El precio del petróleo superó los 100 dólares por barril en marzo, el estrecho de Ormuz opera bajo tensión permanente y los mercados globales acumulan semanas de volatilidad que no distingue entre activos de riesgo y refugio, entonces ¿Qué hacer con el portafolio de inversiones?
En diálogo con Ámbito, Patrizio Drago, Sales Trader de Adcap Uruguay, parte de una premisa que suena contraintuitiva en momentos de turbulencia. "Como gestores de patrimonio, no somos partidarios de realizar movimientos tácticos ni en momentos de pánico ni en momentos de euforia", afirmó Drago. Su argumento es que si el portafolio del cliente ya estaba alineado con su perfil de riesgo y su horizonte temporal, y no hay cambios sustanciales en las expectativas de largo plazo, como es el caso actualmente, rotar la cartera puede comprometer sus objetivos de largo plazo más que protegerlos.
El especialista advierte además sobre una dificultad técnica que agrava el panorama: la correlación entre las distintas clases de activos aumentó significativamente. "Ni siquiera el oro o la renta fija de alta calidad están quedando al margen de la volatilidad", señaló, explicando que el deterioro de las perspectivas económicas se combina con expectativas inflacionarias crecientes, lo que "reduce considerablemente el margen de maniobra de la Reserva Federal (Fed)".
Para quien de todas formas quiera moverse o para quien su perfil real sea más conservador de lo que se había definido originalmente, Drago tiene una recomendación concreta: aumentar la posición en cash o equivalentes, con preferencia por Letras del Tesoro americano de corto plazo (T-Bills), hasta que pase el temporal. La advertencia es explícita: "En caso de que el conflicto se resuelva más pronto que tarde, podría perderse la recuperación en los activos de riesgo". Es decir, el costo de protegerse es quedarse afuera del rebote.
Otra opción para enfrentar la volatilidad: "Oro y menos duración"
Adrián Moreira, economista especializado en análisis financiero y trader de Gastón Bengochea & Cía, comparte la cautela, pero propone movimientos tácticos más específicos. Para un inversor que quiera reposicionarse en el corto plazo, identifica dos movimientos con claridad: aumentar exposición al oro y acortar duración en renta fija.
Sobre el oro, Moreira va más allá de la narrativa del refugio coyuntural: "Su atractivo actual no responde solo a la coyuntura, sino a un cambio más profundo: la creciente demanda de bancos centrales como reserva alternativa al dólar, la incertidumbre sobre la política monetaria global y la búsqueda de activos que preserven valor ante shocks imprevistos". En ese marco, insistió en que sumar exposición al metal tiene sentido tanto como cobertura como por sus propios fundamentos de demanda estructural.
En renta fija, el razonamiento es defensivo: la tensión geopolítica genera presión inflacionaria, vía commodities, disrupciones logísticas y mayor gasto fiscal en defensa, lo que incrementa la incertidumbre sobre la trayectoria de tasas. Los bonos largos son los más vulnerables en ese escenario. "Acortar duración no es una apuesta direccional: es una medida defensiva que reduce la sensibilidad del portafolio a movimientos adversos en la curva sin resignar completamente el rendimiento", sintetizó Moreira.
¿Invertir en defensa y energía es la respuesta?
Una de las reflexiones de Moreira apunta a desmontar una intuición frecuente: que en tiempos de guerra conviene comprar acciones de empresas de defensa y energía.
En defensa, el argumento es que gran parte del optimismo geopolítico ya está incorporado en los precios, las valuaciones son exigentes y el sentimiento puede revertir rápidamente ante cualquier señal de distensión. Los contratos son de largo plazo y los ciclos de ingresos, lentos. "En energía, la relación con el precio del petróleo "es positiva, pero más débil e indirecta de lo que sugiere la intuición: el mercado descuenta la sostenibilidad del precio, no su nivel actual, y el impacto tarda en trasladarse a resultados", comentó. Comprar energía esperando capturar el rally del crudo puede ser una operación tardía.
El riesgo que nadie controla
El denominador común de ambos análisis es la incertidumbre sobre el timing. Nadie sabe cuándo se resuelve el conflicto en Medio Oriente ni cómo impactará en los mercados cuando eso ocurra.
Drago lo dice con precisión: protegerse tiene un costo, y ese costo es perderse el rebote. Moreira lo dice de otra forma: en entornos de escalada geopolítica, los mercados recompensan la precaución. En ese territorio donde la prudencia y la oportunidad se tensionan, cada inversor deberá encontrar su propio equilibrio.
Dejá tu comentario