15 de marzo 2024 - 08:08

Tres lecciones históricas que nos dejó la economía uruguaya

Algunos de los momentos más difíciles del país en materia socioeconómica derivaron en enseñanzas que rozan lo tragicómico.

El expresidente de la República, Jorge Batlle, mantuvo una buena relación durante su mandato con su por entonces par estadounidense, George W. Bush.

El expresidente de la República, Jorge Batlle, mantuvo una buena relación durante su mandato con su por entonces par estadounidense, George W. Bush.

Foto: SEPREDI

Ya sea por la impericia de un gobierno o una sucesión de factores internos o completamente exógenos, las distintas crisis económicas suelen significar momentos de gran angustia para el grueso de la población y el Uruguay nunca fue una excepción de ello.

En democracia o en una cruenta dictadura, las leyes de la economía continúan solitarias su propio camino, la mayoría de las veces ante los ojos impotentes de los equipos técnicos y la sociedad. El ganador del Premio Nobel de Economía en 1974, Friedrich Hayek, tan en boga por estos días, dijo alguna vez que "la curiosa tarea de la ciencia económica es demostrar a los hombres lo poco que realmente saben de lo que imaginan que pueden diseñar".

A continuación repasaremos tres de cientos de anécdotas y memorias populares que se gestaron entre los hacedores de la política económica y financieras del país.

John B. Taylor siempre fue de Peñarol: la importancia de los vínculos políticos

En 2002, durante el gobierno de Jorge Batlle, Uruguay se encontraba buscando una salida a la peor crisis de insolvencia financiera que le tocó atravesar, motivada por una recesión que se arrastraba desde 1998, una feroz corrida cambiaria y la explosión simultánea de cientos de focos de fiebre de aftosa a lo largo del territorio nacional.

Muy cuestionado, el entonces ministro de Economía y Finanzas, Alberto Bensión, renunció a su cargo el 24 de julio siendo sucedido por Alejandro Atchugarry, en un intento del Partido Colorado por rearticular la coalición de gobierno que compartían con el Partido Nacional y buscar puentes en común con el Encuentro Progresista-Frente Amplio, para poder sostener una cada vez más comprometida situación institucional.

Desde el Encuentro Progresista-Frente Amplio, encabezados por el entonces presidente partidario, Tabaré Vázquez, recomendaban que Uruguay desistiera en la intención de honrar sus compromisos de deuda, pero en el gobierno no querían dar el brazo a torcer en esta cuestión. Paradójicamente, el principal referente económico de aquella oposición, Danilo Astori, se mostraba en sintonía con el accionar del equipo económico oficialista.

Luego de que la Argentina entrara en default en 2001, las evaluaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) viraron hacia una posición de mayor recelo a la hora de contemplar las posibilidades de los países sudamericanos para afrontar sus pagos de deuda soberana. El representante del FMI para el Hemisferio Occidental, el chileno Eduardo Aninat, negó dotar de fondos al Uruguay para afrontar la corrida bancaria.

Esta actitud no fue bien recibida por el gobierno uruguayo, quien comenzó a mover fichas a niveles más altos. El propio presidente Batlle, quien mantenía una buena relación con su por entonces par estadounidense, George W. Bush, se puso manos a la obra y habló telefónicamente con el embajador uruguayo en Estados Unidos, Hugo Fernández Faingold, para que este diera aviso a las autoridades norteamericanas que "el asunto en el Uruguay no es un tema de pesos", sino que era "un asunto institucional", ya que "lo que se iba a caer no eran los bancos, sino la democracia".

Por aquel entonces, tras una larga serie de negociaciones infructuosas con el FMI y la intransigencia de Aninat, el equipo económico uruguayo se disponía a abandonar Washington D.C. con las manos vacías, pero yendo camino a la embajada para buscar las valijas recibieron una llamada por parte de Fernández Faingold que les avisó: "(John Brian) Taylor es de Peñarol, vuelvan que nos reunimos a las 18:00 horas", según relató el exministro de Economía y Finanzas, Isaac Alfie.

