16 de mayo 2026 - 13:58

Sin "reinventar la rueda", Uruguay enfrenta desafíos y oportunidades en la implementación del acuerdo Mercosur-UE

Expertos debatieron sobre los caminos que se abren para el país en términos de productividad, servicios y convergencia regulatoria para el comercio exterior.

Sin reinventar la rueda, Uruguay enfrenta desafíos y oportunidades en la implementación del acuerdo Mercosur-UE.

Sin "reinventar la rueda", Uruguay enfrenta desafíos y oportunidades en la implementación del acuerdo Mercosur-UE.

La entrada en vigencia provisional del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) supuso el cierre histórico de las negociaciones pero, a su vez, la apertura de una etapa en que las formas en que Uruguay y los demás países implementen el tratado jugarán un rol clave para su aprovechamiento efectivo.

Al rededor de este y otros temas giró el evento "Diversas miradas del acuerdo UE-Mercosur: impactos esperados”, organizado por la Universidad Católica del Uruguay (UCU), con un gran panel de invitados y al que asistió Ámbito. Y uno de los expositores fue el director de la Asesoría de Política Comercial del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Juan Labraga, que también fue uno de los negociadores uruguayos en el pacto con Europa.

En ese sentido, el experto apuntó que las estimaciones del gobierno y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) plantean un impacto positivo para el país de entre el 1,5% y el 1,9% del Producto Interno Bruto (PIB), pero que, para ello, será necesario trabajar en sectores clave con el objetivo de sacar el mayor provecho posible.

Productividad y adecuación normativa, ejes de la implementación del acuerdo Mercosur-UE

El crecimiento proyectado del PIB, sin embargo, no responde en su mayoría al impacto de las reducciones arancelarias sobre el comercio exterior entre los bloques, sino al crecimiento de la productividad interna y, específicamente, de la Productividad Total de los Factores (PTF).

Según explicó Labraga, el acuerdo Mercosur-UE "es un gran acuerdo", pero "el comercio no termina de mover la aguja". "Tenemos que cambiar la productividad del país, y para eso el acuerdo es una ayuda, pero no es lo único que hay que hacer", insistió. En ese sentido, fue enfático en no repetir el error de creer que "Uruguay está salvado" con el tratado y sin hacer mucho más, como ocurrió en 1991 con la creación del Mercosur; y señaló la importancia de "construir una red de acuerdos" que se potencien entre sí: "Éste tiene que ser el primero de muchos, que vengan todos los que tengan que venir, a nivel Mercosur o bilateral".

Específicamente, el economista sostuvo que un entramado de pactos llevaría a un aumento de la productividad que, a su vez, dinamizaría la agenda del bloque regional y, particularmente, a la economía uruguaya.

Este "impulso modernizador" ya se observó en el "cuasi experimento" que tuvo lugar a partir del 2019 —con el primer cierre del acuerdo— respecto del Régimen de Certificación de Origen, que se actualizó en 2023 y que Uruguay comenzará a implementar en octubre próximo con la autocertificación. "El desafío es que se generalice" hacia otras áreas, como también está sucediendo respecto del acuerdo de facilitación de comercio intrabloque, donde la eliminación de la tasa consular —con fecha local en 2029 para los países de la UE, y 2030 para los socios regionales— será un paso clave.

Igualmente, "más allá de la agenda Mercosur, Uruguay tiene una agenda unilateral de productividad y apertura al mundo que es la excusa perfecta para poder transitar", destacó Labraga. Y allí, otro punto central será la convergencia y coherencia regulatoria: "No hay que reinventar la rueda sino ajustarse a las buenas prácticas internacionales, eso solo va a aumentar el comercio y las inversiones", sostuvo.

Una reglamentación positiva también a nivel Mercosur

Por su parte, la investigadora brasileña Sonia Polónia Ríos, destacó durante su intervención que esta convergencia regulatoria y de reglamentaciones para con la UE supone también un "marco para el Mercosur" y un "puente para modernizar la normativa del bloque", así como para abrir el camino a nuevos acuerdos.

En una línea similar se había expresado días atrás el economista especializado en desarrollo económico y actual jefe de la Unidad de Integración Regional del BID, Pablo García; quien destacó que la adecuación normativa con Europa generará una convergencia interna entre los Estados parte del bloque regional que abre todavía más oportunidades para estos países.

En ese sentido, Ríos sostuvo que el acuerdo Mercosur-UE, "más profundo y moderno" que el tratado constitutivo del organismo sudamericano, puede contribuir al "aggiornamiento" de la agenda regional. Y que, como también señaló Labraga, algunos de estos avances ya se comenzaron a ver tres el primer acuerdo de 2019.

Algunos pendientes en materia de servicios

El capítulo en materia de servicios del acuerdo Mercosur-UE fue, en tanto, el tema sobre el que se enfocó el economista y profesor de Comercio Internacional (UdelaR), Marcel Vaillant, que destacó la falta de una política comercial común a nivel europeo con el resto del mundo, por lo que los compromisos son específicos con cada uno de los 27 países que integran el bloque. "Hay que negociar los modos en servicios para que se dé la cooperación", apuntó.

En ese sentido, señaló que "se consolidó el status quo" en mayor parte, aunque también "hubo algo de liberalización en el margen". Uno de esos avances es el de la liberalización permanente de los derechos aduaneros sobre transmisiones electrónicas, "fundamental en las nuevas modalidades de comercio" —y un ámbito desde hace tiempo demorado por moratoria de la Organización Mundial del Comercio (OMC)—; y también destacó mejoras en transporte internacional.

Asimismo, Vaillant consideró que, en materias complementarias como la inversión, al competencia, la propiedad intelectual y las compras gubernamentales, "el acuerdo no es demasiado ambicioso", pero que "es lo mejor que se pudo hacer".

En sintonía con la mayoría de los expositores, el economista y profesor insistió en que "la velocidad de la implementación" del acuerdo será fundamental, y que, en ese marco, la convergencia regulatoria es un punto clave y central. Un obstáculo para esto, sin embargo, será la falta de claridad de convergencia de estándares en materia de servicios, cosa que no ocurre en cuanto a los bienes y productos. El alto costo de estos procesos, asimismo, será otra desafío a enfrentar.

"La mayoría de las oportunidades no tienen que ver con lo que todo el tiempo discutimos, esa obsesión con los aranceles", señaló, y agregó: "Lo que tienen los acuerdos es que cambian las condiciones de las reglas, y la mayoría de las cosas más importantes no ocurrieron, son desarrollos futuros". En esto, las empresas jugarán un papel importante desde su demanda por una "profundización dinámica del acuerdo" y por la velocidad de implementación.

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