19 de marzo 2026 - 08:34

La producción de soja se encamina a una caída de hasta un 50% y el agro ya mira hacia la campaña de invierno

La sequía golpea de lleno a la zafra de verano y los rendimientos se desploman, mientras el sector espera lluvias para sostener el cultivo.

La falta de agua afectó especialmente al litoral agrícola en producción de soja y maiz.

La falta de agua afectó especialmente al litoral agrícola en producción de soja y maiz.

Foto: MGAP

La zafra de soja se encamina a una fuerte caída productiva, en un escenario marcado por la sequía y la falta prolongada de lluvias en varias zonas clave del país y, según estimaciones del sector, la producción podría ubicarse hasta un 50% por debajo de la campaña anterior.

En una entrevista para Oriental Agropecuaria AM 770, el gerente comercial de Barraca Erro, Germán Bremermann, señaló que si bien aún es "prematuro cerrar estimaciones definitivas", el impacto productivo ya es evidente y generalizado. "Probablemente estemos un 50% abajo de lo que fue la producción del año pasado", afirmó, al tiempo que advirtió que el resultado final dependerá de las lluvias previstas en los próximos días.

El déficit hídrico fue especialmente severo en el litoral, una de las principales zonas productivas, donde las condiciones climáticas deterioraron rápidamente el estado de los cultivos. "Desde el 10 de enero llevamos más de 60 días sin agua", explicó Bremermann, describiendo un escenario de altas temperaturas y estrés hídrico sostenido.

En ese contexto, algunas regiones presentan un margen de recuperación prácticamente nulo, incluso ante eventuales precipitaciones. "Hay lugares donde ya prácticamente no cambia mucho la lluvia pensando en verano", sostuvo, en referencia a zonas particularmente afectadas como el eje de Dolores.

Maíz con resultados dispares

El impacto climático también se reflejó en el desempeño del maíz, aunque con diferencias según el momento de siembra. El maíz de primera logró rendimientos considerados aceptables dentro del contexto, aunque por debajo de las expectativas iniciales del sector.

En cambio, el maíz de segunda enfrenta un panorama mucho más complejo, debido a la falta de agua en una etapa crítica del cultivo. "Está muy complicado, porque en plena floración faltó el agua", expresó Bremermann, lo que compromete de forma directa el rendimiento final.

El invierno gana protagonismo en la planificación

Más allá de la zafra de verano, el foco del sector comenzó a desplazarse hacia la campaña de invierno, en un intento por recomponer resultados. En ese sentido, las lluvias no solo serán determinantes para lo que resta del ciclo actual, sino también para mejorar el ánimo de los productores.

"Si llueve, independientemente de la respuesta del cultivo, cambia el ánimo y uno se empieza a proyectar sobre el invierno", remarcó el ejecutivo. Las primeras proyecciones indican que el área de siembra invernal podría ubicarse entre 700.000 y 800.000 hectáreas, con una dinámica creciente en algunos cultivos.

Cambios en la rotación y nuevas apuestas

Dentro de la planificación, las crucíferas aparecen como las de mayor dinamismo, con la colza liderando las decisiones de siembra. "La colza es la que tiene mayor perspectiva y es donde se está concretando más rápido", indicó Bremermann.

A su vez, la cebada volvió a ganar atractivo a partir de una mejora en los precios, mientras que el trigo podría perder participación relativa dentro de la rotación. De todos modos, el clima seguirá siendo un factor determinante para definir la campaña, tanto en la recomposición de los suelos como en las ventanas de siembra.

En paralelo, el sector continúa apostando a la incorporación de tecnología y mejoras en el manejo agronómico como herramientas para mitigar riesgos. En ese marco, durante Expoactiva se presentaron nuevas variedades de soja y maíz, junto con evaluaciones en densidad, fertilización y adaptación a distintos ambientes productivos.

También se analizaron sistemas de riego, genética de alto potencial y estrategias para maximizar rendimientos en condiciones adversas. El contexto actual, marcado por la volatilidad climática, refuerza la necesidad de ajustar decisiones productivas en función de escenarios cada vez más inciertos.

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