Con esto, Fernández Faingold le hizo saber a la delegación que el subsecretario del Tesoro para Asuntos Internacionales, John B. Taylor, favorecería los intereses uruguayos en las negociaciones. El 5 de agosto, el embajador estadounidense en Uruguay, Martin Silverstein, anunció el desembolso de un crédito puente extraordinario de 1.500 millones de dólares. "En tiempos difíciles los amigos merecen más que palabras, las acciones hablan más que las palabras", expresó entonces el diplomático.

Taylor tenía órdenes expresas por parte de Bush de encontrar una solución a la falta de liquidez del sistema bancario uruguayo, por lo que Estados Unidos hizo una excepción a su política de no conceder créditos de manera bilateral. La afinidad política entre Batlle y el mandatario estadounidense ayudaron a descomprimir, al menos por algunos días más, un clima que era de máxima tensión. Taylor fue condecorado con la Medalla de la República Oriental del Uruguay en el año 2005.

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Jorge Batlle y George W. Bush en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Jorge Batlle y George W. Bush en el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Más vale curar que prevenir: el billete de 5.000 pesos

Las dificultades del gobierno de Batlle no terminaron con la llegada de dólares desde el norte, sino que las negociaciones continuaron tensas con el FMI, pero también a nivel parlamentario con la oposición. Las mismas fueron bastante inestables hasta que un cambio de directorio en el organismo multilateral comenzó a surtir efecto: la llegada del indio Anoop Singh como director del Departamento del Hemisferio Occidental.

Con un tipo de cambio que se disparó casi un 90% a lo largo de 2002, pasando de 14,328 pesos a principios de enero a 27,220 pesos a fines de diciembre, al país aún le quedaban por transitar un par de años de incertidumbre financiera. Según datos del Banco Mundial, en 2002 la inflación anual llegó al 14% y hasta el 19,4% en el 2003. En 2004, durante el último año de gobierno de Batlle, tuvo una caída hasta el 9,2%.

Debido a las altas cifras, el temor a una espiralización inflacionaria aún estaba en el aire y, según Numista, un sitio web especializado en numismática, el Banco Central del Uruguay (BCU) creó un billete de 5.000 pesos con la cara del primer presidente constitucional y caudillo colorado, José Fructuoso Rivera, a la espera de lo que podía pasar.

Sin embargo, para entonces Uruguay ya había superado la peor parte del temporal y la economía, impulsada por el precio de las commodities, entraría en franca recuperación. En 2005 la inflación acumulada retrocedió al 4,7% y el alto valor nominal y real del proyectado billete de Rivera lo volvieron innecesario y lo condenaron al olvido.

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Espécimen del billete de Rivera.

Espécimen del billete de Rivera.

Los marcianos sabían que Uruguay devaluaría

En 1981, la dictadura argentina tuvo que devaluar la moneda y abandonar la "tablita cambiaria" instaurada por el entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. La misma consistía en un esquema de devaluación programado, similar a uno que existió en el Uruguay a partir de noviembre de 1978.

Debido a lo ligada que estaba la economía a la del país hermano y sus decisiones, frente a la alta inflación, en 1982 se le preguntó al dictador uruguayo Gregorio Álvarez si podría ocurrir lo mismo, a lo que este respondió que "un marciano había inventado esa noticia". El militar fue a más, y en un discurso a mediados de ese mismo año, señaló que "solo los marcianos creen que habrá devaluación en el Uruguay".

En noviembre de 1982 se quebró la tablita uruguaya y el dólar voló de 13,81 Nuevos Pesos a 20 Nuevos Pesos para estabilizarse más tarde en 33 Nuevos Pesos, golpeando de lleno a los ahorristas y las empresas nacionales. La frase de Álvarez fue tan infame como su mandato, y la economía, indomable, abrió su propio camino.

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