Era un día como cualquier otro en la práctica de Barcelona. Los jugadores hacían los ejercicios con pelota hasta que un suceso cambió la rutina y llevó alegría al entrenamiento.
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Tres niños superaron la vigilancia de la custodia y se metieron en la cancha para conocer a sus ídolos que, lejos de asustarse, los recibieron con toda la alegría y felicidad del mundo.
Su objetivo era una firma de Lionel Messi, pero se llevaron mucho más que eso ya que todos los jugadores los rodearon, aplaudieron y alzaron. Hasta se pusieron a patear con ellos.
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