como el Summer Rose Pasionario o el Rufino Spritz. Como parte de su compromiso sustentable, el restaurante brinda agua filtrada ilimitada en botellas de vidrio reutilizables.
El prestigio de Rufino ya traspasó fronteras. Su sede en Río de Janeiro, en el barrio de Leblon, fue reconocida por la Guía Michelin en 2025, consolidando a la marca como embajadora internacional de la gastronomía argentina al fuego. Este hito reafirma su vocación de excelencia, presente tanto en la calidez del servicio como en la precisión de su cocina, en cualquiera de sus direcciones.
Dirección: Av. Pres. Manuel Quintana 465, Subsuelo del Hotel Mío Buenos Aires, Recoleta.
Rufino - Deconstrucción de postre vigilante
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