24 de abril 2002 - 00:00

AEROCARD: La sólida transacción estructurada que casi logró sobrevolar los turbulentos cielos argentinos (Segunda Parte)

La Calidad Crediticia Subyacente del Emisor Nunca fue la Principal Fortaleza
ARSA enfrentó múltiples desafíos desde su privatización. Un elevado nivel de endeudamiento, una relativamente baja escala operativa, elevados costos operativos y una intensa competencia, derivaron en un turbulento desempeño financiero. A modo de ejemplo, los costos operativos de la compañía eran estructuralmente mayores que los de la mayoría de las aerolíneas estadounidenses, como consecuencia de la baja duración promedio de los vuelos en el mercado local y regional, y del tamaño inapropiado de su flota para algunas de las rutas operadas (en particular las rutas de América del Norte y del Pacífico). Estos adversos factores, se sumaban a los desafíos que presentaba la altamente volátil economía argentina y los riesgos inherentes al mercado aéreo que incluyen la fluctuación del costo de combustible, un alto nivel de sindicalización, una elevada estacionalidad y un importante volumen de inversión requerido entre otros.

En Noviembre de 1990, momento de la privatización, ARSA heredó un nivel de endeudamiento relativamente elevado. Las recurrentes pérdidas operativas (exacerbadas por las importantes bajas de los precios de los pasajes en 1993, 1999 y 2000), elevados cargos financieros y los agresivos planes de inversión de la compañía (en particular durante los años 1998 y 1999) contrarrestaron los esfuerzos para reducir los niveles de deuda y derivaron en recurrentes déficits de patrimonio a pesar de los considerables aportes de capital (por casi US$ 2.000 millones) realizados por los accionistas desde el momento de la privatización hasta el cierre del ejercicio económico 2000. La confluencia de dichos elementos permite definir tres etapas diferentes en la historia de ARSA.

Los primeros años de la aerolínea de bandera: la privatización (1991-1994)

ARSA, la aerolínea de bandera argentina, fue privatizada en noviembre de 1990 fecha en que el Gobierno vendió por aproximadamente US$ 1.900 millones el 85% de participación a un consorcio liderado por Iberia con una participación del 30%, socios internacionales (19%), Austral (17%) y otros inversores argentinos (19%). El Gobierno Nacional y los empleados de la compañía mantuvieron participaciones del 5% y 10% respectivamente. Al momento de la privatización, ARSA recibió los derechos exclusivos para operar regularmente rutas internacionales y regionales (estas últimas incluyendo Brasil, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay), durante un período de 10 y 5 años respectivamente.

Durante esta etapa la aerolínea se focalizó principalmente en la reducción de personal, disminución que ascendió a un 34% a lo largo de este período. Un elevado nivel de endeudamiento que rondaba un promedio de deuda a capitalización del 76% proveniente de la privatización, las crecientes necesidades de capital de trabajo, los elevados costos de indemnización, y una importante disminución de la rentabilidad y el tráfico (en particular durante 1993), generaron pérdidas elevadas tanto a nivel operativo como final. Esto, a su vez, afectó sensiblemente la estructura de capital de la compañía. Cuatro importantes capitalizaciones llevadas a cabo durante este período, modificaron la estructura participativa en diversas oportunidades. No obstante, con la última capitalización del período, que abarcó un aporte de capital de US$ 500 millones, la participación de Iberia en ARSA retomó un porcentaje claramente mayoritario del 83,5%. La participación del gobierno se redujo nuevamente al 5% perdiendo su capacidad de veto en asuntos operativos.


Standard & Poor's publicará la tercer parte de este artículo el próximo martes 30 de Abril. Si desea la versión completa del mismo usted puede obtenerlo en nuestro Sitio Web www.standardandpoors.com.ar.

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