El uso de fertilizantes está en constante crecimiento en nuestro país, pero el principal desafío que tiene la agroindustria es compensar el nivel de extracción de nutrientes que se produce con cada cosecha. Esto no es un tema menor en un contexto de abundantes lluvias, sobre todo porque gran parte de la superficie productiva de Argentina está siendo afectada por excesos hídricos.
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Lo concreto es que la permanencia del agua sobre lotes durante varios días puede provocar modificaciones tanto en la cantidad como en las formas químicas de los nutrientes presentes en el suelo. Si bien cada nutriente reacciona de forma diferente, algunos pueden perderse del sistema y otros reaccionan en formas químicas de muy baja disponibilidad para los cultivos.
Allí es cuando entra en juego una adecuada estrategia de planificación de fertilización de los suelos. Las inundaciones suelen ocasionar la pérdida de algunos nutrientes claves como el nitrógeno por lo que es necesario reforzar la fuente de nitrógeno en forma de nitrato. También debe destacarse que, más allá del nitrógeno, pueden existir otros elementos que requieran un ajuste, como el fósforo, el azufre y el zinc.
"El nitrógeno es un nutriente de excelencia para las plantas, es el que más hace por su desarrollo radicular, por su rápido crecimiento, por el volumen de rendimiento y por el contenido proteico de sus granos", asegura el ingeniero agrónomo Alejandro Vollert, Country Manager de Yara Argentina.
En ese contexto, el propio Vollert señala que "después de una inundación tan persistente y extensa se debe hacer un análisis de los suelos afectados" con el objetivo de "monitorear en qué condiciones se encuentran y en función de ello planificar la estrategia de fertilización".
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