Cuantificar el impacto de esta nueva crisis petrolera —causada por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán— en la economía mundial es una tarea difícil, pero parece claro que estamos ante un escenario de los más graves de los últimos años.
La suba del petróleo: malas noticias en un mal momento
El salto en los precios del crudo llega con la economía global desacelerando y la uruguaya sin crecimiento.
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Los precios del petróleo suben a nivel global y tendrán su impacto en Uruguay.
Contrariamente a los conflictos recientes en Medio Oriente -incluyendo la invasión israelí en Gaza, luego de los ataques de Hamas o incluso los más recientes ataques de Israel y Estados Unidos al propio Irán en 2025-, ahora la guerra ha cerrado el estrecho de Ormuz y los países del Golfo Pérsico no pueden sacar su producción petrolera al mundo (20% del total), con un impacto gravísimo, particularmente para países asiáticos que dependen mucho del petróleo de esa región; para el resto, el impacto es igualmente grave, pues el mercado petrolero es uno solo y reaccionó con un aumento de precio que ha sido impactante en pocos días (gráfica).
De prolongarse la situación -el objetivo de EEUU es remover el régimen iraní, para que no sea más una amenaza para Israel y la región-, el impacto de la economía global puede ser grave, reduciendo la tasa de crecimiento global, que ya viene bastante floja. La economía estadounidense se ha mostrado más activa de lo esperado, pero con una situación fiscal no sostenible, mientras la economía de China va a crecer menos que en los años previos (4,5-5%). Y todo esto antes de desatarse la guerra.
La región en la que está Uruguay no escapa a todo este trance, aunque nuestros vecinos, Argentina y Brasil, son países petroleros; de manera que pueden captar el aumento en el precio del crudo en su producción, un impacto positivo, si bien puntual y específico. Brasil ha estado desarrollando su industria petrolera por muchos años (incluyendo los potentes yacimientos pre-sal), mientras que Argentina ha casi duplicado su producción petrolera en 10 años, por el aumento de la producción de petróleo no convencional en el gigantesco yacimiento de Vaca Muerta.
De manera que ambos vecinos son hoy netos exportadores de petróleo. Y hay analistas internacionales que ven a Brasil particularmente bien posicionado ante este escenario, y recuerdan que el real se fortaleció como consecuencia de la guerra en Ucrania, con subas en varios precios de su canasta de exportación.
De todas maneras, a no confundirse: la crisis del petróleo es recesiva y no solo por un problema del costo energético, sino por su impacto en la inflación, que —a la larga o a la corta— deberán atender todos los países, desde Estados Unidos hasta Uruguay.
El impacto en Uruguay
A pesar de las prospecciones recientes, Uruguay no tiene petróleo y por lo tanto debe importarlo. Las últimas cifras indican que las importaciones anuales están en el entorno de los 15 a 16 millones de barriles. Haciendo una cuenta muy gruesa -y simplemente ilustrativa- si hay un aumento de 30 dólares por barril en el precio (digamos de 70 a 100 en el Brent) y el alto precio persiste por unos 6 meses, el país puede ver aumentado su gasto en importaciones de petróleo en más de 200 millones de dólares.
Es una cifra preocupante y se concretaría en la medida que el conflicto persista; decíamos que el objetivo de EEUU es un cambio de régimen en Irán; pero la situación con el petróleo es tal que parece difícil que los países del Golfo la soporten por muchos tiempo (además, China está pidiendo un cese al fuego). El antecedente de la guerra que desató Rusia contra Ucrania en 2022 no es tranquilizador: el petróleo a partir de febrero de 2022 (fecha de la invasión), estuvo más de 6 meses por arriba del promedio antes de corregir parcialmente a la baja, hacia fines de ese año (gráfica).
Otro impacto que el gobierno uruguayo tiene que calibrar es, como mencionamos, en la inflación. Es bastante obvio que si el petróleo sigue en estos niveles se deberá procesar alguna corrección en el precio de los combustibles. Esto sería de la mayor lógica: si algo escasea, una manera directa de estimular su uso eficiente es la suba de su precio (principio básico de economía, que a veces se omite, generando graves pérdidas y distorsiones); por supuesto, el Poder Ejecutivo tiene la posibilidad de regular y matizar esto según el escenario económico general y atento a los tiempos de decisión. Siempre hay cierto margen de maniobra, aunque en Uruguay es acotado.
El “shock” petrolero llega además en momentos en que la economía uruguaya muestra pocos síntomas de crecimiento (los indicadores mensuales están sin avances desde casi mitad del año pasado). De manera que la capacidad de “amortiguar” el impacto es baja y seguramente la economía va a sufrirlo. En estas circunstancias, es clave ser realista, no ignorar el problema y calibrar bien el balance entre los distintos planos de incidencia (actividad, inflación, expectativas) para que el daño sea el menor posible.
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