23 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Hace unos añitos, a poco de iniciarse lo que todavía se quería llamar «recesión» (cuando no, «corrección de crecimiento», cosmética que duraba desde el tequila y guarecida, además, con asiáticos y con Brasil), difundimos una ingeniosa descripción de lo que resulta una crisis y cuál es su desarrollo, su tiempo probable de realización en su ciclo. En una palabra, todo aquello que parece cuantificable (pero que no lo es, como buen derivado de actitudes humanas) y que montones de eruditos quieren siempre pronosticar, como para consagrarse el que la pegue. Si se hubiera realizado un minucioso archivo con todo lo que se vino diciendo y pronosticando desde el '97 hasta la fecha, desde el instante en que todo comenzó a paralizarse, pero que se anotaba como simple «recesión» pasajera, esto hubiera hecho sonrojar a unos cuantos de esos adivinos que se equivocan, pero aprovechan para barajar, dar de nuevo y seguir en el candelero. Claro, como tales archivos no se llevan, con las opiniones de tales y cuales, es el día de hoy que se continúan sumando opinadores, y la crisis no solamente se ríe de todos, sino que parece comer de esos conceptos: para agrandarse más... y más. Nosotros volvemos a la modestita descripción -para nada erudita-que había dado un olvidado presidente de MAC en los Estados Unidos, llamado Félix Rohatyn, y en ocasión de la no menos terrible declaración de «bancarrota», que debió anunciar la ciudad de Nueva York, en 1975. Lo homenajeamos al hombre, porque tuvo con esto un instante de brillo sin entrar en rebusques académicos...

Dijo, acerca de esto que vivimos, lo siguiente:
«Una crisis es como hacer el amor con un gorila. No parás cuando estás cansado, parás cuando el gorila está cansado». Simple, fácil de entender para cualquier bolsillo del caballero o cartera de la dama. Donde notamos, a diario, que desde hace tiempo estamos haciendo el amor con un gorila. La situación ya nos agobia, pero no hay caso, y no es voluntarismo político como tanto se pregonó por años (el asunto pasa por «el acuerdo político, no por lo económico...»). Bueno allí están, Duhalde y Alfonsín un solo corazón. Las bancadas mayoritarias mostrándose muy estrechas, en cuanta foto aparece. Pero no son los políticos, es el gorila, señora.

Una vez que uno abrió la jaula, que se puso a juguetear con la bestia porque parecía tan cariñosa. Cuando tomó confianza (para 1998), dio un par de manotazos, más agresivo y alterado. Desde el año 2000 pasamos a los hechos y a intimar con el gorila. Después, ya no lo pudo frenar más nadie. Esto se ha escapado de las manos, el que no quiera ver que andamos como hoja en el viento, solamente que recorra las novedades diarias de todo tipo. Los tartamudeos en el poder, con las manitos que le llegan de afuera, como esa «no hay que ayudar a los países en crisis», nos han dejado librados a la suerte que tengamos. ¿Cómo se traduce esto, a números y valuaciones? (Suponemos que habrá que preguntarle al gorila...).

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