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Combinar las artes marciales y el empoderamiento en las empresas

AMBITO DE LA MUJER - Vanessa Pekerman lleva a las empresas un curso de motivación y defensa personal. La clave está en la prevención y no en la violencia.

Motivación y planificación son las dos herramientas que Vanessa Pekerman asegura heredó de su padre. Economista de profesión, comenzó su carrera como ejecutiva en varias grandes empresas pero en 2012 se lanzó sola aunando su pasión por las artes marciales y la necesidad de formar a mujeres en la prevención de riesgos en las calles.

Su técnica conjuga elementos de artes marciales con la motivación. Del arte milenario destaca la humildad, el cuidado, la gentileza además de las técnicas de defensa, por eso su programa propone un fuerte foco en la prevención.

Comenzó brindando clases en un hogar para chicas y luego montó una escuela de artes marciales a la que asisten chicas de todas las edades. “El arte marcial genera en las chicas una seguridad real que no tiene nada que ver con la violencia”, advierte. Pero dio un paso más allá y buscó llevar su programa a las mujeres en general y la manera de hacerlo fue mediante programas que ella misma brinda en las empresas.

Periodista: ¿Qué es Femme Power?

Vanessa Pekerman: Es un programa pensado para mujeres tomando un conjunto de herramientas psicológicas y físicas para evitar situaciones de riesgo. Usamos técnicas de las artes marciales y algunos mecanismos de defensa no agresivos, siempre pensando en salir de la situación de conflicto. El foco está puesto en la prevención y en el empoderamiento para sentirse más seguro. Es más que un curso de defensa personal

P.: ¿Cómo surge el programa?

P.: Hago artes marciales hace muchos años. Cuando como mujer empezás a desarrollar un sentimiento de igualdad en lo físico, comenzás a sentir que podes ir más allá y eso te levanta la autoestima. Sentir que podés es una herramienta de empoderamiento enorme, de confianza, de seguridad y eso busco transmitir.

P.: ¿Hay que tener saberes previos?

P.: No es necesario. La idea es que las mujeres puedan tener herramientas para poder cuidarse. Siempre les digo que es muy fácil ver la situación al revés y cuando mirás desde afuera -como si fueses el agresor- te das cuenta de que comentemos muchos errores, por lo que quedamos muy expuestas.

P.: De ahí la importancia de la prevención…

P.: La idea es que las mujeres se corran de la situación de vulnerabilidad. Por ejemplo, llevar la cartera cruzada es muy peligroso y pones en riesgo tu vida. Uno nunca sabe qué puede pasar en una situación difícil, por eso hay que tratar de concientizar que lo principal es salvaguardar tu integridad.

P: En tu curso decís que es 90% prevención, 5% reacción y 5% suerte... ¿no es peligrosa la reacción?

P.: Cuando hablamos de reacción, lo pensamos desde el punto de vista de la prevención. Si ves una situación, te levantás y te vas. Hay gente que puede leer la situación antes de que pase, pero es muy difícil. Por eso hay que hacer mucho hincapié en la prevención, incluso nosotros que entrenamos mucho, no estamos exentos.

P.: ¿Qué diferencia este taller de uno de defensa personal?

P.: Primero para entrenar defensa personal o un arte marcial hay que hacerlo toda la vida, por eso este taller hace foco en la prevención. Con los ejercicios que realizamos como "tirar goles" se desata una buena energía que son herramientas para la autoestima y el empoderamiento. Trabajamos técnicas de defensa pero lo que más ayuda es mejorar la actitud y la confianza.

P.: ¿Cómo comenzó la relación con las empresas?

P.: “Cada paso cuenta” es mi empresa en donde desarrollo programas para empresas con mucho foco en la motivación y eso lo heredé de mi papá. Trabajo en el ámbito de la salud y de la motivación, siempre haciendo una acción integral. Todos mis programas están muy orientados en ese sentido y es lo que buscan las compañías.

P.: ¿Qué piden las empresas?

P.: Tienen diferentes realidades. Muchas buscan programas que llamen la atención, que hagan ruido y después perduren dentro de la compañía. De a poco las empresas van incorporando programas a largo plazo.

P.: ¿Cómo es la reacción de los empleados?

P.: Es muy buena, usamos herramientas lúdicas y de impacto para abrir los ojos. El plus para la empresa es que el empleado se va empoderando, ese es el objetivo. Hay que entender que por prevenir uno no debe quedarse recluido, sino que hay que cambiar la actitud.

P.: ¿Dónde quedó la economista?

P.: Está en todo. La licenciatura en Economía es una carrera que da una visión muy amplia de las cosas. Todo se planifica, todo tiene un objetivo y ahí me diferencio de los que dan cursos de artes marciales, porque nosotros estamos acostumbrados a trabajar con planificación, objetivos y dinámicas que se adecuan a los enfoques de las compañías. Apuntamos a que el taller no sea pasar el momento sino que sea una experiencia dentro de la empresa.

karate

El otro yo

En el exterior Vanessa es conocida como “la hija colombiana de Pekerman”. Nació en Medellín cuando el padre jugaba en Independiente de Medellín y a sus 3 años la familia regresó a la Argentina. “Hoy soy colombiana y desde siempre me sentí colombiana”, sentencia y no hay duda. En sus redes sociales tiene la bandera amarilla, azul y roja y durante el Mundial de Rusia asistió a cada partido de la selección dirigida por su padre.

Pero el país del café es más que su lugar de nacimiento. En 2012, recién lanzada como emprendedora, un proyecto suyo fue seleccionado entre 4.000 para presentarse en la Cumbre de las Américas que se celebró ese año en Cartagena. El programa estaba relacionado con los podómetros que cuentan los pasos y su aplicación en empresas que tuvo gran aceptación. Ese proyecto marcó su regreso a Colombia ya que se acogió a la ley de repatriación por lo que recuperó la nacionalidad. “Fue una emoción enorme”, confiesa y comenta que vuelve una vez por año por trabajo y a visitar amigos. Sobre sus deseos futboleros, afirmó: “Me gustaría que mi papá vuelva a dirigir Colombia pero es difícil”.

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