11 de junio 2024 - 11:23

Más tasa de interés en dólares ¿más ahorro?

La tasa que pagan los bancos por depósitos en dólares llegó a 3,5%, un máximo en más de 15 años.

Elaumento en la tasa de interés pasiva en la plaza local es reflejo del aumentoen la tasa de interés internacional.

El aumento en la tasa de interés pasiva en la plaza local es reflejo del aumento en la tasa de interés internacional.

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La tasa de interés promedio que pagan los bancos en Uruguay por depósitos en dólares llegó a un máximo en más de 15 años. Según el propio registro del Banco Central (BCU) se ubicó en el 3,5% para el promedio de todos los tipos de colocaciones. Hay variaciones por supuesto, según el plazo y según la institución financiera que se considere.

El aumento en la tasa de interés pasiva en la plaza local es reflejo del aumento en la tasa de interés internacional que se ha dado en los últimos años, consecuencia de la decisión de los principales bancos centrales -en especial la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed)- de combatir la inflación con una política monetaria contractiva (es una tasa real positiva).

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Tasa pasiva en dólares.

Tasa pasiva en dólares.

Después de grandes ciclos de expansión monetaria (primero para salir de la crisis hipotecaria y luego por el impacto del Covid), el empuje de inflación que se registró al salir de la pandemia llevó a los bancos centrales a tomar las riendas del combate a la inflación aumentando las tasas y apuntando a controlar lo que hace mucho tiempo no sucedía: una tasa de inflación que complicaba el orden macroeconómico y el propio humor social.

El aumento de las tasas de interés, obviamente, genera impacto en la propia marcha de la economía: con el objetivo de combatir la inflación va asociado cierta afectación en el nivel de actividad que la conducción económica tiene que balancear, en cualquier país. En Estados Unidos la Reserva Federal está haciendo equilibrio entre ambas cuestiones, con poca ayuda de la política fiscal, que sigue teniendo una gran expansión con un déficit del Gobierno Federal que supera el 5% del PBI.

Todo esto afecta muy directamente al Uruguay, entre otras cosas porque es una economía aún muy dolarizada. Y digo aún porque el objetivo del Banco Central es ir a un proceso de pesificación, es decir, de extender el uso del peso uruguayo como moneda de transacción más ampliamente. Es un camino largo que -tal vez- debería implicar otras cuestiones más allá de decisiones de política monetaria, pero ese es otro asunto.

A los efectos del impacto local, el aumento de la tasa de interés es un estímulo al ahorro. Los uruguayos siguen ahorrando mayoritariamente en dólares y los que han dejado en los bancos sus dólares han perdido valor real de sus ahorros de una manera muy significativa en los últimos años. Los que diversificaron el ahorro colocando en pesos indexados u otro tipo de colocación no bancaria (por ejemplo, en Letras de Regulación Monetaria), han tenido mejor visión (o mejor suerte). Esto dicho con el diario del lunes y recordando siempre que en la economía hay una regla infalible: a mayor tasa mayor riesgo.

Ahora la situación cambia y hay más retorno por los ahorros en dólares ¿Operará esto como un estímulo al ahorro? Es un asunto que se responderá con el paso de los meses, pero no es fácil anticipar una proyección, porque es difícil hacer un análisis comparativo. En efecto, las cosas han cambiado mucho desde que la plaza local ofrecía tasas de interés en dólares de esta magnitud; hay que irse 15 años atrás, por lo menos. Y la sociedad ha cambiado bastante, en el mundo y en el Uruguay: la conformación de la familia, el acceso a determinados bienes y servicios y -por lo tanto- la propensión al consumo a partir de determinado ingreso disponible, ha tenido cambios importantes en las últimas décadas.

En general, quienes analizan las tendencias de largo plazo, para aplicar al marketing y las finanzas, observan que -considerando una misma situación social y personal-, hay una propensión mayor a consumir o anticipar consumo (crédito).

También hay que considerar otro factor clave: si excluyéramos la pandemia, el Uruguay ya hace más de 20 años que no atraviesa una crisis económica grave, lo cual es un valor profundo de confianza y estabilidad. La propia pandemia se logró sortear con bastante pericia, si bien -por supuesto- mucha gente sufrió, no solo en términos sanitarios sino económicos. Pero allí operaron el crédito y mecanismos de soporte social desde el Estado para amortiguar el golpe. La consecuencia fue un aumento del endeudamiento, que va digiriéndose de a poco, en la medida que la economía se va reactivando.

Aquí aparece un flanco débil de la situación: con un endeudamiento relativamente más alto, tanto a nivel del Estado como de las familias y empresas, y una tasa de interés mayor, no será fácil aliviar la situación financiera y menos aún enfrentar algún tipo de cimbronazo externo, que siempre puede estar a la orden del día. Menos aún si la economía no se muestra tan firme como se esperaba. Uruguay tiene grado inversor y ha logrado avances en su posición macroeconómica e institucional muy destacados; pero ahora la tasa de interés es mayor y el escenario cambió, con mayor costo de oportunidad del dinero. Esto puede condicionar el consumo, con los corolarios mencionados, y también la inversión. Y nadie tiene garantizada la estabilidad para siempre. Se la gana día a día, año a año, elección a elección.

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